DIOS NO ESPERA NI MERECE MENOS
DIOS NO ESPERA NI MERECE MENOS
Continuación de nuestra serie: VIVIENDO A LA ALTURA DE SU DIGNIDAD
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, está vez en 1 Tesalonicenses 2:12, en dónde leemos la Palabra de Dios para nosotros:
«Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria»
Os encargábamos. U, «os animamos», o «les rogamos, los alentamos y les insistimos» (Nueva Traducción Viviente). Pablo encarga, no usa su autoridad apostólica para mandar hacia la fidelidad sino que exhorta y hasta ruega. Lo que pasa es que está en juego la voluntariedad de todo creyente, es algo que el creyente hace por amor. El creyente ya tiene la capacidad de andar como es digno de Dios. Pero no significa que no tenga el carácter imperativo de parte de Dios. Todos los llamados de Dios, de parte de Dios, están de manera imperativa, Pablo ruega reconciliaos con Dios porque va de hombre a hombre, pero de parte de Dios es un mandato.
Que anduvieseis. Del griego peripatéo que es andar todo alrededor de, ocuparse, figurativamente es un estilo de vida.
Vemos en las Escrituras la continua labor de los apóstoles de capacitar y equiparar a los creyentes a efecto de que vivamos vidas dignas de los hijos del Padre Celestial (Cp.1 Pedro 4:1-3). Esto no ha cambiado, los apóstoles y profetas le entregaron la batuta a los evangelistas, pastores y maestros para esa ardua labor de exhortar a la piedad a los creyentes y estos también deben velar por sus ministros, a efecto de ser mutuamente confrontados por la fe que nos es común (Romanos 1:12, Cp. Efesios 4:16).
Es que, si se vive de otra manera que no sea en la dignidad de un cristiano, se deshonra a Dios, y hasta se da motivo para que su nombre sea blasfemado por los incrédulos, si, tristemente a Aquel a quien decidimos amar, bendecir y adorar, con nuestros actos podemos permitir que sea vituperado y blasfemado, porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros (Romanos 2:24).
Dice Pablo: Que os llamó. La salvación es iniciativa de Dios, fue Dios quien envío a su Hijo para que nos bendijese, fue el Hijo quien se entregó por nosotros, es el Espíritu Santo quien llama y nosotros tan solamente respondemos a esa muestra de amor, como está escrito: *Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación (…) (Hebreos 3:7-8, entre paréntesis añadido). Tiene una dignidad nuestro llamamiento y es a una dignidad que somos llamados, por lo tanto debemos comportarnos a la altura de esa dignidad, a la altura de la vocación o el llamamiento, a la altura del evangelio, a la altura del Señor, quien murió por nosotros, a la altura de Dios quien nos llamó, como quien dice: debemos hacer que valga la pena.
El llamamiento a la salvación, no es solamente a ser rescatados del infierno, es a ser partícipes de Su reino. Este reino es presidido por el Señor Jesucristo mismo (Mateo 4:17); es ofrecido a los pobres en espíritu (Mateo 5:3), no, no son los pobres materiales de dónde quedan excluidos los ricos materiales, es en espíritu, se refiere a aquellos que reconocen su bancarrota espiritual, los que reconocen que no tienen nada que ofrecerle a Dios y que tienen de todo para ganarse el aborrecimiento de Dios y, no obstante, Dios decide amarlos en Cristo Jesús; es tanto un reino que ya vino, en Cristo Jesús, pero que va a venir a asentarse y en dónde se hace la perfecta voluntad de Dios porque es de Dios (Mateo 6:10,13); es el que estamos predicando con la predicación del evangelio, o sea que Dios busca súbditos para su reino (Marcos 3:14; Cp. 1 Corintios 6:9-11); es un reino eminentemente espiritual, que no se basta en ritualismos como comida o bebida, es decir, centrado en ritos y comportamientos del cuerpo, porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17), en lo que verdaderamente consiste al tiempo presente este reino, es al ámbito eminentemente espiritual, a saber,
• Justicia. Se refiere a la imputación de la justicia de Cristo al pecador arrepentido por medio de la fe.
• Paz. Es el efecto de la justicia (Isaías 32:17; Salmo 85:10), la paz es el resultado de haber sido perdonado y justificado en Cristo (Romanos 5:1), porque ya no hay más guerra entre Dios y los hombres al haber sido quitado el pecado y la iniquidad en medio de ambos (Isaías 59:2);
• Y gozo. Es la expresión por las dos bendiciones anteriores, es un gozo que proviene de Dios por el perdón y la paz que tenemos con Dios, o sea, nos regocijamos en Él y en su salvación.
Ahora bien, es cierto que este reino no tiene que ver con lo material —comida y bebida— pero sí tiene efecto en lo material, Pablo nos sigue diciendo en Romanos 14:18: Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres; o sea que si tiene paz con Dios por el perdón de sus pecados, va a procurar tener paz con sus congéneres (v.19); no consiste en comida ni en bebida, pero aquel que es llamado al Reino va a cuidar de que su comida y bebida no vaya a servir de piedra de tropiezo para otros (vrs.20-21); si agrada a Dios va a ser aprobado por los hombres, pero tampoco significa que los hombres impíos lo amaran, porque muchas veces son burlas o persecuciones lo que se espera de ellos, más bien ellos serán beneficiados de nuestra conducta piadosa, según leemos en 1 Pedro 2:11-12: Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
Entonces, Pablo se refiere al reino presente de la gracia de Dios. Cuando los cristianos se convierten, son llamados al Reino de la gracia de Dios, el Reino de su Hijo Jesucristo (Colosenses 1:13).
Fuimos llamados a su reino y también a su gloria. Está gloria también la trajo el Señor Jesucristo (Juan 1:14) por la simple razón de que los pobres hijos de Adán están destituidos de ella (Romanos 3:23); pero en nuestro texto vemos que el Hijo nos introduce a esa gloria. El reino presente de la gracia culminará con el reino eterno de la gloria de Dios, en el cual entrarán los creyentes con gozo, poseyendo realmente esa ciudadanía cuando Jesús vuelva para congregarlos allí (Mateo 24:31). De manera que la amonestación a los tesalonicenses y a todos los creyentes es a vivir de acuerdo a la dignidad de Dios quien nos llamó a su reino y gloria, a vivir de acuerdo con las leyes de este glorioso reino (Filipenses 3:20-21), a que hagan que valga la pena todo lo que costó su llamamiento a ese Reino.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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