DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA – Parte 6

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DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, 6
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

Bendiciones queridos hermanos en Cristo Jesús, al retomar mis escritos y agradecer por la paciencia y espera de algunos pocos, les doy la bienvenida a este su rinconcito teológico, en donde meditamos la bendita y santa Palabra de Dios. Les invito a que avancemos al versículo 5 de Hechos 15, y leamos las Santas Palabras de Dios:

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

El contexto breve es que, al finalizar su primer viaje misionero, Pablo y Bernabé ministraban en Antioquia, según la secuencia del relato, pero mientras estaba ahí llegaron unos mensajeros provenientes de la iglesia en Jerusalén, que llevaban una doctrina completamente diferente, en cuanto a la salvación, en relación con la que había predicado la iglesia en sus escasos años de peregrinación a ese tiempo, pero era un tema viejo para los judíos, a saber, los prosélitos; y predicaban ahora que los creyentes gentiles debían circuncidarse y mandarles a que guarden la ley de Moisés (v. 5); pero no era nada más de una observancia como preferencia en las dietas, sino que lo elevaban a un carácter soteriológico, pues decían, no podéis ser salvos (v. 1).

Entendemos que Pablo y Bernabé los trataron de corregir en Antioquía —pareciera que esa era la forma de proceder, instruir y corregir a quien estuviera distorsionado en la Doctrina, Cp. Hechos 18:24-28, a partir de ahí se vería si es creyente genuino o es un falso hermano—, pero tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, entonces decidieron confirmar su mensaje —el de los mensajeros que salieron de Jerusalén, no el de Pablo y Bernabé—, con los apóstoles que estaban en Jerusalén.

Cuando llegaron a Jerusalén fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos de Jerusalén (v. 4). Por la estructura de este texto y el 6, pareciera que la expresión «fueron recibidos», significa que esta fue una reunión previa a la reunión en el concilio. La expresión fueron recibidos, nos da la idea de bienvenida y acogida, de reconocimiento oficial de parte de los apóstoles y apertura del informe que llevaban Pablo Bernabé y sus acompañantes, previo a la reunión del concilio. Si Gálatas 2:2 es un pasaje paralelo de este evento, entonces Pablo nos confirmaría esta reunión en privado. Estos que tenían «cierta reputación», no cabe duda que se refiere a los apóstoles, específicamente a Jacobo Cefas y Juan, que eran considerados como columnas de la iglesia en Jerusalén (v. 9).

Pero al parecer en esta reunión no solamente estuvieron los apóstoles y ancianos y algunos otros que, sin ser del colegio de apóstoles y ancianos, pero que tenían mucha influencia o, probablemente, algunos que eran de la secta de los fariseos, llegaron a ser ancianos y maestros, según leemos en el versículo 5. Lo cierto es que la secta de los fariseos ya tenía sus representantes en el liderazgo de la asamblea en Jerusalén o, al menos, personas de influencia.

La expresión «se levantaron diciendo» es una expresión figurada para decir que estas personas tomaron la palabra o intervinieron en la discusión o que hablaron con autoridad defendiendo su postura presentando sus argumentos, y esta era: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Vemos que ni los apóstoles, ni los ancianos y ni la iglesia en Jerusalén tenían esta forma de pensar, al principio, puesto que en Gálatas 2:3 leemos: Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; es decir, los apóstoles no exigieron tal cosa a Tito, como nos lo indica la Nueva Traducción Viviente: «Sin embargo, ellos me respaldaron y ni siquiera exigieron que mi compañero Tito se circuncidara, a pesar de que era griego»; o, la Traducción en Lenguaje Actual, «Ellos no obligaron a nadie a circuncidarse ni siquiera a Tito, que no era judío»; probablemente lo sugirieron estos de la secta de los fariseos o, más aún, presionaron y exigieron a los apóstoles lo hicieran con Tito, no sabemos si ya lo habían hecho con otros, pero ellos, al menos en ese momento, ante Pablo no accedieron y ni Pablo accedió a ellos según leemos: a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros (Gálatas 2:5).

¿Quiénes eran estos opositores que querían modificar el mensaje? Dice Lucas que eran «algunos de la secta de los fariseos que habían creído», pero Pablo dice que eran «falsos hermanos introducidos a escondidas» (Gálatas 2:4). ¿Cómo nosotros podemos conciliar tales pasajes? Lucas reconoce que habían creído; en tanto que Pablo señala su verdadera naturaleza de falsos hermanos. No hay contradicción en los pasajes, se complementan; mientras que Lucas nos dice que habían creído al menos, entendemos, externamente, pero no eran salvos genuinos y la mayor evidencia de ello era su deseo de querer corromper el evangelio de la gracia. Fue una conversión falsa y eso hizo que no perseverasen en la sana doctrina. No podemos descartar a verdaderos salvos qué probablemente habían sido engañados e influenciados por esos judaizantes. Es obvio que esta tarde o temprano debían de rectificar, un ejemplo de ello sería Pedro, que más adelante se contaminó, pero rectificó.

Está bien, no son salvos entonces, pero, ¿Por qué preocuparse de ellos en demasía? En ese caso en particular, porque podían pervertir el evangelio y si hubiesen accedido los apóstoles, hasta el día de hoy estaría contaminado el Evangelio, pues ese era el propósito que Pablo pudo leer en el proceder de ellos o se le reveló a Pablo, pues leemos Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo (Gálatas 1:6-7); y de haberlo logrado, nosotros lo hubiésemos recibido ya pervertido y lo hubiésemos predicado así, por eso dijo Pablo: «Ni por un momento cedimos a sujeción, para que la verdad del Evangelio se mantuviera integra en vosotros» (Biblia de Jerusalén); pero, gracias al Señor, Él ha preservado su Sana Doctrina, así como prometió que las puertas del Hades no prevalecerían en contra de la iglesia que había de edificar sobre el fundamento confesado por Pedro (Mateo 16:18), por cuanto esta iglesia es columna y baluarte o fundamento y defensora de la Verdad (1 Timoteo 3:15), por eso se habría de levantar a hombres fieles a Su mensaje para preservar puro el evangelio. De manera que el Señor preservó puro Su evangelio, lo hizo en Hechos 15, y lo ha hecho a lo largo de la historia de la iglesia, especialmente contra el catolicismo romano papista con su justificación de fe más obras de Condigno, y otras sectas judaizantes y lo seguirá haciendo.

No dudamos que el Señor estuvo involucrado para preservar sus buenas notificas de salvación a los hombres de manera pura, pero eso no quita la responsabilidad de la iglesia de ponerse del lado de Dios y su evangelio para defenderlo aun a costa de su menosprecio y aun de su vida misma.

Otro peligro con estos pseudádelphos (falso o mentirosos hermanos) es que podían contaminar a otros hermanos sinceros, de hecho, al parecer Jacobo, Cefas y, dijo Pablo, aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos (Gálatas 2:13, cp. V. 12), o sea que sí hubieron influenciados, y aun personas de renombre, por ese movimiento judaizante, a quienes reprendió Pablo, al menos de Pedro se quedó registrado cuando le resistió cara a cara (v. 11).

Otra pregunta, ¿cómo llegaron a tener tanta influencia estos fariseos introducidos a escondidas? Sería interesante averiguar esto, pero lo veremos en una próxima oportunidad cuando el Señor nos lo conceda.

Por el momento atendamos esto, estos fueron hombres fieles, hombres que se levantaron y presentaron defensa del evangelio, entre otros, por ejemplo, Pablo quien dijo más adelante: Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios (Hechos 20:24); años más adelante, Policarpo de Esmirna, discípulo del apóstol Juan, en el año 155 aproximadamente, dijo: «Llevo ochenta y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho; ¿Cómo podría blasfemar a mi Rey y Salvador?». No sé si Stanislao Marino se basó en las palabras de Policarpo al escribir su himno «Las cosas viejas pasaron», en el coro del mismo dice:

¿Por qué yo he de pagarle mal al qué me hizo tanto bien? ¡Oh, mi Señor, ¡ayúdame a serte fiel! ¿Por qué yo he de pagarle mal al qué me hizo tanto bien? ¡Oh, mi Jesús, ayúdame a serte fiel!».

Palabras que denotan valentía y fidelidad hasta la muerte, como evidencia de la perseverancia del cristiano. Siempre ha habido «siervos de Jesús, hombres de verdad» que se convierten en «guardas del deber» y _»fieles en la lid», a decir del himno de Willian F. Sherwin. ¿Y usted y yo? ¿Nos pondremos al frente de batalla con la verdad como estandarte, para defender la verdad, aun con nuestra vida misma? ¿O seremos como aquellos varones de Israel que veían a Goliat, que blasfemaba contra el Jehová de los ejércitos y huían de su presencia, y tenían gran temor, probablemente también Saul? «nuestro capitán es ya vencedor» y nos espera en la línea de batalla.

Continuará, Dios mediante

Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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