DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA – Parte 3
DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, 3
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Con este otro pasaje que invita a la alabanza y la adoración por lo que Dios es y ha hecho, les doy la bienvenida a este su humilde espacio de meditación de la Palabra de Dios.
Y, para no olvidar el pasaje bíblico que relata un aspecto más en la vida del hijo de consolación, volvamos a leer en Hechos 15:2, en donde leemos:
Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.
El contexto es que salieron unos de la iglesia de Jerusalén (v. 1), sin la anuencia de los apóstoles ni la iglesia (v. 24), la mayoría o todos ellos tal vez, eran de la secta de los fariseos (v. 5) conversos a la nueva fe, el cristianismo, y que eran celosos y rigurosos en la ley de Moisés, y que predicaban algo que los apóstoles en estos escasos diecisiete años aproximadamente, de predicación no habían predicado, ni entre los judíos y ni entre los gentiles, estos falsos maestros decían: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos (v. 1), pero no era solamente la circuncisión sino los demás ritos de Moisés (v. 5).
Esto era peligroso, porque estaban poniendo obras a la salvación y, cómo definiría Pablo cinco años más tarde, aproximadamente (abro paréntesis, considerando que el concilio en Jerusalén pudo haberse celebrado entre el año 49-50 y la fecha de la redacción de la epístola a los Gálatas la sitúan algunos entre 49-55, cierro paréntesis), este mensaje es descrito como «un evangelio diferente», «la perversión del evangelio», «otro evangelio» y aclara: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo; y aún más, sentencia Pablo: Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (Gálatas 1:6-8).
Esta actitud de Pablo y Bernabé de tener una discusión y contienda no pequeña con ellos, fue de valientes, fue en el momento oportuno pues al ser parcos en sus palabras y acciones en contra de esta herejía que recién se levantaba en los inicios de la iglesia, se hubiese podrido todo y hasta hoy tuviésemos ese evangelio distorsionado y seríamos anatema al predicarlo (Gálatas 2:5).
Aunque Satanás siguió insistiendo en meterlo a la iglesia y entre los papistas lo logró, pues en el concilio de Trento, que elaboraron como una contrarreforma, lo establecieron como dogma y, a través de la Roma papista, satanás la quiere seguir perpetuando en la iglesia para seguir engañando a más personas. Sobre la justificación, el magisterio católico romano papista en dicho concilio, en los Canones 12, 13 y 14 declaró:
12: «Si alguno dijere que la fe justificante no es otra cosa que la confianza en la misericordia divina que perdona los pecados por Cristo, o que esta confianza es la única por la que somos justificados, sea anatema.»
13: «Si alguno dijere que es necesario para obtener la remisión de los pecados que cada persona crea con certeza y sin ninguna duda que sus pecados le han sido perdonados y remitidos, sea anatema.»
14: «Si alguno dijere que el hombre es absuelto de sus pecados y justificado solo porque cree con certeza que ha sido absuelto y justificado, o que nadie es verdaderamente justificado si no cree que lo está, y que solo por esta fe se alcanza la absolución y la justificación, sea anatema.»
Note que, contrario a Pablo, estos anatemizan a los que creemos la justificación por la fe, a los que dependemos única y exclusivamente en la obra expiatoria que el Señor Jesús obró en favor nuestro, conforme a hebreos 9:26; 10:12 y más referencias. Pablo anatemizaba a quien predicara que es necesario añadir obras a la fe para salvarse y estos, herejes, anatemizan, pero a quien cree como Pablo.
Pero Dios preserva su palabra levantada a hombres celosos de la sana doctrina y estos hombres fueron valientes al ponerse al frente de batalla para defender la justificación que es por gracia, por medio de la fe (Efesios 2:8), sin la necesidad de las obras de la ley u otra obra para justificarnos ante Dios, entre otros, allá en el siglo primero, nuestro dúo dinámico, nuestros hermanos, los insignes Pablo y, el hijo de consolación, Bernabé.
Pablo escribió en Romanos 3:20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Note dos verdades aquí, tanto la imposibilidad de la ley, como la funcionalidad de la ley. En cuanto a la justificación por las obras de la ley, las Escrituras son claras en afirmar que no pueden justificar. ¿Eso la hace inservible? Para nada o, como la clásica frase de Pablo, en ninguna manera, pues en cuanto a su función nos dice que a través de ella es el conocimiento del pecado. Pero esta imposibilidad de la ley no es porque ella es imperfecta, sino por la imperfección del hombre, por la imposibilidad del hombre de cumplirla, como está escrito: Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas (Gálatas 3:10). Note el énfasis del texto, dice que Cristo nos redimido de la maldición de la ley, pero la maldición no recae en la ley sino en la declaración de la misma ley, que es maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en la ley, la conclusión es clara, es necesario permanecer todos los días, en todas las cosas escritas en la ley, y si viola un solo mandamiento se hace responsable de todo el mandamiento (Santiago 2:10).
Entonces, la ley nos dicta nuestro deber ser ante él Dios justo, nos dicta nuestro fallo y nos señala a Quien sí puede limpiarnos, como dijo Juan el bautizado: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1:29); y, se cumple su propósito, De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe (Gálatas 3:24).
Si ni las obras de la ley, que son el reflejo del carácter perfecto de Dios, un sistema dado por Dios, si esto nos puede perdonar ni justificar, cuánto más lo hará cualquier otra obra.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
