DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA – Parte 2

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DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, 2
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

¡Gracias a Dios por su don inefable! (2 Corintios 9:15)), con este pasaje que nos invita a la gratitud les doy la bienvenida, mis queridos caminantes, a una meditación más de la Palabra de Dios. Volvamos a abrir nuestras Escrituras en Hechos 15:2 en donde leemos:

Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.

Pablo y Bernabé estaban defendiendo la justificación por fe sin necesidad de las obras de justicia, en ese momento de ser declarados justos, porque después sí se requieren de obras para la justificación, me comprometo a explicar esa aparente contradicción, más adelante. Las obras, en ese momento, se refiere a obedecer la ley de Moisés y, más ampliamente, las Escrituras también hablan de cualquier obra que pudiésemos hacer.

Esta doctrina, que es cardinal en el cristianismo verdadero, se quedó perdida con el tiempo y más cuando los líderes religiosos se asociaron al imperio romano y crearon el catolicismo papal, a no ser por un remanente que la siguió predicando, los más famosos John Wyckliffe (1338-1384); Jan Hus (1369-1425); Pedro Valdo (1140-1205), que son los llamados pre reformadores; pero, no cabe duda, el Señor siempre tuvo «unas pocas personas» que no mancharon sus vestiduras en todo ese tiempo (Cp. Apocalipsis 3:4).

Pero fueron los Reformadores quienes rescataron la doctrina y la resumieron con la expresión sola fide, por eso se ha hablado de un regreso a la verdadera catolicidad, un regreso a las fuentes. La palabra latina sola significa «solamente», «solo» o «únicamente» y enfatiza la exclusividad de aquello a lo que se refiere, en este caso la fe. Con esa expresión ellos resumían esta doctrina cardinal —del latin cardinalis que significa principal o fundamental— de la justificación por gracia, la justificación por la fe o por medio de la fe ante Dios.

Es una doctrina que es tan importante entenderla porque es una característica que separa el evangelio de Dios, el verdadero, el bíblico con el falso evangelio (Gálatas 1:9); por lo cual es un asunto de vida o muerte, de condenación o salvación.

Notamos que es una doctrina que está resguardada en las Escrituras bajo el anatema de Dios a quien predique un evangelio diferente (Gálatas 1:9), so pena de quedar bajo el juicio de la ira de Dios, como está escrito Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (Romanos 1:18), Lo que he denominado, un pecado de lesa humanidad.

La pregunta es ¿Cómo declara Dios a los seres humanos justificados o inocentes? ¿Es solo por la fe o es por la fe, pero en cooperación del hombre con sus obras? El apóstol Pablo da respuesta a esta pregunta en todas sus epístolas, especialmente y muy ampliamente, en las epístolas a los Romanos y a los Gálatas, sin perjuicio de que es una sincronía en todas las Sagradas Escrituras.

El catolicismo romano papista, contrario a las enseñanzas de Pablo, tiene una enseñanza que se llama El Tesoro de Méritos o también Tesoro de la Iglesia y se refiere a la acumulación de méritos espirituales obtenidos por Cristo, la virgen María y los santos. Este tesoro es administrado por el papa quien la otorga, especialmente, en la concesión de indulgencias. El papa puede imputar o aplicar esas obras meritorias a los fieles para reducir o eliminar la pena temporal que queda después de que sus pecados han sido perdonados en la confesión. Esto se realiza a través de las indulgencias, que pueden ser parciales o plenarias (totales). Por ejemplo, a la santa Juanita, ella necesitaba cincuenta obras —las obras de condigno— para salir del purgatorio y ella hizo cien obras buenas, entonces esas cincuenta restantes se las deja a la iglesia para que ella las administre y se la impute a otras personas; y la manera que se imputa estas obras de condigno que dejó la santa Juanita a otro pecador qué no llega a ellas obras qué necesitan para salir del purgatorio es a través de… le atinó, pagando dinero o con posesiones. Bien decían los reformadores «el purgatorio es un método recaudatorion»

El abuso de esto, entre otras cosas, hizo que el Monge agustino alemán, Martín Lutero, peleara por la renovación dentro de la iglesia, porque esta mentira del diablo los llevó a otros pecados como la simonía y la megalomanía especialmente del papa y sus allegados.

Ahora bien, importa lo que dicen las Escrituras. En ellas se identifican dos tipos de justicia las que Pablo hace mención en Romanos 10:3, a saber, a) «La Justicia de Dios»; y, b) La suya propia. Explica Pablo que los judíos estaban ignorando la justicia de Dios, esta ignorancia deviene por «falta de información o por negligencia», según el vocablo griego agnoe (Biblia Yahveh); a esto los llevó el seguir sus tradiciones y apartarse de la Palabra de Dios o por oír la poca palabra de Dios acompañada con fe; y, en base a esa ignorancia, procuraron establecer la suya propia. De estas Pablo hablo en Tito 3:15, que son «obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho» o sea que no son solamente las obras de la liturgia de la ley sino todo tipo de obras y, por su lado, el profeta Isaías las denominó «nuestras justicias» y nos las compara con «trapo de inmundicia». Es interesante el significado del símil, porque denota algo desagradable, vergonzoso, algo de lo que nadie está orgulloso; la expresión en hebreo para trapo es de que literalmente significa «flujo menstrual».

Este calificativo de las obras del hombre es en conformidad con la naturaleza del hombre, el profeta mismo ha dicho: «somos como suciedad», la palabra hebrea es Tame que es suciedad, contaminado, impuro, menstruo, suciedad.

Es decir, todo lo que produce un impuro es impuro, como escribió Pablo en
Tito 1:15 Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Isaías ya ha dicho: Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida
llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite (Isaías 1:6).

Un ejemplo, imagínese que tenemos a un pobre hombre enfermo de lepra u otra enfermedad que consista en que se le pudre la piel al individuo, y lo queremos dignificar vistiéndolo de las ropas más caras y finas que encontremos, entonces se las compramos y se las colocamos; pero pronto nos damos cuenta que le hicimos daño porque la ropa fina y, «carisma por cierto», se le pegó a la piel por el agua que destila de su carne podrida y hedionda, entonces mejor decidimos quitarle esas prendas. Pero tirar tanto dinero a la basura sería una lástima, un desperdicio, entonces decidimos no desecharlas y aprovecharlas, pero, la pregunta es, ¿quién de todos los benefactores las usaría? Yo no, ¿y usted? Y Dios que es Santo no le satisfarían esas obras que hombres inmundos lleguen a hacer y si son hechas conforme a su naturaleza así serán las obras. Solo toca el hombre una obra, filantrópica sin quiere, pero solo al tocarla la manchó. No significa que deja de ser obra buena y que beneficie a los beneficiados, pero no son suficientes para perdonar ni un solo pecado.

Al volver a nuestro texto de Romanos, el procurar o buscar, es un hebraísmo que significa adorar a Dios. Entonces, al ignorar lo que Dios ha hecho o puede hacer en favor de ellos a fin de ser presentados inocentes, se asignaron una forma de agradar, acercarse a Dios y adorar a Dios, se inventaron una justicia, la suya propia, para así vivir su enemistad con Dios sin temor al castigo.

Bien podríamos definir la justicia propia como todo aquello que el hombre puede o pretende hacer con tal de justificarse o presentarse inocente ante Dios, a fin de ser acepto a Él. Todo parece bonito y acorde a la naturaleza competitiva del hombre, pero también conforme a la naturaleza orgullosa del hombre, porque si la justificación es por las obras, el hombre tiene de que gloriarse, pero no para con Dios (cp. Romanos 4:2 con 1 Corintios 1:30-31).

Y la justicia de Dios, entonces, se refiere a todo aquello que Dios ha hecho, en Cristo, a favor del hombre, a fin de que el hombre sea presentado justo o sin culpa ante Él, o sea que todo se centra en el Señor, eso y más es lo que se resume en aquella frase vetero testamentaria que la salvación es del Señor (Jonás 2:9).

Paúl Washer afirma, lo parafraseo, “en el mundo, el día de hoy y a través de la historia del hombre, solamente hay dos religiones; hay una religión de gracia y la otra es de obras». A tenor de esto es que muchas religiones y sectas enseñan a las personas qué obras deben hacer para ser salvos, aunque ni ellos mismos saben cuántas. Pero solamente el Señor, a través de la Biblia, con la predicación Su evangelio, enseña a los hombres: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9), dice que es por el don gratuito de Dios, que Él es quien justifica, que Él es quien redime y todo por la propiciación que el Señor hizo, pero que fue Él mismo quien lo colocó a quien Dios puso como propiciación, dice Pablo en Romanos 3:25, comparece 21 al 26.

Si la salvación fuese por obras, la salvación sería dada como un salario y ya no sería por gracia, como está escrito: Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia (Romanos 4:4-5), pero al que cree se le imputa su culpabilidad y maldición a Cristo, quien se hizo pecado y maldición por nosotros (Gálatas 3:13; 2 Corintios 5:21); y al culpable se le imputa la justicia o inocencia de Cristo, por su fe en Cristo (cp. Romanos 4:5; 5:8; Gálatas 3:6-11).

De verdad, ¡Gracias a Dios por su don inefable! ¡_Soli Deo Gloria!

Continuará, Dios mediante.

Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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