DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA – Parte 13
DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, PARTE 13
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, queridos caminantes, sean bienvenidos a este su rinconcito espiritual en donde meditamos la palabra de Dios, no nos olvidemos que Hechos 15:5, con ocasión del cual, nos hemos mantenido ocupados considerando a los antagonistas de los apóstoles en el concilio de Jerusalén, su origen, ciertas creencias y en lo que se convirtieron.
Esta vez quiero averiguar cuáles fueron las posibles causas por las que los fariseos llegaron a tener gran influencia en la asamblea en Jerusalén. Insisto, no hay un pasaje explícito en donde nos indique cómo es que llegaron a tal grado, pero a partir de conocer un poco sobre ellos, su forma de pensar y más, podemos hacer una conjetura al respecto, pero es eso, una conjetura.
Ya nos hemos puesto de acuerdo en que ser fariseo per se no lo hace indigno de la vida eterna y que automáticamente no pueda ser salvo. Hubieron muchos fariseos que fueron alcanzados por la gracia de Dios, pero estos siguieron a Cristo y su doctrina; pero lo que hace particularmente llamativo de estos contertulios es que su actuar siempre fue como fariseos y no como cristianos; dice el texto que creyeron, ósea que manifestaron reconocer al Señor Jesús como Maestro venido de Dios (cp. Juan 3:2), como el Mesías, aceptaron su evangelio pero se rehusaron a admitir que los ritos judíos no podían traer justificación (cp. Romanos 3:20) por lo que mandaban a los creyentes de origen gentil a circuncidarse y observar las demás costumbres de la ley de Moisés y esto con efectos soteriológicos, pues «no podéis ser salvos», decían.
Enseñarlo en Jerusalén o cualquier otra iglesia, ya estaba mal, pero quisieron trasladarse a otras sedes más, para seguir promoviendo sus falsas enseñanzas de manera universal. No sabemos si ya habían ido a otras asambleas circunvecinas y si todas las iglesias de Judea pensaban lo mismo. Al menos sabemos que su sede era en Jerusalén, en donde estaban los apóstoles, ¡ahí estaban los apóstoles! Pero llegaron a la región de Antioquía en donde estaban ministrando el hijo de consolación y Pablo.
Esto muestra que los fariseos llegaron a tener influencia en la iglesia de Jerusalén porque algunos de ellos, tras convertirse al cristianismo, aún mantenían sus creencias y costumbres judías muy arraigadas, Lucas dice que habían creído, aunque Pablo señala en Gálatas 2:4 y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, los llama falsos hermanos y espías, que entraban «como centinelas, para inspeccionar insidiosamente», según la literalidad del vocablo griego para espiar kataskope. No cabe duda, entonces, que no eran creyentes.
Pero, ¿cómo es que llegaron a tener esa influencia? Veamos algunas posibles causas que contribuyeron a esto:
1. Fueron una secta muy influyente dentro del judaísmo.
Ya reconocimos que, dentro de la ortodoxa judía, los fariseos fueron quienes mayormente dirigentes religiosos aportaron a la comunidad religiosa de su momento, fueron personajes de mayor influencia, digamos que los teólogos más prominentes de la época militaban en la secta de los fariseos. Hillel y Shamai, en su historia; Nicodemo, Gamaliel y Saulo de Tarso, según la biblia; a juzgar por pasajes como Marcos 15:43; Lucas 23:50-51; Juan 19:38-39, muy probablemente José de Arimatea «miembro noble del concilio», haya militado en las filas de los fariseos.
Eran muy conocidos por su devoción a la ley de Moisés y sus tradiciones y por eso fueron un grupo religioso muy respetado y con gran autoridad en el pueblo judío, no es fácil dudar, entonces, que muchos los siguieran viendo como modelos de espiritualidad. Entiendo que el Señor Jesús ya los había descubierto y por eso incluimos una sección a eso entre este estudio, pero eso lo hizo el Señor que conoce el corazón de los hombres, pero ellos tenían reputación entre el pueblo.
2. La composición de la iglesia en el primer siglo incluía a fariseos.
La iglesia en sus inicios fue mayoritariamente judía y minoritariamente gentil, caso contrario a los años posteriores, y dentro de esos muchos cristianos de origen judío, muchos, sean líderes o feligreses, concordaban con el fariseísmo.
3. Los creyentes judíos siguieron observando ritos propios del judaísmo.
En el libro de los Hechos vemos a Pablo corcuncidando a Timoteo (Hechos 16:3); también a Pablo rapándose porque tenía hecho voto, es muy probable que el voto era del nazareato, que se consagraba a Dios en agradecimiento y, entre otras cosas, no se cortaba el cabello y, cuando terminaba el voto, se rapaba a la puerta del tabernáculo, en el tiempo de Pablo lo llevaba al templo y lo quemaban ahí (cp. Números 6:1, 18); y vemos a cuatro judíos también Hechos 21:24 cumpliendo el voto junto con Pablo, y esto por motivación de los mismos hermanos y anuencia misma de Pablo, el que escribió que por las obras de la ley nadie puede ser justificado; aunque su motivación no era la justificación ante Dios, sino la manifestación externa de una dedicación interna al Señor
No sabemos por qué exactamente lo hizo Pablo, si porque estaba agradecido con Dios y lo manifestó ante sus conciudadanos de manera visible como solían hacerlo, eso es lo que se llama «acción de gracias», acción es un acto o hecho, movimiento o funcionamiento, sería una expresión de gratitud, algo visible que demuestra agradecimiento. O también pudo haber estado aplicando su principio de «a todos me he hecho de todo» (1 Corintios 9:22) con tal de ganarlos a Cristo y por lo tanto actuaba como actuaban los judíos y el cumplimiento de este voto demostraría a los judíos que no menospreciaba la ley y ni enseñaba a otros judíos a «apostar de Moisés», como eran las acusaciones contra él (Hechos 21:21-25). Ojo, la aplicación de este principio de Pablo no significaba que Pablo comprometía su fe, que era ecumenico, que era pragmático, ecléctico u otro, puesto que actuar así traería desastre al evangelio y a ninguno ganaría para Cristo, como ha quedado demostrado con la formación del catolicismo romano y a través de su historia.
Un dato que nos señalan los señores adventistas es que Pablo frecuentaba la sinagoga en el séptimo día, aunque Pablo lo hacía por estrategia, era el día en que la mayoría de judíos estarían presentes y Pablo al predicar decía «al judío primeramente y también al griego»; a los judíos, por compartir las mismas Escrituras, los podía convencer más fácilmente y, además, muchos judíos tenían esclavos y una vez convertidos llevarían su fe con sus demás compañeros y esclavos. Pero sí, vemos ese dato de Pablo visitando la sinagoga un séptimo día, vemos que no tenía escrúpulos en visitarles y predicarles el evangelio, pero sin descuidar la observancia del primer día de la semana, no debemos olvidarnos de eso (Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2).
Pero note en Hechos 21:25, los mismos hermanos de origen judío, los que motivaron a Pablo y a cuatro varones a cumplir su voto, reconocen: Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación, o sé que los creyentes judíos podían seguirlo haciendo, no así con los hermanos de la gentilidad.
Entonces es probable que se confundieran en ello y, estos fariseos, querían que alcanzarán esas observancias a los hermanos de origen gentil, aunque su lenguaje no era de simple observancia como el etos de su nacionalidad, sino para ser salvos.
4. Algunos creían que el cristianismo era una extensión o continuación del judaísmo.
Las palabras del Señor Jesús No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir (Mateo 5:17), pudo haber causado que considerarán que la iglesia es la continuación de Israel. Pero eso lo que nos indica es que el Señor le da validez a las Escrituras del Antiguo Testamento y que viene a cumplir esa ley, que puede referirse a la obediencia completa, al cumplimento de las profecías mesiánicas y a darle su verdadero significado, que esas tres cosas hizo el Señor. Pero al haber dicho que no eliminaba la ley, sino que la cumplía, por eso, podían insistir en que los gentiles también debían circuncidarse y obedecer la ley de Moisés.
Pero en Romanos 10:4 leemos: porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree y en Gálatas 3:13 dice que Cristo nos redimido de la maldición de la ley y que su justicia nos es imputada a nosotros (2 Corintios 5:18). Aunque es necesario reconocer que fue un desarrollo que Pablo hizo más adelante para que quedara por escrito, pero la enseñanza oral, no cabe duda, ya estaba.
5. Por su participación en la toma de decisiones.
No sabemos si Hechos 15 fue la primera vez que participaban o si anteriormente ya habían participado en debates teológicos, pero en Hechos 15 sí los vemos muy activos, sobre como debían de vivir los cristianos. Hay algunos que sugieren con la expresión «se levantaron diciendo» de Hechos 15:5, ven ahí que muy probablemente ellos hayan sido quienes promovieron el concilio; también es probable, nada más. Pero si nos parece sugerir el texto que participaron los apóstoles ancianos y probablemente laicos, pues leemos «con toda la iglesia» (v 22).
Claro que no se debe de dejar a la iglesia fuera, las decisiones importantes no se deben tomar por unos pocos, sino que debe ser el acuerdo general de toda la congregación, pero de ahí a que líderes neófitos o hasta inconversos tomen participación en la dirección de la asamblea, eso es otra cosa.
Al ir finalizando, quiero sacar una aplicación para nosotros el día de hoy. Se han dado muchas conversiones de personas prominentes en alguna religión, por ejemplo, de sacerdotes, catesistas o teólogos católicos romanos, o similares, o provenientes de alguna otra secta; pero no es prudente ponerlos inmediatamente en el ministerio; inclusive personas que vengan de alguna denominación cristiana, es probable que sí sean creyentes genuinos, pero su sesgo doctrinal puede salir a relucir en algún momento y confundirse ellos mismos o confundir a otros y causar división en nuestra asamblea. El doctor Francisco Lacueva, según su testimonio, tuvo una crisis de fe que hasta coqueteó con el gnosticismo ateo, pero en esa decepción del romanismo papista mariano, perteneciente aun a la curia romana, tuvo comunicación con Samuel Villa, quien le hace llegar una misiva explicándole su necesidad, no de cambio de institución, sino de su conversión a Dios.
Y ahí inició su sed de Dios. En ese va y ven de correspondencia, el Dr. Lacuaeva afirma: «En poco más de un año me leí dos veces casi toda la Biblia y 9 o 10 veces el Nuevo Testamento, los frutos de toda esta lectura reposada no se hicieron esperar, aunque lentamente porque la mentalidad de un cura no se cambia en un mes, ni siquiera en un año»; luego de convertido, los siguientes 4 años los denomina «un camino lleno de amargura», pues afirma: «Cuando un cura, tocado por la gracia de Dios, ha salido de la iglesia de Roma, necesita un cuidado especial por parte de los líderes evangélicos con quienes se puso en contacto, no es lícito ni prudente hacerle preguntas indiscretas y sospechar que tenga segundas intenciones de abandonar el estado clerical, tampoco se le puede poner de inmediato a trabajar en un determinado ministerio, sino que antes debe prepararse concienzudamente mediante oración y el estudio de la Palabra de Dios» (el subrayado es mío para dar énfasis a lo que estamos tratando); también afirma Lacueva que entre las tres causas que le hicieron difícil su traslado, señala: el haber salido de España pronto sin tomar en cuenta su edad u la diferencia sociocultural, también las cartas anónimas de católicos y de prelados llenas de insultos y también, cito textualmente, «fui levantado a la obra demasiado pronto empleando casi todo el tiempo en dar, cuando debería haber estado recibiendo». Gracias al Señor se confirmó como todo genuino nacido de nuevo y partió con el Señor en 2005.
Mi punto es que todo recién convertido debe asimilar su traslado, recibir discipulado, madurar y luego, si Dios lo ha llamado al ministerio, claro que puede y debe ejercerlo. No estoy afirmando que debe quedarse encerrado y mudo, claro que puede testificar de su fe con otros, preguntar, pero enseñar y estar encargado de alguna obra o de influencia en la asamblea, no es ni sabio y ni prudente, él también, con toda su preparación y doctorado en su religión, al ser recién convertido se puede considerar un neófito (1 Timoteo 3:7). El ejemplo de estos fariseos que llegaron a tener mucha influencia, a tal punto de que pusieron en peligro la sana doctrina, nos debe bastar.
En cuanto a este concilio la postura de estos fariseos infiltrados tuvo que ser confrontada y quienes tomaron la palabra fueron los apóstoles Pedro y Pablo; el hijo de consolación, nuestro personaje; y el siervo del Señor, Jacobo o Santiago. Pedro, Bernabé y Pablo, se basaron en la experiencia al entregar el mensaje y el respaldo del Espíritu Santo al sellar y llenar a los recién convertidos; Jacobo en la experiencia de las conversiones de los gentiles y aplica la Palabra de Dios (v. 16-18); y con esto enfatizaron el mensaje evangélico y solamente emiten resolución en cuanto a la conducta de los conversos de origen gentil, es que si es necesario que se regule la conducta de los cristianos como embajadores en nombre de Cristo, no es cierto que en la dispensación de la ley no había gracia, como error es afirmar que en la dispensación de la gracia no hay ley, Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien, dice el cuerpo de la carta que escribieron a los hermanos que están en Antioquia, en Siria y en Cilicia (Hechos 15:28-29).
Por cierto, es el único concilio registrado en la Biblia y el único de quien el Espíritu Santo mismo auténtica la afirmación apostólica de que fueron asistidos por el Espíritu Santo en la toma de decisiones, y de los demás concilios no se dice nada en este respecto.
De la toma de decisiones en nuestras asambleas, sabemos que gozamos del respaldo del Señor cuando es ajustada a la Palabra de Dios (Mateo 18:19-20) y ese debe ser nuestro temor. No se olvide que la única que goza de la categoría de theopneustos o inspirado o soplado por Dios, es las Escrituras, y ni la tradición, ni los concilios y ni mucho menos hombre alguno, llámese papa, magisterio u otro, porque por más que lo repitan nunca se va a volver cierto. Nuestro mayor temor debe ser perseverar en la Doctrina de los apóstoles y apegarnos lo más que podamos a ella.
Continuará, Dios mediante.
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
