Darnos un cuerpo glorificado el dia de la glorificación

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DARNOS UN CUERPO GLORIFICADO, EL DÍA DE LA GLORIFICACIÓN
Continuación de nuestra serie: COSAS QUE AGRADARON A DIOS

Al ir finalizando nuestra entrega, nos corresponde considerar la séptima cosa que le agrado a Dios hacer. Leemos en las Sagradas Escrituras:

pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo (1 Corintios 15:38).

El apóstol Pablo, en este nuestro texto, vuelve a hacer uso del símil del cuerpo para enseñarnos sobre la resurrección del cuerpo. Es interesante ver como toda semilla, la diminuta semilla, tiene la potencialidad de que cuando se desarrolla tendrá algo grande. En las miles de semillas que hay vemos un milagro en la naturaleza, no de la naturaleza, porque todo proviene de Dios, el Autor y sustentador de toda vida. Al resurgir esa semilla produce algo hermoso, grande y fructífero, más allá de lo que la semilla misma es. Pero el símil es aplicable al cuerpo que habrá de resucitar, sea del creyente o del impío. A ambos cuerpos, el Señor los capacitará para lo que les venga en la eternidad. Los impíos tendrán un cuerpo adecuado, que llevará las marcas de su condenación y para soportar su condenación; pero el creyente tendrá tambien un cuerpo propicio para su dicha y regocijo sempiterno con Cristo (Cp. Daniel 12:2).

El apóstol nos sigue enseñando sobre el cuerpo del creyente: Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual (1 Corintios 15:42-44); en Daniel 12:3 se nos dice que Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad; Pablo, otra vez, nos dice en Filipenses 3:21 que será un cuerpo transformado, no de humillación como la marca del que llevamos ahora, sino uno para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya; o sea que será un cuerpo con cambios radicales, aunque conservará su identidad original (1 Corintios 15:35-50).

Pero no debemos olvidar que esta gracia será solamente por la gracia de Dios en Cristo, pues El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (1 Corintios 15:45-47). En Romanos 7:24 Pablo hace un grito de desesperación y de hastío, que a su vez es un grito de todo creyente, evidenciando en su anhelo su salvación, dice: ¡Miserable de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?*. Porque, al momento de escribir, Pablo tiene un cuerpo de humillación, que lleva el sello de Adán, un cuerpo de corrupción, vendido al pecado. Es que, debemos entender, que hay una parte en el redimido que no ha sido redimida aún y que es necesario que sea redimida, en el día de la Redención, esto es, a saber, nuestro cuerpo. Pero quien hará este toque final será el Señor Jesucristo. Es un cuerpo que es débil al pecado, en donde este ha encontrado un reposorio para el mal. El pecado ya no debe reinar en nosotros (Romanos 6:12) pero es debil al pecado y de ahí viene el concepto de la ‘carne’ que no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede (Romanos 8:7). Pero, nos dice Pablo, en cuanto a la liberación de ese cuerpo de muerte, de humillación, de corrupción y de vergüenza, en Romanos 7:25: *Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. El nos dará la victoria final de nuestro cuerpo.

Pero esto no es en la muerte, dice el himnologo: «más no es la muerte que espero Señor, la tumba mi meta no es. Tu pronta venida en tu tierno amor, esperando mi alma hoy está»; lo que más anhela el creyente es la glorificación, que es por lo que gemimos —y la naturaleza hace lo mismo—, como está escrito: y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8:23).

¡Ah! ¡Bendito Padre Celestial quien señaló ese bendito día! ¡Bendito Jesús quien hizo todo esto posible! ¡Bendito Espíritu Santo Quien nos señaló nuestro pecado y a nuestro Salvador! ¡Bendita Trinidad, quien hizo su bendito plan de salvación!

Caro caminante, alce sus ojos al cielo y adore al que es Santo, Santo, Santo. Por lo que es, lo que ha hecho y por lo que hará, porque, si está en Cristo, todo será de bendición. Dese cuenta, caro hermano, que es más lo que nos espera adelante, de lo que hemos dejado y tenemos en el presente. La mejor forma de vivir a la expectativa de ese día es con santidad, que como está escrito: *Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. (1 Juan 3:1-3).

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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