Cosas que agradaron de Dios

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COSAS QUE AGRADARON DE DIOS.

En las Sagradas Escrituras leemos, en el Salmo 115:3:

«Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.»

En todo este salmo hay dos alabanzas que el salmista nos quiere impedir y una que él hace y exhorta a hacer. De las que manda a evitar las ridiculiza, inclusive, la una es la auto alabanza No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros —dice en el versículo 1— sabe que el ser humano es así, le gusta el promoverse a sí mismo o de qué otros le alaben por su logros, o alabar a otros con tal de beneficiarse a ellos mismos, y muchas veces disfrazamos esto con una falsa humillación, hace poco a otro hermano y a mi nos hicieron la pregunta ¿y cómo salió? Claramente se notó que estaba eperando una respuesta de aceptación por lo que esta persona había hecho en un culto, pero inmediatamente a su pregunta añadió: pero gloria a Dios. Percibí esa tendencia y procuré no caer en su juego, pero entendí también que es una tendencia nuestra como humanos y de lo que debemos tener cuidado, procurar una gloria y alabanza que no nos pertenece. De una manera técnica se llama adulación, lisonjas o auto alabanza. Lo que el salmista pide en su oración es Sino a tu nombre da gloria y da la razón: por tu misericordia, por tu verdad, nosotros nunca vamos a tener misericordia como la tiene el Señor con los hombres y con nosotros mismos y en nosotros no está la verdad, por eso necesitamos ser instruidos para andar en su verdad y esa Verdad es Cristo Jesús (Salmo 26:3; Juan 14:6). Además es el único que ha demostrado su poder y autoridad desde tiempos pasados (V. 2) —y si alguien tiene duda que le pregunte a los egipcios de cómo les fue, quienes también preguntaron con desden ¿quién es Jehová—, y es el único que está entronizado, en majestad, en lo más sublime, en lo sumo, y tiene soberanía (V. 3), pues todo lo que quiso ha hecho. O sea que su trono es inconmovible y sus propósitos son inmutables.

La otra alabanza que el salmista no hace, exhorta a que no se haga y la ridiculiza, inclusive, es la adoración a los ídolos (Vers. 4-8). Las imágenes talladas por los hombres no son más que eso, imágenes talladas, inanimadas, con apariencia de lo que el mismo hombre quiso y embellecido por él mismo, las imágenes que sacan a las calles para maldecir sus calles, porque detrás de cada ídolo hay un demonio (Deuteronomio 32:17; 1 Corintios 10:20), no es más que un dios a la imagen y semejanza del hombre. Que tiene las cosas necestarías para atender a sus adoradores pero no lo hace porque no pueden. Tiene boca, o sea que deberían de comunicarse con sus adoradores, deberían de instruirles, guiarles por sus mandatos y por el buen camino; tienen ojos, o sea que debería de ver las mecesidades de aquellos que claman a él, no puede ver su condición especialmente de pecador y de estár en condenación y hacer algo por él, aunque sea, dejarlos de engañar; si tienen orejas deberían de oírles, Elias se mofaba de los profetas de Baal, ¡clamen más fuerte no sea que valla de viaje o esté dormido! —les decía; tienen narices y no huelen, tienen manos y no palpan, pies y ni andan, o sea, no interaccionan, no se percatan de las necesidades de aquellos que necíamente claman a ellos. ¡Es irrazonable que los hombres adoren lo que ellos mismos han hecho! O sea que, las imágenes de culto, solo sirven para entretener al hombre, desviar la adoración y mantener al hombre engañado y en condenación.

Al final de este su tratado, el salmista en su ridiculización que hace de la adoración a los ídolos, a los adoradores, los eleva ¿o los rebaja? Pues les dice en el versículo 8: Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Semejante —dice— o igual, no ser menos. Es que todo se parece a su dueño. Pero, en cierta forma, ningun adorador puede elevarse al objeto que adora, el adorador nunca va a ser mejor que su dios. Ahora entiende por qué siempre están degradándose los idolatras, porque sus dioses no les exigen nada, las mismas representaciones de sus dioses no les evocan nada sino de un hombre corrupto como ellos mismos —o de animales como los paganos antiguos—, por eso sus cultos siempre van acompañados de borracheras, orgias y libertinaje —sea el culto antiguo o el moderno—, pues sus dioses no les exigen nada, conformando esto en el atractivo de la idolatría.

Nosotros, los cristianos nacidos de nuevo y no solo de nombre, estamos siendo transformados, como está escrito: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18) y, en el día de la glorificación, seremos semejantes a Él, el Dios verdadero, porque le veremos tal como él es (1 Juan 3:2), pero siempre seguiremos dependiendo de él, gustandando de su compañía por toda la eternidad. Ahora él nos exigen una transformación a la imagen de su Hijo. Es que, para ser idolatra, vasta con que tome un su muñequito y lo valla cargando con tal devoción por las calles rindiendole adoración —aunque los hombres le llamen que es venerar—; pero para ser hijo de Dios es necesario nacer de nuevo.

No se crea que los idolatras son solamente aquellos que tallan una imagen de algo que esté arriba en el cielo o debajo de la tierra, violando claramente el mandamiento de no tener dioses ajenos ni hacerse imágenes de lo que está arriba en el cielo, ni debajo de la tierra, ni honrarlas ni inclinarse a ellas (Éxodo 20:3-5). Hay otra forma de ser idolatra y es la falsa imagen de Dios. Dios, todo lo que quiso ha hecho y se ha revelado en las Escrituras para enseñarnos de cómo debe ser adorado, como testifica Moisés: Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos; el hombre religioso, también con sobrenombre de cristiano, se ha hecho un dios a su imagen y semejanza, un dios que le da todo lo que le hombre quiere, que atiende sus caprichos, que se deja que le escupan sus declaraciones y decretos en la cara. Y los hombres, toman de Dios, el Dios verdadero, un nombre para hacerse su dios que pueden manipular como ellos quieran. El Espíritu Santo es una fuerza simplemente que los hombres manipulan a su antojo y se lo dan a quienes ellos quieren, sus predicadores se pavonean en sus tarimas demostrando su poder. Al Señor Jesús, lo toman como un maestro que simplemente les da principios de economía, de como ser empresarios exitosos, etcétera. Uno, auto denominado apóstol, en el mundial de Rusia 2018 profetizó, cuando tuvo un evento en Argentina, que Argentina iba a ser campeón en ese mundial, jejeje, y ni a finales llegaron en esa ocasión. Pero es más grave la situación, me dije, o sea que ahora el Señor se preocupa de quien va a ganar la copa, ya no es su mensaje: ¡volveos a mi! Sino de esas cosas triviales. Es ironía, porque Dios todo lo que quiso ha hecho; el dios de ese predicador si. La biblia está alejada de la adoración en esos cultos, que son más un secta emocionalista.

Vuelvo a mi texto del Salmo 115:3 que nos dice que Dios todo lo que quiso ha hecho. Puede referirse a su creación, a su voluntad de revelarse de manera especial en las Escrituras, que éstas no son el todo de Dios pero si todo lonque el hombre necesita de Dios, para ser salvo, para honrarlo y amarlo. Pero hay otras cosas que él quiso y se ha hecho, citaré al menos siete de esas cosas. ¿Me acompaña?

Mientras tanto, ¿caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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