CONTINUANDO EN SU MISION – Parte 2
CONTINUANDO EN SU MISION, PARTE 2
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones de parte del Señor amados hermanos, les doy a la bienvenida a este su humilde espacio de meditación de la Palabra de Dios. En la continuación de nuestra temática, le invito a que volvamos a leer en Hechos 15:35. La Biblia dice así:
Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.
Finalicé a mi entrega anterior afirmando, «Vea el ministerio completo que tenían estos varones de Dios, resalte por favor, que predicaban y enseñaban, y con muchos otros». Estas acciones tienen implicaciones significativas dentro de nuestro contexto cristiano. Veamos un poco al respecto.
1. Enseñando la Palabra del Señor.
¿Que los apóstoles no usaron la Sola Scriptura? No cabe duda que son excusas papistas el afirmar lo contrario. Y no solamente los apóstoles, El Señor Jesús mismo nos dio ejemplo. Vea la fuente de su enseñanza aquí y es la Palabra de Dios.
Una pregunta que normalmente lanzan miembros de la secta aludida anteriormente es ¿pero ¿cómo van a ser “sola escritura” los apóstoles si el canon no estaba completo? Pero vemos el testimonio de las Escrituras mismas que no es necesario que el canon esté cerrado para la validez de este principio o doctrina, dice el salmista: La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo (Salmo 19:7), es bien sabido que el canon del A. T. a los tiempos de David no se había cerrado, pero, dice el texto, ya era perfecta, fiel, recta, pura, limpia, ya era verdad, y todos ellos justos, termina loando a la Palabra de Dios (cp. Vrs. 7-9), así sea un solo libro que tenga, pero es inspirado según 2 Timoteo 3:16 goza el ser Theopneustos de Dios, o divinamente soplado en, reclamo que sola la Escritura hace de ella o respaldo que Dios hace solamente a sus Escrituras, por eso la hace «la palabra profética más segura» en comparación a la experiencia del mismísimo apóstol Pedro en el monte de la transfiguración (2 Pedro 1:19, cp. 16-21); no leemos en las Escrituras que la tradición goce el ser theopneustos, tampoco el magisterio de cualquier iglesia.
Ahora bien, enseñar la palabra implica transmitir las enseñanzas y doctrinas del Señor, como está escrito: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28:20); como lo que habría de ir revelando después a sus siervos los apóstoles y profetas que son el fundamento de la iglesia sobre lo que debemos de ir edificándonos, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Efesios 2:20), y que dejaron por escrito y que tenemos hoy en lo que denominamos la Santa Biblia.
Una pregunta que suelen hacer los papistas que abogan por la infalibilidad de su magisterio y del papa es ¿y cómo sabes que tal libro de la Biblia es Palabra de Dios? O demuéstrame que 3 de juan, por ejemplo, es palabra de Dios. Y terminan concluyendo, se necesitó el magisterio infalible para darnos la Biblia. Pero ante ese conflicto ya se enfrentó la iglesia, la iglesia no creó la Biblia, la iglesia recibió la Palabra de Dios por medio de los hagiografos que Dios eligió para tan magna y bible tarea; lo que hizo la iglesia fue solamente reconocer las Escrituras. Hoy no tengo necesidad de averiguar si 3 Juan es palabra de Dios, ese examen ya lo hizo la iglesia del primer siglo y discriminó en los escritos que las iglesias locales mismas aceptaban como Palabra de Dios, no fue el catolicismo romano quien lo hizo, sino la iglesia asistida por el Señor.
Exhorto entonces. Si ellos no menospreciaron la Palabra de Dios, si ellos dejaron por escrito sus enseñanzas, y muchos hermanos hasta pagaron con sus vidas por defender, poseer, hacer circular las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios, ¿cómo hemos de menospreciar, entonces, nosotros esas Escrituras? ¿Cómo tendríamos la osadía de dejarla fuera tanto de nuestra vida diaria y de nuestra predicación? Vea el criterio de los profetas: Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos (Jeremías 15:16).
La idea de nuestro pasaje es la predicación, entonces, le digo, la idea de predicar no es solamente predicar, armar un sermón y tirarlo a su público de manera general, sino explicar, instruir y formar a los creyentes, es aportar información pero que esta acerque a los creyentes a Dios, dice Pablo, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:17).
Qué mejor si se centra en su texto y no se sale de él, debe de _leer en el libro de la ley de Dios claramente, y poner el sentido, de modo que toda su audiencia —hombres y mujeres, niños y grandes
— entiendan la lectura_ (adaptación personal de Nehemías 8:8, para usos de este estudio). A veces vamos predicar hoy un versículo aquí y mañana otro por allá, o un versículo a la vez hasta terminar el libro, conforme a la idea que nos presenta el profeta Isaías: Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá (Isaías 28:10) z
Esa acción piadosa de enseñar, implica profundizar en los mensajes de la Biblia para que los oyentes comprendan cómo vivir conforme a la voluntad de Dios, aplicar esos versículos en la vida cotidiana y crecer espiritualmente en ello.
2. Anunciando el evangelio
Se refiere a la proclamación del mensaje de salvación que es solamente a través de Jesucristo, por medio de la fe (Romanos 5:1). ¿Qué es el evangelio? La palabra griega es euagelízo que simplemente «es anunciar buenas nuevas»; y ¿En qué consiste el evangelio? No consiste en una serie de reglas que debe observar el individuo para poder ser salvo, o el adherirse a alguna institución religiosa. En las Escrituras está bien delimitado lo que es y lo que debe de creerse en el evangelio.
En 1 Corintios 15:1-4 leemos: Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; de manera que el evangelio no se basa ni en el predicador del evangelio y ni en el evangélico, sino en el Señor Jesucristo. Este mismo patrón predicó Pedro en la casa de Cornelio, según leemos en Hechos 10:37-40: Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase. Permítame pormenorizarlo así: El evangelio se basa:
1. En la vida Virtuosa del Señor Jesucristo.
2. En la muerte Vicaria del Señor Jesucristo; y,
3. En la resurrección Victoriosa del Señor Jesucristo.
O sea que esas buenas noticias es la buena voluntad de Dios para con los hijos de los hombres, entregando a su Hijo Jesucristo por todos ellos, quien vivió una vida santa, murió por todos los pecadores y resucitó de entre los muertos. Esa es la ortodoxa de la iglesia, esa es la regula fidei y no tiene por qué el predicador salirse de esa regla.
Pero no basta con creer solamente eso, es necesario mantenerse en solamente eso; quiero decir, hay grupos que creen esto, pero le añaden otros dogmas que los elevan al campo soteriológico, el catolicismo romano papista, por ejemplo, creen en la inmaculada concepción de María, la asunción de María, la infalibilidad papal y el magisterio, las obras de Condigno, el purgatorio, so pena de anatema a quien no las crea y acepta. No cabe duda que sectas y grupos así se encuadran dentro del anatema que Pablo profirió contra aquellos que quieren pervertir el evangelio, tildándolo precisamente de «otro evangelio» y con él perturbar la fe de los hermanos, como está escrito: Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema (Gálatas 1:6-9). Por cierto, en el nuevo testamento solamente hay dos ocasiones en que una persona es considerada «anatema» y es al que no amaré al Señor Jesús (1 Corintios 16:22) y quien quiera pervertir el evangelio, sea quien sea, así sea un apóstol o sea un ángel.
De manera que puedo haber sido un grupo que sostuvo, predicó y defendió lo enunciado en 1 Corintios 15:1-4 pero con el tiempo le añadió otros elementos para ser salvo, se ha salido de la regula fidei, podemos decir que han apostado, predican otro evangelio, un evangelio diferente del que hemos anunciado, como espetó Pablo a los de Galacia.
Ahora bien, quien predique el evangelio debe preocuparse de predicar el Evangelio bíblico y, además, de ser lleno del Espíritu a fin de presentarlo con el poder del Espíritu Santo (Hechos 4:32), entonces se despreocupará de los resultados, de si hay conversiones o no, eso será tarea de Dios el Espíritu Santo, no se preocupará de manipular a sus oyentes; pero no debe predicar el evangelio como cualquier cosa, cualquier anuncio. He dicho esto: «El predicador del evangelio debe esforzarse de presentar a Cristo y a este crucificado, como que, si la salvación depende de él, aunque confiando, sabiendo que el pecador que crea depende de la asistencia del Epiritu Santo por sus palabras».
3. Con muchos otros.
Este grupo llamado «muchos otros», puede referirse a la compañía que tuvieron estos predicadores, miembros de la iglesia que estaban acompañándolos en la predicación del evangelio, y que es lo más aceptable. O se puede referir a que a «muchos otros» les predicaban. Por ejemplo, la Nueva Versión Internacional traduce «en compañía de muchos otros», y la Reina Valera Contemporánea traduce: «y anunciando el evangelio a muchos otros». Quiero aprovechar aquí los dos sentidos.
A) Es que este «muchos otros» como los evangelizados, subraya la importancia de predicar sin acepción de personas, a todos, la iglesia cantará al final: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Apocalipsis 5:9-10). Dice que Pablo predicaba «al judío primeramente y también al griego», porque quienes hacen lo malo es «el judío primeramente y también el griego» (Romanos 1:16; 2:9).
B) Pero este «muchos otros» como compañeros de los predicadores, también subraya la importancia de la comunidad y la colaboración en la labor evangelizadora. Pablo y Bernabé no estaban trabajando de forma aislada, sino que compartían su tarea con otros creyentes, haciendo la misión del evangelio un esfuerzo colectivo. La iglesia del primer siglo era evangelizadora, misionera, sembradora, nada que ver con la idea de los monasterios, o de enclaustrarse como los monges. Pero, tristemente, el celo evangelizar de la iglesia de antaño ha menguado, salvo por un poco hermano. Como dijo un hermano a quien parafraseo: «Hemos dejado de ser de sala evangélica y nos convertimos en saleros evangélicos», tristemente, y para vergüenza nuestra, en muchos lugares, es cierto porque nos hemos quedado concentrados.
Este pasaje nos denota la idea de que el evangelio debe ser llevado por todo el cuerpo de Cristo. No es solo responsabilidad de unos pocos, sino de la iglesia en conjunto, y en este caso, también implica el apoyo mutuo y el trabajo en equipo dentro, porque unos son los que predican y otros son los que reparten tratados, y otros cantan, y otros oran; pero también, como dijo Pablo en 1 Corintios 3:6-9, Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
Respóndase las siguientes preguntas: ¿Es usted un predicador del evangelio? ¿el evangelio que predica es el verdadero evangelio o encuadra dentro del que Pablo llamo «otro evangelio»? ¿Es usted un enseñador de la Palabra de Dios a otros? ¿La enseñanza que imparte es cien por ciento Bíblica? Considera lo que te digo y el Señor te de entendimiento en todo.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
