Conclusión de la serie «EL HIJO DE CONSOLACIÓN»
EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Conclusión de la serie.
Hemos estado considerando la vida de nuestro hermano Bernabé, de quien leemos en
Hechos 4:36-37:
Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
La intención es solamente ver su vida como una demostración viva de lo que la gracia de Dios ha logrado en la vida de nuestro hermano. En realidad, no es Bernabé que por alguna virtud personal hubiese desarrollado un cambio en él, sino, más bien, lo que la gracia de Dios hace en la vida de un pecador que es alcanzado por ella, es lo plausible del Espíritu Santo quien transforma al hombre por medio de Su palabra, todo aquel ha venido a Cristo para reconocerlo como su Salvador personal (2 Corintios 3:18).
El apóstol Pablo reconoció en su vida que todo lo que él es, es por la gracia de Dios (1 Corintios 15:10), y lo mismo ocurre con todo creyente en Cristo, solamente debemos procurar decir aquí y máxime en aquel día «una gracia que no se ha malogrado en cuanto a mi toca. Al contrario, me he afanado más que todos los otros; bueno, no yo, sino la gracia de Dios que actúa en mí» (Biblia La Palabra), aunque en nuestra santificación progresiva tenemos mucha participación, pero aun ahí mismo, también dependemos del Dios de paz por su Santo Espíritu, quien hace uso de Su palabra, como está escrito: Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17; Cp. 1 Tesalonicenses 5:23; 2 Corintios 3:18).
Se que la misma declaración daría Bernabé, si lo tuviésemos en nuestros púlpitos el día de hoy «es por Su gracia, todo por su gracia»; si, lo diría muy humilde él pero, al fin y al cabo, la humildad es parte de la transformación del Espíritu al contemplar a Cristo e imitarlo (Mateo 11:29). Es que, me he dado cuenta, que todo lo que tengo para agradarle a Él es lo que Él me ha dado para agradarle, eso es lo que significa la declaración de David Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos (1 Crónicas 29:14).
De tal manera que nuestras meditaciones no fueron para celebrarle a Bernabé, ni pedirle a él, ni crearle un día a él, ni levantar catedrales sobre su tumba, como neciamente enseña la secta más grande que tiene el cristianismo, a saber, el catolicismo romano y los ortodoxos.
La Biblia es clara en cuanto a los santos que han partido para estar con Cristo y entre ellos Bernabé. Dice que lo cual es muchísimo mejor y dejaron lo que es más necesario que es quedarse acá en este peregrinar por causa de vosotros o por la obra de Cristo aquí en la tierra (Cp. Filipenses 1:21-25); por lo cual han recibido la promesa que se les dio a los mártires, como está escrito: Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos (Apocalipsis 6:11; Cp.14:13), resalte que están descansando; entonces, dejémoslos descansar de sus obras, ya trabajaron, no pretendamos que sigan trabajando como pretende tenerlos el catolicismo romano al enseñar que interceden por nosotros; eso no es ascritural y es condenado por las Escrituras, si bien viven en Cristo, pero han muerto en nuestra esfera terrenal. Ellos solamente están esperando el sonido de la final trompeta (1 Corintios 15:51-52; 1 Tesalonicenses 4:13-17).
De manera que nuestra motivación al buscar meditaciones en torno a Bernabé y otros personajes bíblicos, es para glorificar al Señor y honrarles, pero la mejor forma de honrarles no es construir catedrales sobre sus tumbas, ni besar sus cadáveres, ni exhibir sus momias, al contrario, humanamente, eso es deshonroso, sino a considerar cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe (Hebreos 13:7), pues la misma gracia, el mismo Salvador, el mismo Espíritu, el mismo Dios que lo santificó a él, es Quien nos ha salvado y nos santifica cotidianamente a nosotros y nos glorificará.
«Pero cometió errores»—dirá alguno—. Efectivamente, es cierto eso, no procuramos ocultarlo, el Espíritu Santo no lo hizo, de hecho, afrontamos sus errores, tuve que hacerlo, por muy enamorado que hubiese estado del testimonio del hermano. —¿Cómo puede ser un hijo de consolación, entonces? — Podría continuar replicando.
Atienda esto: Cometer un error no me define, pero permanecer en ese error si me define. Por poner un ejemplo aparte del hijo de consolación, David cometió un error, o varios, y el Señor no se lo ocultó, se cumplió lo que le había advertido al respecto, pero se arrepintió. Abraham, Pedro también ¿Daniel cometería alguno? No le vemos en las Escrituras algún pecado, no cabe duda que sí, y qué decir de Pablo, ¿cometería alguno también? y Bernabé también, al menos en su actitud al dejarse arrastrar, pero se arrepintió y fue restaurado.
[ ] ¿Cómo está usted? ¿Qué define de usted su actuar? ¿Tiene errores y pecados? Si permanece en ellos es eso en lo que permanece. La Biblia no define a una persona por un acto aislado, sino por un estilo de vida, por eso dice 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas; el apóstol Juan en 1 Juan 2:29; 3:8-9; 5:18, y otros pasajes más dentro de la epístola, hace un juego muy interesante con la palabra griega poieo que puede traducirse como hacer, practicar, manufacturar, con la idea de hacer algo repetitivo, constante, perseverante, no tratándose de puntos aislados sino de un estilo de vida; y su análisis es muy interesante para saber si soy un nacido de Dios o soy del diablo (perdón por usar la primer persona, pero es necesario porque este examen empieza conmigo antes de juzgar a otros; en todo caso, usted al leer lo hará en primera persona también, para que el examen sea como debe ser, que empiece con usted por usted antes de juzgar a su hermano).
Pormenoricémolo:
1. 1 Juan 3:8, 10. Practica el pecado es del diablo. No hace justicia y no ama a su hermano no es de Dios.
2. 1 Juan 2:29; 3:7, 9; 5:18. No práctica el pecado, es nacido de Dios; el que hace justicia es nacido de Dios; el que hace justicia es justo; no practica el pecado.
Entonces sí, el creyente no es alguien que ya no peca. Es alguien que ha recibido el perdón judicial de Dios, pero que necesita del perdón paternal de Dios cotidianamente, no para volver a ser salvo, sino para vivir su amistad con Dios. Hace justicia y aborrece su pecado y es la constante de su vida. El inconverso, es uno que se deleita en su pecado y esa también es la constante en su vida. Véalo así, si anda como pato, tiene forma de pato, nada como pato y dice «Cúac, Cúac» ¿qué es? Exacto, es eso. El verdadero creyente cuando peca, se arrepiente y se aparta y alcanza misericordia (Proverbios 28:13).
Y eso ocurrió con el hijo de consolación. Luego del error cometido en Antioquía, que, si bien fue arrastrado a ello, pero no por eso era inocente, sí era responsable del mismo, pero en algún momento se arrepintió y siguió adelante. He dicho anteriormente que un error no me define, pero si la permanencia en él o los mismos si nos definen.
Le presento mi bosquejo del estudio y en él vea las cosas por las que se ganó el mote de el hijo de consolación y analicemos cual fue la constante en su vida:
1. Proveyendo para los más necesitados. Hechos 4:36.
2. Intercediendo por otros. Hechos 9:27.
3. Preocupación por nuevos convertidos. Hechos 11:22.
6. Considerando los talentos de otros. Hechos 11:25.
7. Manteniendo la comunión ínter asambleas. Hechos 11:30.
8. Motivando nuevos ministros. Hechos 12:25.
9. Enseñando a la Asamblea. Hechos 13:1.
10. Ejerciendo el liderazgo con responsabilidad y saber reconocer a los demás. Hechos 13:2,7.
11. Teniendo una palabra para todos. A los creyentes, motivándolos a perseverar. Hechos 13:43. A los inconversos, predicándoles el evangelio. Hechos 13:46. Y también palabra a los que se oponen. Hechosn15:2.
12. Siendo compañeros en las buenas, en las malas y en las peores, pues afrontaron persecución. Hechos 13:50; 14:4.
13. Teniendo los pies sobre la tierra. Hechos 14:12-14. Hicieron sanidades, los llamaron dioses, les ofrecieron adoración y adulación y no se enorgullecieron. Y ni hubo engreimiento al ser mencionado primero por El Espíritu Santo, los apóstoles y Lucas y ni se sintió mal cuando empezó a aparecer de segundo ante Pablo.
14. Sacudirse el polvo después de la persecución y seguir adelante. Hechos 14:20
15. Defendiendo la sana doctrina. Hechos 15:2, 12, 22,25, 35.
16. Gozando de buena reputación entre la iglesia. Hechos 15:26.
17. Continuando en su misión. V. 35.
18. Proveyendo segundas oportunidades a otros. Hechos 15:36-39.
19. Salvado, no perfeccionado, pero maduro después del proceso. Gálatas 2:13; y, siguiendo,
20. Firmes, fuertes y alzando la bandera. 1 corintios 9:6.
Así fue el resumen de la vida de Bernabé. La constante en su vida fue la santidad, la dedicación a Dios y a otros y la misericordia y más.
Pero lo sucedido a Bernabé debe hacernos reflexionar a nosotros, porque muchas veces un error hace que los demás se olviden de todo lo bueno que hicimos y ese error opaque todo lo bueno que hicimos, así somos los seres humanos. En una manta blanca que le caiga una gota de tinta negra, se nota al instante y eso nos puede seguir siempre.
Pero el esfuerzo de su vida de santidad al Señor y sirviendo a los santos en sus diversas formas, el Señor lo premiará. De tal manera que, cuando todos los caminantes comparézcanos ante el Gran Caminante, el eterno Triunfante, también recibirá la corona de justicia que Dios ha prometido, no solamente a Pablo, sino también a todos los que ama su venida (2 Timoteo 4:8).
Pero, al igual que todos los caminantes, también echará su corona, la corona recién recibida, ante el Trono de la gracia, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas (Apocalipsis 4:10-11); y alabará, y alabaremos al Señor por lo que él es y por lo que ha hecho por y con nosotros. Es que todo se trata de Dios. La salvación es del Señor, por lo tanto, la gloria toda es del Señor o como decían los reformadores ¡soli Deo gloria!.
Su deceso
Se dice que Bernabé fue martirizando en Salamina, en la isla de Chipre, su ciudad natal, entre los años 61, en manos de judíos hostiles al mensaje del evangelio que siempre le apasionó predicar. Se dice que los judíos lo ataron con una soga al cuello, fue arrastrado desde la sinagoga hasta el hipódromo fuera de la ciudad, en donde fue quemado —algunos afirman que fue apedreado y luego quemado—. Su polvo (o sus cenizas) lo echaron en una tela y habiéndolos asegurado con plomo, tenían la intención de arrojarlo al mar. Pero Juan Marcos y otros discípulos de Bernabé, en la noche encontraron la forma de llevárselo y, encontrando una cueva, pusieron ahí las cenizas y encontrando un lugar secreto en dicha cueva, lo guardaron ahí junto con unos documentos que había recibido del apóstol Mateo (Los Actos de Bernabé, un documento apócrifo del siglo V atribuido a Juan Marcos, editorial Scribd, solo lectura en línea). Hay varias versiones de su muerte. Algunos afirman que oraba mientras le caían las pedradas, otras versiones afirman que querían quemarlo después de darle muerte, pero ahí fue rescatado por Juan Marcos. Otros que con el tiempo encontraron su cuerpo en esa cueva y estaba incorruptible y con el ejemplar del evangelio de Mateo sobre su pecho. En fin. No nos olvidemos que este relato no es algo inspirado y que en aquellos tiempos muchos grupos o iglesias regionales sobrevaloraban los relatos. No está el relato de su muerte en las Escrituras. Sea como sea, murió y descansa este varón de Dios. Lo importante es su vida de fe, ejemplo a imitar, y por la cual entendemos el mote de EL HIJO DE CONSOLACIÓN.
Oremos: «Señor y Dios, muchas gracias por el Señor Jesucristo y la salvación tan grande que nos has dado en él. Gracias por tu Santo Espíritu pues es el agente de la Trinidad que trabaja en nosotros desde asistirnos para creer en tu evangelio y confesar a Jesucristo como nuestro Señor y guiarnos, transformándonos en todo nuestro peregrinar hasta entregarnos como una iglesia gloriosa que no tiene ninguna mancha. Muchas gracias por la vida de estos varones tuyos que son ejemplo de lo que tu gracia hace en la vida de los pecadores.
No me sueltes, por favor Señor, cuando estoy titubeante, como no lo hiciste con Bernabé, extiende tu mano y aséame a tí porque solo, en mi caminar en este mundo, como mar agitado, me hundo, como asiste a ti a Pedro, Señor, tómame hacia ti. Ampárame siempre porque te necesito. Lo bueno en mí no es más que tu gracia trabajando en mí, lo malo en mí no es más que la reminiscencia del viejo hombre que debe irse muriendo.
Mi Señor y Dios, hazme un instrumento en tus manos, que donde deba ser abnegado entregándome por los más necesitados, que lo sea con valor y fe; en donde deba defender tu sana doctrina, lo haga con valentía, hasta la muerte; en donde deba velar por otros rechazados, lo haga con entereza; y donde deba haber disciplina, lo haga con firmeza. Hazme un instrumento tuyo, que si hay distanciamiento entre hermanos, que yo pueda llevar reconciliación y no división; que las chispas de los conflictos, sean apagados conmigo y no propagandas más por mí. Dame prudencia y sabiduría para ser de bendición y no de piedra de tropiezo a los demás. Líbrame de los hombres imprudentes en mi camino, pero, sobre todo, líbrame de mis propias imprudencias.
Señor de toda gracia, hazme un canal de tu gracia a otros, enséñame a que pueda reconocer los talentos de los demás y motivar y proveer espacio para nuevos ministros, sin envidia y defender a quienes han tropezado y merecen una segunda oportunidad; pero dame sabiduría para saber distinguir entre los verdaderos desinformados que necesitan información y necesitan otra oportunidad y los falsos que merecen ser cuestionados y denunciados. Hazme un instrumento de tu gracia, para aceptar con humildad las reprensiones y seguir adelante. Señor, hazme un Bernabé, también yo quiero ser un hijo de consolación en mi caminar y terminar como buen caminante, como lo hizo el hermano José, el levita, natural de Chipre, quien imitó a su Señor, mi Señor, nuestro Señor, el Señor Jesucristo. En el Nombre del Señor Jesús he orado. Amén, y amén».
¿Caminamos caminante? Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
