ARISTARCO: EL DE LOS TUMULTOS
ARISTARCO: EL DE LOS TUMULTOS
Continuación de la serie: EL EQUIPO MISIONERO DE PABLO
Esuche el audio de la reflexión
Bendiciones del Señor, queridos caminantes, verdaderos peregrinos que vamos con paso firme, por la gracia de Dios, hacia la Patria Celestial. En esta ocasión, tomamos a otro personaje que, si bien es cierto, ya meditamos en su vida en otra serie, pero reconocemos que son buenos ejemplos de lo que la gracia de Dios hace en la vida de hombres imperfectos al redimirlos. Avancemos a otro personaje, entonces, y, para el efecto, leamos en Filemón 24. La Biblia dice así:
«Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.»
Como ya es bien claro para nosotros, el apóstol Pablo no tenía ningún problema en que los santos reconocieran a otros siervos de Dios, es más, él reconocía con honra a los que merecían honra y era tal su compromiso que lo consideraba una deuda y motivaba a los hermanos a tener esa deuda, pero, sobre todo, a pagar esa deuda (Cp. Romanos 13:7). Entre estos a quienes Pablo honra nivelándolo a la misma altura de su ministerio con el calificativo de colaborador está Aristarco, que es mencionado en tan solo cinco ocasiones en todo el Nuevo Testamento.
Su nombre proviene del vocablo griego Arístarjos, que significa «El mejor gobernante o príncipe»; o también «El mejor gobierno». No sabemos ni de sus padres, ni de cómo llegó al conocimiento de la verdad. Sabemos por Hechos 20:4 que, junto con Segundo, era Oriundo de Tesalónica, y por Hechos 19:29, junto con un hermano llamado Gayo, y Hechos 27:2 que vivía en la capital, Macedonia.
Cuando el apóstol Pablo llegó con el Evangelio a Éfeso, según nos relata Lucas en Hechos 19, ahí hubo mucho éxito con el evangelio, entre otras cosas sucedidas ahí, Pablo alquiló una sala de conferencias en la escuela de un filósofo llamado Tiranno, en donde, muy al estilo de los filósofos y maestros, discutía todos los días ahí, el doctor Lucas nos informa: Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (v. 10), convirtiéndose la ciudad de Éfeso en el epicentro de la propagación del Evangelio en Asia. Ahí Pablo tuvo oposición de parte de los judíos y de los idólatras paganos, pues los negociantes con la idolatría tuvieron muchas pérdidas económicas y Demetrio, probablemente el artífice mayoritario, convocó a un tumulto contra el apóstol y sus compañeros. Después de hacer su rezo, pues llenos de ira gritaron por espacio de dos horas: ¡Grande es Diana de los Efesios! (Hechos 19:28, 34), pasaron a su venganza pues se alborotaron Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo (v. 29).
Es aquí en donde aparece por primera vez mencionado nuestro asociado. No se nos dice si recién convertido, o, lo más probable, fue uno de los convertidos de Pablo cuando llegó a Tesalónica, en donde también hubo tumulto, alboroto y persecución (Hechos 17:1-9; 1 Tesalonicenses 1:6-7; 2:24); además que Lucas ya lo describe como compañero de Pablo. Este tumulto fue propiciado por los judíos celosos del éxito del apóstol y se asociaron con los idólatras locales. Habrase visto, los judíos asociados con los idólatras para atacar al evangelio de Cristo. Y eso no ha cambiado.
Ahí fue arrastrado Aristarco por la multitud al teatro. La palabra que Lucas usa para describir la animosidad de la gente de que se lanzaron es horma que es instar, lanzar, arremeter. Arremeter es acometer o embestir con ímpetu y furia. Y la palabra para arrebatar es sunarpazo que es apoderarse, arrastrar. En Lucas 8:29 se traduce como apoderarse y describe la violencia con la que ese endemoniado reaccionaba a las cadenas; en Hechos 27:15 se traduce como arrebatar y describe a una nave en medio de un huracán (v. 26). Note la violencia extrema que se expresa cada vez que se usa tal palabra.
Fue tal el peligro y violencia que causaron a los creyentes en Éfeso, principalmente a Aristarco, que las mismas autoridades, amigos de Pablo, le enviaron recado para que no se presentara al teatro donde se llevaba a cabo el tumulto violento (v. 31).
Pero Aristarco siguió adelante como buen caminante, ni se retiró de las misiones, ni muchos menos del evangelio, y ni se regresó a su casa en Tesalónica, pues, en el relato de Hechos, lo encontramos nuevamente en el tercer viaje misionero de Pablo, leemos de los acompañantes de Pablo: Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas (20:4-5). O sea que este hermano Aristarco, fue un caminante constante en medio de la oposición, que era también constante. Es que si la oposición es constante, más constante debe ser nuestro testimonio.
En el primer encarcelamiento de Pablo, probablemente en Roma, lo vemos junto con Pablo, enviando saludos a la iglesia de Colosas y a Filemón.
Y la siguiente vez que lo vemos es en el viaje de Pablo hacia Roma, cuando Pablo iba como reo por haber apelado al Cesar (Hechos 27:2), en esta ocasión lo acompañaba Aristarco, probablemente como siervo personal del apóstol.
Como señalamos cuando meditamos sobre Epafrodito y Tito, se dice que un prisionero político romano tenía derecho a ser acompañado por un siervo, además de su médico personal. En aquellos tiempos existían un grupo de hermanos que se llamaban los «mensajeros de las iglesias». Eran hermanos que se disponían a atender a un apóstol en sus necesidades, sea llevándole algún donativo de su iglesia local o sirviéndole en la prisión, el asunto es que era una actividad piadosa muy peligrosa, pues los podían confundir con la peligrosidad del reo a quien atendían y correrían el riesgo de ser tratados como al tal, sea en las penurias, sean en los castigos y aun sea en la muerte; pero, por la gracia del Señor, en el Tribunal de Cristo, no serán confundidos sino que será tratados como iguales. Entonces, es muy probable que Aristarco haya viajado en esa misma calidad con Pablo a Roma.
No estaríamos retorciendo ningún pasaje al hacer y tomar en cuenta tal conjetura, no nos olvidemos que las iglesias de Macedonia colaboraron con Pablo con ofrendas (Romanos 15:26; 2 Corintios 8:1-5; 9:1-4), pero en 11:9 de 2 Corintios leemos de otro tipo de ayuda al apóstol, dice el apóstol: Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso. Resalte por favor «lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia» y en 8:5 dice que a sí mismos se dieron primeramente al Señor y luego a nosotros por la voluntad de Dios, o sea que iban y venía de Macedonia hermanos para suplir en el apóstol lo que le faltaba y entre ellos, probablemente, iba nuestro asociado quien llegó a Pablo para quedarse. Además de Aristarco, también vemos que llegó Segundo (Hechos 20:4), de Tesalónica era también Jason (Hechos 17:6); y también un hermano de nombre Gayo (19:29). Es interesante notar que todos estos provenían de una ciudad que había padecido persecución desde el establecimiento de su iglesia local, o sea que las circunstancias adversas no son razón para no dedicarse a la obra, sino que fue un motivante para los hermanos a dedicarse más a ella.
Es interesante que las veces que es mencionado Aristarco en las epístolas, es precisamente en las denominadas de la prisión. Considere, por ejemplo, Filemón 1:23-24 y en Colosenses 4:10, 11, en donde se dice de él, que es mi compañero de prisiones y también lo presenta, junto con otros hermanos, como ayudante en el reino de Dios y que han sido para mi un consuelo.
La palabra para consuelo es arengar a una asamblea, dictar un discurso persuasivo, un discurso de ánimo. Es decir, la vida misma de Aristarco, y sus demás compañeros de servicio, con el solo hecho de verlos a la par, ellos mismos transmiten consolación y motivación para seguir adelante; de verdad, cómo urgen más hermanos así; cómo urge que seamos cristianos así.
Se dice que encontraron una lista de poliarcas de la ciudad de Tesalónica, estos eran miembros del gobierno, en la Grecia antigua, formado por varias personas de idéntico rango, y en ese listado aparece el nombre de Aristarco, que algunos autores han sugerido que se refiere a nuestro colaborador y otros lo descartan, pues era un nombre muy común en aquellos tiempos. No hay nada en la Escritura respecto a si era Aristarco un gobernante, pero, de ser acertada esa sugerencia, o aunque no, nos confirma lo que ya sabemos por la Escrituras, que el servicio es la marca distintiva de todo siervo de Cristo, quiero decir, que a Aristarco no le importó su prestigio, ni su dinero, ni sus posesiones con tal de servir al Señor sirviendo a los santos.
A Aristarco siempre lo vemos asociado a tumultos, en tormentas, en conflictos, pero no era el un conflictivo. El establecimiento de su asamblea fue en medio de gran oposición, probablemente ahí se dio su conversión, en donde hubo tumulto; su primer mención como compañero de Pablo, hubo tumulto, es más, él mismo fue objeto de la violencia; manda saludos desde el primer encarcelamiento de Pablo en Roma, prisión; cuando acompañó a Pablo en su segundo viaje misionero, lo que motivó la salida a Macedonia fue las acechanzas de los judíos, o sea, más tumultos; cuando iba con Pablo hacia Roma, como prisionero por haber apelado al Cesar, leemos de los naufragios, de las tormentas y rumbo a más prisión. Lo que vemos es que toda su vida de creyente la pasó entre tumultos, violencia, tormentas y prisiones por el evangelio. Y no se regresó, no apostató. Qué tristeza que hoy una falda hace retroceder a muchos varones de Dios; o un pantalón, a muchas mujeres; un chisme, una mala mirada u otro, hace que se alejen muchos. Culpa tanto el de la mala mirada como el que se aleja por la mala mirada. Cómo necesitamos a cristianos de ese calibre, como necesitamos ser cristianos de ese calibre. A los que han fracasado, los que se han quedado, no me importa por qué, les pregunto, ¿se van a quedar ahí tirados? ¿En el cielo, en un culto de testimonios, qué dirá? A los demás, responda mi ya común pregunta…
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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