HASTA MI FINAL.

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HASTA MI FINAL.
Continuación de nuestra serie: UN MANIFIESTO DE INTEGRIDAD

Hay un dicho que dice: «Del plato a la boca, se cae la sopa», otro: «Del dicho al hecho, hay mucho trecho», y yo prefiero decir: satanás no tiembla con sus suspiros buenos, sino con sus acciones. Quiero decir cuando piensa y anhela agradar al Señor pero se levanta para hacerlo. Le aseguro que al hijo pródigo no le hubiese servido de nada decirse en su mente: me levantaré e iré a mi padre y le diré: «padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo, tan solo hazme como uno de tus jornaleros», si no se hubiese levantado e ido a su padre y decirle lo que se había dicho que le diría (Lucas 15:18-21). De nada le sirve sus anhelos, sus suspiros, sus sueños, sus sus deseos o utilice otro término, pero de nada le sirve si no se pone en acción y persevera en ello. Leamos sobre nuestro siguiente punto de nuestro manifiesto de integridad:

«Mas yo andaré en mi integridad; redímeme, y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová»

(Salmo 26:11-12).

Vea tres declaraciones que ha hecho David respecto a su vida de santidad, a saber:

  1. En mi integridad he andado (V. 1).Tiempo pasado, desde su volverse a Dios.
  2. Ando en tu verdad (V. 3). Tiempo presente.
  3. Más yo andaré en mi integridad (V. 11). Tiempo futuro, también eso denotamos en el versículo 6 «andaré alrededor de tu altar». Como una promesa y un compromiso.

O sea que es un compromiso que inicia el día de su conversión a Dios y es sin límite de tiempo, no hay caducidad, no hay vacaciones ni jubilación. A esto se llama fidelidad. También se llama perseverancia. O también perseverar en fidelidad aún en momentos difíciles.

Un buen ejemplo de fidelidad y perseverancia es Daniel, y la de Daniel fue una fidelidad en tiempos difíciles. Lo vemos en el capítulo 1 declarando su resolución de no contaminarse con la comida del rey ni con el vino que él bebía y pidió, por tanto, que no se le obligase a contaminarse (Daniel 1:8) y en Daniel capítulo 6 los demás sátrapas y gobernadores buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino, pero no podía hallar cosa alguna, porque Daniel era fiel en lo relacionado al reino y en su vida misma pues tampoco encontraron falta o vicio alguno en él (Daniel 6:4). Daniel 1 fue cuando recién llegó a Babilonia, y en Daniel 6, ya habían pasado unos 60 años aproximadamente; en Daniel 1 recién empezaba y Daniel 6 cuando ya se había asentado. En el 1 eran un esclavo y en 6 había ascendido. En el 1 era un muchacho de unos 17 años y en el 6, era un hombre ya maduro de unos 80 años aproximadamente. En 1 lo vemos muy entusiasta afirmando su fe y fidelidad y en el 6 lo vemos muy entusiasta confirmando su fe y fidelidad.

Con decreto o sin decreto, en su tierra o fuera de ella, con sus padres cerca o lejos, con sus sacerdotes cerca o lejos de ellos, Daniel sabía que Dios es primero aún de su propia vida, que su adoración a Dios debe hacerse aunque peligre su vida. La vida de integridad debe vivirse hasta el final. No, no significa que no hay altibajos, no hay desilusiones, ni caminos escabrosos; sino a pesar de los altibajos, de las desilusiones, de los caminos escabrosos, de las sendas sinuosas, a pesar de todo y de todos, seguimos siendo fieles al Señor, y bien podemos decir: hasta mi final.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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