AMAR LA MORADA DE DIOS.
AMAR LA MORADA DE DIOS.
Continuación de nuestra serie: UN MANIFIESTO DE INTEGRIDAD
Un lugar lo hace quien lo habita. Un lugar es especial o lo hace especial quien mora en él. Cuando Jacob huía de su hermano Esaú, llegó a un lugar en donde tuvo un sueño y lo invadió un temor reverente, no era simplemente una fobia a la oscuridad, a la soledad u otro, sino debido a una presencia real y verdadera, la presencia de Dios, el Dios santo y exclamó: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo (Génesis 28:17). Esto lo hizo exclamando y con miedo, pero ¿por qué? Antes ya había reconocido: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía (V. 16).
En el manifiesto que está haciendo David, el cuarto punto del mismo nos habla de la morada del Señor, leamos:
Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria (Salmo 26:8).
Otro salmista exclamo: ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! (Salmo 84:1). Son dignas de amar, son fáciles de amar. No se olvide aplicar el sentido de exclamación al leer el texto, de admiración, un estado de estupefacción. También dijo David: Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. (Salmo 16:11). Así es, y es por él. Y también: Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. El salmista se acercaba a contemplar que es percibir mentalmente con placer y a inquirir, esta palabra significa tanto admirar como contemplar su hermosura y también inspeccionar, reflexionar. No nos olvidemos que, según el culto propio de dicha dispensación, todo del templo era simbólico, era sombra de lo que habría de venir (Colosenses 2:16-17; Hebreos 8:5; 10:1), entonces ese inquirir era averiguar en reflexión de las bendiciones que vendría en el Cristo prometido.
La revelación del Nuevo Testamento vemos que en su trono de la Gracia se puede apreciar tal belleza, que no podemos explicar, que al leer nos podemos imaginar pero nunca seremos lo suficientemente justos para imaginarnos tal belleza. Será hermoso ese como mar de vidrio, el trono de la gracia mismo ¡solo su nombre evoca respeto (trono) y también confianza (de la gracia), los cimientos de su ciudad, las puertas de su ciudad, el arco iris, la organización de los ángeles para adorar, pero es él quien embellece todo. Juan a lo más que llega es a describirlo con piedras preciosas. Pero hay otra belleza y es el Cristo y sus señas que evidencian, no una derrota, sino una gran victoria por amor, evidencias de su gran amor por nosotros, las señas de las heridas de sus manos, pies y costado.
Hoy seguimos viendo por fe, nos acercamos a nuestros locales por la fe a reflexionar complacidamente sobre su amor e inquirir sobre él. Y lo que hoy por la fe podemos apreciar, lo veremos y apreciaremos en todos nuestros sentidos y estos ya glorificados, con un amor, justicia y sentido de adoración perfeccionados, sin las limitaciones propias de hombres no glorificado aún, esto será el día de la glorificación, que es un día no muy tarde. Mientras tanto nos corresponde reunirnos con los demás que de corazón limpio invocan al Señor. Vale la pena seguir adelante, caro caminante, porque allá adelante, más allá del sol radiante, nos espera nuestro eterno triunfante, quien se prepara para venir por su amada, cuál novio galante.
¿Ya se preparó para reunirse con los santos el día de hoy? Pues en las congregaciones bendeciré a Jehová (Salmo 26:12).
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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