LO PRIMERO ES LO PRIMERO, CONFIANZA.
LO PRIMERO ES LO PRIMERO, CONFIANZA.
Continuación de nuestra serie: UN MANIFIESTO DE INTEGRIDAD.
Imagínese al pastor, salmista, rey y profeta y, en todas sus facetas, adorador, a David, el llamado «dulce cantor de Israel», este se ha plantado ante una multitud, con un megáfono, dando su declaración de integridad, gritando a todo pulmón su manifiesto revolucionario:
(…) He confiado asimismo en Jehová sin titubear (Salmo 26:1, entre paréntesis añadido).
Si, su manifiesto revolucionario y su declaración novedosa. Hoy en día, como en aquellos tiempos, es un manifiesto que no todos hacen. Suena raro, anticuado, como de un monje que se perdió en su oratorio, algunos lo harán pasar como un loco, otros como poco inteligente, de mentes débiles que necesitan apoyarse mentalmente en algo. Otros muchos lo hacen de palabras pero no son convicciones que rigen sus vidas, y pues su vida dista de su manifiesto, «como todos unos hipócritas», dirían en mi pueblo. En una era humanista, que no tiene mucho que envidiarle a las épocas pasadas debido a la carnalidad, la corrupción del mundo, sus ideales, corrientes, filosofías y la corrupción de la carne. Esta era, en donde el hombre, su complacencia y sus placeres, son el centro de todo, son sólo sus derechos los que importan aunque esto signifique atropellar a quien sea, aún la muerte de inocentes. Una era, igual que las pasadas, en que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Génesis 6:5). Una era, en que impera la idolatría, no solamente el paganismo que está resurgiendo, el paganismo disfrazado con nombres cristianos (el catolicismo y sus fiestas paganas), así como la idolatría en la mente de muchos cristianos quienes por ignorancia de las Escrituras y, por ende, no conocer al Dios verdadero, se inventan en sus mentes a su dios (como neopentecostalismo y la nueva era infiltrada en sus filas); entonces, ante ese contexto, no es común que alguien declare su fe, su fidelidad, su dependencia al Señor, el verdadero Dios. Suenan más bien como bichos raros aquellos que nadan contra la corriente, si, *la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 2:2).
Pero aquí empieza todo, es el primer punto del manifiesto: Yo, a la opinión pública hago saber que ¡he confiado! Es que, para agradar a Dios y tener una vida de integridad empieza con la fe, como está escrito: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6). Esto implica abandonarse a sus disposiciones, a que Él sea quien dirige nuestras vidas. En la oración del Padre Nuestro vemos lo que es de él y lo que es nuestro: es tu nombre, tu reino y tu voluntad. Es su Persona, y su gloria, su nombre y no nuestra reputación; es Su Reino y no nuestro programa; es Su voluntad y no nuestro propósito. Se trata de Él y no de nosotros, de su palabra y no la nuestra, de manera que es necesario que el crezca y que yo mengue. Que se establezca tu voluntad aquí en la tierra como allá en el cielo y es necesario que empiece en este pedazo de tierra que tocan mis pies, entiéndase, este terruño de tierra llamándose yo, que provengo de la tierra. Aquí empieza a hacerse su voluntad como en el cielo.
El manifestar nuestra confianza a Él, conlleva la idea de rendición. De que no seguiremos nuestros caminos sino de ahora en adelante son sus caminos, lo que él disponga para nuestras vidas, como escribió E. E. Van D Edwards, en su famoso himno: «Clavado en Cruz», cito:
No puedo más, me entrego hoy;
sin más tardar, a ti me doy
Y no es de temer sus planes, pero pues siempre son de paz, y no de mal, para darnos el fin que esperamos (Jeremías 29:11). O como reconoció Eli: Jehová es; haga lo que bien le pareciere (1 Samuel 3:18).
Pero el tener confianza en el Señor también conlleva la idea de confesión. Confesar es ponerse de acuerdo, ponerse de acuerdo con Dios, alinearse a los pensamientos y opiniones de Dios, sus opiniones y reacciones contra el pecado, ante la justicia, ante el perdón de los mismos, entre otras cosas. Si Dios dice que el hombre es pecador, confesarle es decirle que tiene razón, que el hombre y, entre ellos, yo el primero de todos (1 Timoteo 1:15), que si afirma que solamente en Cristo hay perdón para el pecador, confesarle nuestra fe en él, es decirle que tiene razón, que recibo y creo que solamente es en Cristo y por eso acudo a él, si el va a juzgar el pecado porque lo aborrece, confesarle es decirle que considero que es así y que es justo al hacerlo y, por lo tanto, acudo a él para el perdón.
¿Ha confiado en él sin titubear, caro lector? ¿Se ha rendido a él? ¿Ha confesado a Jesucristo como Señor y Salvador? Ahí empieza todo y lo primero es lo primero. Si lo ha hecho ya, siga adelante, porque largo camino que resta en su peregrinar, se ha vuelto un peregrino, un caminante que debe caminar.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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