LA DESOBEDIENCIA DE LOS PADRES, PUEDE ALCANZAR A LOS HIJOS.
LA DESOBEDIENCIA DE LOS PADRES, PUEDE ALCANZAR A LOS HIJOS.
Continuación de nuestra serie: LÍMITES EN EL NOVIAZGO.
El personaje del emperador Marco Aurelio, en la película El Gladiador, le dice a su hijo Cómodo, quien no tenía la valentía que se esperaba de él, le dice: «Tus errores de hijo son mis defectos de padre». A veces sucede, que de padres piadosos salen hijos impíos, como de padres impíos salen hijos piadosos; pero, casi siempre, los hijos emulan las conductas de sus padres.
En nuestra historia a la que hemos vuelto, al ir concluyendo, vemos a Dina de no más de 15 años de edad, saliendo a visitar o a ver a las hijas del país, probablemente en una festividad propia de los pueblos, con costumbres y prácticas pecaminosa, una niña queriendo conocer el mundo y aventurandose a hacerlo y le sucede una desgracia. Hamor la deshonra y se acostó con ella. Quisieron remediarlo con el matrimonio, pero solamente se agravó la situación. Pero hay una pregunta más en el aire:
¿Y dónde estaban Lea y Jacob?
¿Dónde estaban sus padres? Los hermanos de Dina salieron en venganza de su hermana, es de aplaudir el que salieran a defender a su hermanita, debieron hacerlo, no con la forma en que lo hicieron pero si con la intencionalidad, deseaban protegerla, demostrarle amor y que no está sola. Siempre se debe apoyar y proteger al más débil en una situación de vulnerabilidad, sea de abusos deshonestos, violación, violencia intrafamiliar, etcétera. Pero no era la responsabilidad de los hermanos de Dina el cuidarla, es una responsabilidad de los padres. Valoramos su deseo de cuidarla y protegerla, pero los padres debieron estar en la primera fila orientándola, protegiéndola, valorándola, no después del suceso sino antes, para no llegar al suceso. Era hija de familia, no nos olvidemos; estando casada, era responsabilidad del esposo primeramente.
Lea pudo decir: Ese Jacob solo en el trabajo, se la pasa, pero era ella la responsable de guiar a su hija, y hay temas propios de mujeres, que entre mujeres se podrían hablar con más confianza y libertad. O Jacob decir, pero tengo que trabajar, que se encargue Lea. Pero la responsabilidad era suya, es cabeza de hogar. Ser cabeza de hogar no es asunto de privilegios sino de responsabilidad. Si tiene éxito o fracaso esa familia, es responsabilidad de la cabeza y el Señor va a llamar a él primero y luego a los demás responsables. Hay algunos ministros que escudándose en el ministerio desamparan a su familia, hubo uno que dijo: «por cumplir el ministerio, hasta he descuidado a mi familia», es un error y casi una blasfemia decir eso, sería como decir: por cumplir la voluntad del Señor he descuidado la otra voluntad del Señor» pues la voluntad del Señor siempre es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). El Señor nunca nos va a orillar a faltar en el cumplimento de su voluntad. Él ha mandado el orden que debe tener, primero la familia y después el ministerio, como está escrito: que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); y, el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía (1 Timoteo 3:4-5; Tito 1:6), y, si falla en este respecto, no es que su ministerio merma, o no tiene mucho impacto o peso, no, nada de eso, sino que queda descalificado, no debe estár en el ministerio sino que debe ir a ministrar a su familia.
¿Cómo podría ministrar a su familia? Básicamente vemos dos, que son, a saber:
- Vida de obediencia al Señor. A Jacob se le dijo: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo y Jacob lo entendió muy bien (Génesis 31:3 y 32:9), luego leemos de su reconciliación con Esaú y después edificó casa en Sucot (Génesis 33:17) y luego leemos en el texto sagrado: Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad. Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien monedas. Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel. Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país (Génesis 33:18-34:1). El mandato no era quedarse en Siquem sino seguir hasta su familia y parentela. Un acto de desobediencia, aunque sea pequeño, puede traer grandes consecuencias, y así sea la desobediencia más pequeña, los hijos la observan como desobediencia y a estas, más adelante lo verán tan común que su mente les hará creer que es normal.
- Predicandoles, indicándoles el camino. De Abraham se dice: Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él (Génesis 18:19). Abraham lo hizo con Isaac e Isaac debió hacerlos con Esaú Y Jacob y Jacob debió hacerlo con sus, al menos, trece hijos.
Atienda bien esto: los hijos de los creyentes, especialmente de los predicadores, deben ser altamente bendecidos de oír el evangelio de primera mano, y de ver el evangelio de primera mano.
No cabe duda que Dina fue responsable en lo que Dina era responsable, sea por imprudencia, inocencia o curiosidad; y Jacob era responsable en lo que, como padre de familia, era responsable, por su negligencia o desobediencia. La una por imprudencia y el otro por negligencia, que no es lo mismo.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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