Y SE ACORDÓ DIOS DE ANA, LA INCOMPRENDIDA.
Y SE ACORDÓ DIOS DE ANA, LA INCOMPRENDIDA.
Continuación de nuestras entregas anteriores: Y SE ACORDÓ DIOS.
Estamos considerando algunas notas breves sobre la vida de Ana, esposa de Elcana y madre del profeta y juez de Israel, Samuel. Es la cuarta persona de quienes testifican las Sagradas Escrituras, que se acordó Dios. Hemos visto algo sobre el entorno su vida familiar, amada por su esposo, sin hijos y su rival la irritaba. Pero hay otro dato negativo en Elcana, veamos
«Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?»
(1 Samuel 1:8)
O sea que el acoso se hacía efecto, pues leemos que lloraba, no comía y se afligía. He dicho esto: «Es responsabilidad de todo esposo sanear el corazón triste de su esposa; pero más responsable es cuando es él mismo la causa de esa tristeza». En el caso de Elcana, no era él el responsable, pues el Señor no le había concedido tener hijos y era Penina la que la hostigaba, pero Elcana, al igual que Jacob con Raquel, en lugar de llevarla al Trono de la Gracia de Dios o al menos consolarla, le da una reprimenda: «¿no te soy yo mejor que diez hijo?». Estos diez hijos no significa que diez hijos quería Ana, sino que es un número indeterminado, podríamos decir: ¿No te soy yo mejor que una familia muy numerosa?». Y no, no es mejor, el amor de esposo no es lo mismo de la maternidad. Tampoco estoy afirmando que los hijos deben ser prioridad sobre el esposo, pues ambos deben preferirse. El amor de hijos no está para suplir el amor del esposo y viceversa, por eso, otra cuando una esposa se refugia en los hijos el esposo debe ver su papel, como amante de su esposa (léase Efesios 5:25-33). Espero darme a entender y que usted sea lo suficientemente espiritual para tener un equilibrio.
Ana vivía con todo el amor pero no era comprendida. Hostigada por su rival, incomprendida mas adelante por su líder espiritual, su mismo sacerdote, para que se una la incomprensión de su esposo. El apóstol Pedro enseñó que quienes se pueden casar son los sabios, claro que si, ellos deberían de casarse y no los necios, según esta escrito: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo (1 Pedro 3:7), dice sabiamente o con sabiduría.
A veces la esposa no necesita cosas materiales y tal vez ni grandes sacrificios de parte de su esposo, aunque los valora, sino que este esté a su lado, necesita su comprensión, y, claro, amor, mucho amor, saber que es entendida y valorada. ¿Las cosas materiales? claro, que vengan después.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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