Y SE ACORDÓ DIOS DE RAQUEL, LA QUE APRENDIÓ LA LECCIÓN
Y SE ACORDÓ DIOS DE RAQUEL, LA QUE APRENDIÓ LA LECCIÓN.
Continuación de nuestras once entregas anteriores: Y SE ACORDÓ DIOS.
Estamos considerando algo sobre la vida de Raquel, la esposa de Jacob, ella es la tercer persona de quien leemos que se acordó Dios, según leemos en Génesis 30:22: Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos.
Así como leemos de dos hombres, ahora vemos a una mujer en nuestro listado, o sea que no hay preferencias, Dios se acuerda de hombres y de mujeres, de hecho, en su presencia, para los que de Cristo estamos revestidos (Gálatas 3:27) leemos que Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:28).
¡Qué mujer de fe! – podríamos exclamar respecto a Raquel o turbarnos porque vemos que a la primera se le concede un hijo y nosotros llevamos tiempo con alguna petición en particular, pero no siempre fue así en el caso de Raquel. Ella vacilo en su fe, como muchos justos de la antigüedad y de nuestra era, en el caso de Raquel, no sabemos si influyó el contexto familiar y cultural donde se creció, pero vaciló en su perspectiva, como todos nosotros lo hemos hecho, pero podemos corregir en cuanto a la fe, a la perspectivas, a lo doctrinal, basta con volvernos al Señor. Leemos de esta flaqueza en Raquel en el Génesis 30:1:
«Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.»
Pobre Raquel, en qué amargura debió haberse encontrado durante varios años, qué sufrimiento y en soledad, tenía el amor de su esposo pero no se sentía plena, no tenía descendencia, no podía darle hijos a Jacob, hasta ahí, no había colaborado en construir la casa de Israel. Vemos que la motivaba causas erróneas y/o ponía su vista en lo erróneo y, a más de eso, con actitudes erróneas. Veamos algo al respecto:
Raquel acudió a la persona equivocada.
En lugar de doblar rodillas e ir al trono de la gracia, como lo hizo después, va a su esposo a reclamarle: ¡Dame hijos! – decía. Y con amenazas aún: ¡o me muero! Tener esta actitud ante Jacob está mal, pero se ven peor las personas que la tienen ante Dios mismo. Hubo una insensata, de nombre Christine D’ Clairo, que se hace llamar pastora o profeta o algo, que oró diciendo: «¡y no aceptamos un no como respuesta!», esta oraba porque se sanará de cáncer una persona a quien reconocen ellos como salmista de nombre Julio Melgar y Julio Melgar siempre murió (No nos alegramos porque murió Julio Melgar o pretendamos ridiculizar a esta fulana y sus remedos que oraron así, sino queremos exponer sus actitudes llenas de soberbia).
Es algo necio acudir en oración a la persona equivocada, más necio aún es acudir con una actitud equivocada, aunque sean ante la Persona correcta.
La respuesta de Jacob, teológicamente, es acertada, pues le dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?, pero completamente un desacierto en la práctica espiritual, por ser cabeza, por su liderazgo espiritual, Jacob actuó completamente diferente a su padre Isaac quienes tuvieron el mismo problema con Rebeca, su esposa, según leemos en Génesis 25:21: Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Ambos estaban mal pero el responsable era Jacob por no orientar a su esposa al respecto.
Raquel se llenó de un sentimiento equivocado.
Leemos que tuvo envidia de su hermana. Pensaba en ella misma, la envidia va más allá de desear poseer lo que otros tienen, muchas veces se ve en que deseamos que los otros no tengan lo que tienen. O sea, no es tanto que yo lo desee para mi, me basta con que él no lo tenga.
Esa es la razón por la que el Señor prohibió, en la ley de Moisés, que un hombre tomase a dos hermanas por mujer (Levítico 18:18).
Esta era otra actitud errónea en Raquel, todo era por envidia, rivalidad y ganar. Era plenitud personal y no pensaba en la gloria ni en la voluntad del Señor.
Raquel acudió a la práctica de aquellos tiempos.
En el versículo 3 la vemos acudiendo a la práctica de los tiempos que consistía en dar a una esclava a su esposo para que tuviese hijos de él y que, al momento de dar a luz, lo haría a su pies o en las rodillas de su ama y los hijos serían de ella. Esa fue la práctica a la que acudió Abraham por sugerencia de Sarai su mujer, quien le dio a Agar y de donde nació Ismael. No cabe duda que el Señor es soberano y uso esas prácticas para el nacimiento Dan y Neftalí.
Tengamos mucho cuidado, porque a malos enfoques y malas actitudes, malas decisiones y malos resultados; pero al volvernos al Señor se corrigen nuestros malos enfoques por la convicción de su Palabra, volverse al Señor es la clave.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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