La Comunión en la Sangre y el Cuerpo de Cristo
NUTRICIÓN ESPIRITUAL
“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”. – 1 Corintios 10:16
La copa es de bendición, en el sentido de representar las bendiciones del Nuevo Pacto; por consiguiente, representa la comunión de la sangre de Cristo, lo que equivale a recibir los beneficios salvadores de Su sacrificio, que siendo de valor infinito, no disminuye en razón de los que tienen comunión en ellos.
La sangre de Cristo, en sentido del valor de Su sacrificio, es aplicada a cada creyente (1 P. 1:2). Su sangre derramada, que es el símbolo de Su vida entregada, ya que la vida en la sangre está, limpia de todo pecado (1 Jn. 1:7).
La iglesia fue comprada al precio de la sangre de Cristo (Hch. 20:28; 1 Co. 6:20; 1 P. 1:18–20). La comunión con Dios es posible por la aplicación del valor redentor de la obra de la Cruz (Ef. 2:13).
La responsabilidad penal por el pecado queda abolida por la obra de sustitución y, con ello, garantizada eternamente la salvación al desaparecer el elemento de condenación, cuyos efectos llevó Jesús sobre Sí mismo en la Cruz (Ro. 8:1). La paz con Dios se produce en base a la sangre de Cristo, en el sentido de obra expiatoria por el pecado (Col. 1:20). Por la sangre de Cristo se obtiene eterna redención (He. 9:12).
Esta comunión con Jesucristo consiste en una vinculación con Él en Su carácter, sufrimiento y gloria (Gá. 2:20; Fil. 1:21). De ahí la necesidad de un autoexamen cada vez que se participa de la copa, en el sentido de asegurar una limpieza íntima y no estar incluso en pecado sin confesar.
Si la sangre es símbolo de la vida del Salvador, “el cuerpo de Cristo” es el vehículo de la humanidad del Hijo de Dios, provista por Dios mismo (He. 10:5–7). El Padre le apropió cuerpo para que se hiciese carne (Jn. 1:14). La entrada de Cristo en el mundo tiene una enorme dimensión, ya que se trata de la entrada de Uno de la Trinidad en la experiencia de las limitaciones de la criatura mediante Su encarnación.
El cuerpo entregado indica el sacrificio voluntario en expiación por el pecado (He. 10:10). El sacrificio permite al creyente acceso libre a la presencia de Dios (He. 10:19, 20). Cristo fue puesto en el altar como sacrificio propiciatorio (Ro. 3:25). Por la fe se entra en relación con Cristo en plena identificación con todo lo que tiene que ver con la obra de redención, unidos vitalmente a Él en Su muerte y en Su resurrección para nueva vida (Gá. 2:20). Esta fe permite apropiarse de los beneficios de la obra redentora del Hijo de Dios. Cuando se parte el pan, la figura de la identificación, de la plena comunión con Cristo en Su obra, se hace expresiva.
REUNIDOS CUAL HERMANOS
Reunidos cual hermanos
En la cena del Señor;
Comunión ya disfrutamos
Rodeando al Salvador.
Recordámosle en su muerte,
Y la sangre que vertió;
Celebramos hoy la fiesta
Que Jesús instituyó.
Disfrutamos Su presencia,
Alabamos al Señor;
Ya no muertos, mas en vida,
Nos gozamos en Su amor.
Saludos cordiales 🙋🏻♂
𝐻𝓃𝑜. 𝒪𝓈𝒸𝒶𝓇 𝒪𝒸𝒽𝑜𝒶
