SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO – Parte 6

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SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO – Parte 6

Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

  Bendiciones del Señor a todos ustedes, mis queridos caminantes, fieles siervos del Señor en su propio peregrinar, peregrinos de pies hermosos que escucharan la amorosa expresión de nuestro Señor: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor».

  De esta forma les doy la bienvenida a este su humilde espacio de meditación de la Palabra de Dios. Estamos considerando un aspecto más en la vida de Bernabé, quien recibió el mote de «el hijo de consolación»; en realidad este aspecto en su vida es algo a pesar de la gracia de Dios. Leamos nuestro ya relacionado pasaje de Gálatas 2:13

Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.

  Surge otra u otras preguntas para aplicación nuestra en este contexto de la represión y condena que cara a cara y delante de todos hizo el apóstol Pablo a su homólogo, el apóstol Pedro (vrs. 11,14), quiere decir esto que hizo una confrontación directa, abierta, sin intermediarios y en público. Veamos algunas preguntas, por ejemplo:

1. ¿Por qué el apóstol Pablo no aplicó la enseñanza del Señor Jesús según Mateo 18:15?

2. ¿A caso no falló ahí Pablo? Máxime que él mismo reconoce que le dijo «delante de todos». Otras preguntas,

3. ¿Acaso no faltó también en el texto que dice no reprendas al anciano?

4. ¿O aquel de no juzguéis para no ser Juzgados?

  El texto de 1 Timoteo 5:1 no aplica ahí porque se refiere a los ancianos de edad avanzada, a los ancianos u obispos se menciona en el v. 17, pero también dice de ellos que a los que A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman (v. 20). O sea que un anciano no se escapa de la disciplina eclesial cuando ha estado involucrado en un pecado o se ha desviado. Es obvio que esta disciplina la hacen sus demás consiervos los ancianos. Ojo con esto, pues no hay asidero bíblico para que diáconos, ministros o jóvenes apliquen disciplina a los obispos en la asamblea.

  El pasaje de Mateo 7:1 tampoco aplica, porque la prohibición no recae en el acto juzgar sino en juzgar hipócritamente (vrs. 2-5), a la iglesia de Corinto Pablo les enseñó que la iglesia debe juzgar a los dos o tres profetas que hablan en el culto público (1 Corintios 14:29). Entonces la cantaleta de muchos de «no juzguéis para que no seáis juzgados», que muchos lo usan más bien para su protección, como una especie de antejuicio o, mejor dicho, de impunidad a todas sus aberraciones, y tampoco tiene fundamento bíblico.

   Y en cuanto al por qué Pablo no lo reprendió en secreto, le presento dos razones importantes para el actuar de Pablo:

1. Porque la ofensa fue en público. Entendiendo que no fue una ofensa a Pablo sino a la verdad del evangelio y esto lo hizo Pedro en público; pero, como Pablo amaba el evangelio, estaba dispuesto a defenderlo y aun a costa del desapareció o con su vida misma.

  Muchos observaron su conducta y no solamente escucharon su enseñanza que no concordaban entre sí. Su conducta era vista por todos y se iba a quedar en la mente de sus oyentes.

  Se dice que en un predicador su actuar es más importante que solo hablar, hay algunas razones para ello, por ejemplo,

• Porque el predicador debe ser un ejemplo viviente. Pablo le dijo a Timoteo: «Pero se ejemplo de los creyentes»; a Tito «presentándote tú como ejemplo de buenas obras»; y Pedro también aconsejó a sus consiervos los ancianos: «siendo ejemplos de la grey». Las personas creen más en alguien que vive lo que enseña. Un predicador que actúa con integridad inspira más confianza y respeto. Le parafraseo un comentario de John MacArthur al respecto, «Si somos imperfectos aun, se esperaría que quienes nos pastoreen sean menos imperfectos que nosotros». Y en ese momento las acciones del apóstol Pedro estaban dejando más dudas, estaban perturbando e inquietado, tal cual lo que provocaban los falsos hermanos introducidos a escondidas (Cp. Gálatas 1:7; Hechos, 15:24).

• Porque el predicador debe dar un testimonio real. Se dice que las acciones hablan más fuerte que las palabras. Un mensaje poderoso se debilita si la conducta del predicador contradice lo que dice. Conductas así en un político se condenan, pero a los cuatro años como que los votantes tienen lo que denomino una amnesia electoral y se les olvida y lo vuelven a elegir; pero en un predicador no sucede así, probablemente los defiendan los idolatras que han hecho de él «un becerro de oro»; en estos no solamente es de condenar entre los hombres sino que el Señor los aborrece y no se agrada de ellos, como está escrito en Salmos 50:16: Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca?. Pero, ¿Por qué el Señor reprende a los tales? ¿Acaso no le agrada que hablemos de su ley? Claro que si le agrada y hasta lo ha mandado (cp. Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Lo que pasa es que estos lo hacían sin aceptar la corrección que ella misma les hacía y que ellos primeramente debían observar en sus vidas y luego predicarlo a los demás (vrs. 17-21), o sea que dicen y no hacen (Mateo 23:3).

• Porque el predicador debe tener una influencia a priori y a posteriori de la predicación. Es decir, antes y después de la predicación, eso sería una influencia duradera. Con las palabras podemos emocionar a nuestra audiencia en el momento de una disertación, pero las acciones dejan huella y motivan a otros a imitar buenas conductas. A los tales el apóstol Pablo los espetó en Romanos 2:21-22: Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

  Ahora bien, y equilibrio en esto por favor, eso no quiere decir que hablar no sea importante, porque un predicador necesita comunicar con claridad su mensaje. Debe hablar claro, para no crear confusión; debe hablar despacio, para que se le entienda; debe hablar poco, para que su audiencia se quede con ganas de oírlo más. Pero si no hay coherencia con sus actos, el mensaje pierde credibilidad y toda técnica acumulada por la homilética, no le sirve de nada; y, hay otra razón por la cual Pablo reprendió públicamente a Pedro,

2. Porque el hechor es de gran influencia en la asamblea. Pablo mismo señaló Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman (1 Timoteo 5:19-20). Así como se resguarda a un anciano de falsas acusaciones, así también se le reprende cuando persiste en su pecado. Ese reprender es delante de todos y es con el propósito de que los demás también teman. La mejor disciplina preventiva es la disciplina punitiva. A los de Creta, Pablo dice que debían de ser reprendidos duramente para que sean sanos en la fe (Tito 1:13). Claramente hay que distinguir a estos con los falsos profetas que enseñaban por ganancia deshonesta lo que no conviene (v. 11).

Entonces, se trataba de falsa doctrina, entonces debía ser reprendido; también Pedro era y es de influencia en la iglesia, entonces debía ser reprendido.

  Imagínese que Pablo hubiese callado y no lo hubiese reprendido, qué gran daño le hubiese causado al evangelio, y a Pedro mismo, pues, está escrito: Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece (Proverbios 27:5-6) y Pablo se hubiese convertido en su cómplice (Co. Ezequiel 3:18-21). O imagínese que lo hubiese hecho en secreto. En ese caso también le hubiese hecho gran daño al evangelio pues nadie se habría de enterar de esa llamada de atención, entonces muchos se hubiesen ido con esa enseñanza y hasta hoy, o existirían dos facciones dentro de la iglesia o tendríamos hasta hoy un evangelio adulterado, sin la verdad del evangelio, que eso es lo que Pablo defendió (Gálatas 2:5).

  El mal ejemplo del apóstol Pedro, que, por temor a la presión de otros, fue de mal ejemplo a muchos, entre otros, a Bernabe, un líder respetado, que se dejó arrastrar pero que, a su vez, él mismo afectó también a otros, indudablemente.

  Quiero que note algo. Al parecer Pedro guardó silencio, Pedro aguantó la llamada de atención hecha en público, se sonrojó, claro está, pero parece ser que permaneció callado y años más tarde, muy humilde él, reconoce la autoridad apostólica de Pablo y reconoce que sus escritos están a la altura de las otras Escrituras, las del antiguo testamento (2 Pedro 3:15-16). De Bernabé, nada puede decirse en defensa de su conducta ni hay excusas para la misma.

  ¿Usted sí tendría alguna excusa para algún desliz suyo, sea por falta de enseñanza o algún otro pecado moral u otro? ¿Será que al presentarme al Señor me acepta algo así como «es que mi esposa no me atendía», o echarles la culpa a los hermanos, o a Satanás, o a Dios mismo por un desliz mío? Yo tampoco lo creo.

  Si mi fidelidad es un trato entre el Señor y yo, ergo, mi fidelidad no depende de la fidelidad o infidelidad de otros.

¿Caminamos caminante?  Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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