SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO – Parte 4
SALVADO, PERO NO PERFECCIONADO – Parte 4
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor queridos caminantes, dignos representantes de la Iglesia Militante que vamos a la Patria Celestial. Continuemos viendo la reprensión que el apóstol Pablo le hace al apóstol Pedro y que, de manera indirecta, es una represión también para nuestro personaje, el hijo de consolación. Volvamos a leer en Gálatas 2:13. La Biblia dice así:
Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.
A la actitud de Pedro eso es lo que denomino el temor mal sano. Es que hay dos tipos de temores. Las Escrituras nos mandan a que tengamos temor y nos prohíben a que tengamos temor, le explico. Las Escrituras nos mandan a que tengamos temor de Dios (Mateo 10:28), de hecho, se presenta como el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7), ese es el temor correcto; pero también nos manda, entre otras cosas: No temáis, estad firmes (Éxodo 14:13); de hecho, es la resolución o debe ser la resolución de todos los piadoso, como está escrito: de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre (Hebreos 13:6), pero esta confianza es por el carácter y promesa del Señor (v. 5).
De manera que el temor mal sano es aquel que no le tenemos a Dios sino a otras cosas, sea al diablo, a los demonios, al tiempo sea pasado, presente o el porvenir, a las circunstancias, a la naturaleza, al hombre mismo, etcétera, es el temor que no está puesto en Dios. Este tipo de temor es falta de fe. Vemos en Mateo 8:26 que el Señor reprendió a sus discípulos precisamente por este tipo de temor, como está escrito: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
Pedro, en ese momento, tenía ese temor mal sano y por eso lo llevaba a tomar esas actitudes en contra de los hermanos de origen gentil y contra la doctrina de la sola fide que el Espíritu Santo ya había revelado, que no es más que la fe está sola, sin mérito de condigno, cuando recibimos la justificación, es esa declaración judicial de parte de Dios de justos por la justicia del Justo, como está escrito: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21); esto está relacionado también con la suficiencia de Cristo y Su sacrificio, por eso se dice, Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. A esto estaba faltando ese evangelio diferente u otro evangelio (1:6-9) y a él estaban siguiendo los judaizantes al creerlo y promoverlo y a él se estaban asociando Pedro con sus acciones y también Bernabé al dejarse arrastrar por las conductas.
Volviendo a la represión del apóstol Pedro, e indirectamente a Bernabé, quienes se estaban comportando a pesar de lo que la gracia de Dios estaba dictando, y para no acusar falsamente al apóstol, veamos lo que dice el texto:
Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión (v. 12).
Dice el texto algunos de parte de Jacobo. En esta primera parte de mi entrega el día de hoy quiero abogar un poco a quien fungía como una de las columnas de la iglesia en Jerusalén, juntamente con Juan y Pedro, este es, Jacobo.
¿Sería así que estos fanáticos de la circuncisión iban de parte de Jacobo? ¿O será que ese grupo se aprovechaba del liderazgo y del carácter fuerte, firme, muy ceremonial y religioso de Jacobo? A juzgar por su epístola si lo vemos así en su carácter, firme, fuerte, religioso, con él no habían medias tintas, o se es o no se es; pero ese carácter no es exclusivo de Santiago, también Pablo, Pedro y otros más.
Un punto en contra para Jacobo podría ser que el texto lo dice que «iban de parte de Jacobo»; pero, y es lo más probable, que Pablo repitiera lo que ellos afirmaban al entrar a Antioquía. Tenemos que ver el cuadro completo porque hay puntos a favor de Jacobo, de hecho, no creo que esta facción haya sido liderada ni mucho menos enviada por él.
Lo más que puede deducirse con seguridad acerca de esos que llegaron “de parte de Jacobo”, es que eran miembros de la iglesia de Jerusalén, presidida, como ya lo dijo Pablo en versículo 9, por Jacobo, Cefas o Pedro, y Juan que eran considerados como columnas de la iglesia. Pero el texto no nos dice que efectivamente él los envió; es decir, aparte de lo dicho por Pablo no hay un pasaje que se afirme que sí lo hizo, es probable que se hayan aprovechado de su nombre, carácter y autoridad. Entonces no se puede afirmar que llegaron con una autorización oficial de parte de Jacobo.
Es evidente que sí, efectivamente representaban a los partidarios de la circuncisión, a la facción de «algunos de la secta de los fariseos que habían creído» (Hechos 15:5); pero vea, y es el punto fuerte a favor de la inocencia de Jacobo y de cómo se usaba su nombre y todo lo que representaba, para los intereses de los judaizantes mismos, y es que Jacobo los desmiente, según leemos en el versículo 24: Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley. Es decir, los apóstoles y entre ellos Jacobo también, no habían autorizado su salida hacia las iglesias de la gentilidad, no dimos orden, dice específicamente el texto.
Es probable, entonces, que hubieran ido a Antioquía sin la aprobación de Jacobo y demás apóstoles, pues, de ser así, es seguro que no habrían contado con su autorización para fomentar dificultades, ya que en las observaciones que Jacobo presentó en el concilio había demostrado su sincero deseo que hubiera armonía entre los creyentes sea el judío y también el de origen gentil (Vrs. 13-21).
En todo caso, identifica a estos que iban de Jerusalén a Antioquía con «los de la circuncisión», o los judíos, «fanáticos de la circuncisión» (Dios Habla Hoy), o «Los que afirman que es necesario circuncidarse» (Nueva Biblia Viviente). Una facción qué había alcanzado gran influencia dentro de la iglesia en Jerusalén y si qué la alcanzaron pues al mismo Pedro y a Bernabé hicieron tambalear.
Dejemos a Jacobo, que no estaba en Antioquía para defenderse y ni aquí y volvamos a la actitud de Pedro.
Dice el texto que comía con los gentiles. Vea su libertad en Cristo, vea el actuar hermoso cuando alguien anda libre de reglas religiosas que separan a los hijos de Dios, libre de querer agradar a los hombres, libre de temores mal sanos, pues comía con los hermanos de origen gentil; el comer en la Escrituras nos denota que tenían comunión, las comidas en aquella época no se hacían en mesas como hoy día lo hacemos, se hacían en el piso y casi recostados, de tal manera que la cabeza de un comensal se encontraba a la altura del pecho del otro comensal (Cp. Juan 13:23, 25); tenían una cercanía, una intimidad, no había lugar a escrúpulos, estos creyentes vivían y experimentaban cotidianamente el Salmo 133, en donde leemos en el versículo 1: ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! y el Señor se agrada de eso (vrs. 2-3).
En el caso de Pedro, antes de la visión que tuvo en Hechos 10 y de lo que le sucedió en la casa de Cornelio, Pedro no se hubiera relacionado con los gentiles, como buen judío, como luego lo hizo en Antioquía como lo testificar esta parte del versículo; en Hechos 10 el Señor lo tuvo que preparar personalmente antes de que llegarán los mensajeros de parte de Cornelio. Según testificó el mismo Pedro de lo sucedido es que se llevó a seis hermanos (11:12), ¿por qué se los llevó? No cabe duda que fue como testigos, es probable que sea por la enseñanza del Señor cuando los mandó a predicar de dos en dos (Lucas 10:1); o, más bien, por la precaución de los otros judíos, por si en esa visita lo acusasen de algo en cuanto a su relación con aquellos gentiles a donde entró por mandato mediante visión del Señor.
De ser así, esta acción refleja su temor de que los hermanos de Jerusalén vacilarían en aceptar su testimonio si hubiera ido solo, ante una acusación de hacer algo que religiosamente no le era permitido como judío ante un creyente de origen gentil. Aquí su precaución estaba justificada, no había habido dirección del Señor en cuanto a esto o no se había dado la oportunidad de tomar decisión en cuanto a ello.
Pero además de la visión y la orden expresa del Señor de lo que Dios limpió no lo llames tu común (10:15), común del griego koinos que es impuro o no consagrado; pero, además, después de la manifestación de Dios con el derramamiento del Espíritu Santo, bautizado a los que creyeron a un mismo cuerpo, manifestación de la aprobación de Dios de que en medio de los gentiles hay un pueblo quienes deben salir de entre los pecadores para formar ese pueblo.
No cabe duda que el apóstol quedó convencido de la legitimidad de la aceptación de los gentiles en la asamblea cristiana. Pero se confirma esto cuando en el concilio de Jerusalén no impone otra carga más a los gentiles que habían creído (Hechos 15), sino de ciertas abstenciones para su vida de santidad y no para su justificación. Ya no había lugar para dudas en cuanto a este asunto. Por lo tanto, cuando Pedro fue a Antioquía se sintió libre para unirse con sus hermanos en compañerismo con los creyentes gentiles. ¡Gozaban de la gracia del Señor Jesucristo, del amor de Dios, y de la comunión del Espíritu Santo! ¡Amén! (paráfrasis para aplicación de este estudio de 2 Corintios 13:14).
¿Pero qué pasó después? ¿Cómo ese cambio? Dice que Se retraía y se apartaba cuando llegaron los judaizantes. Esta separación es más que romper relaciones sociales, en realidad estaba afectando la doctrina y la podía afectar por siempre, hasta hoy en día de no haberse corregido (Gálatas 2:5). La razón es porque tenía miedo de esos judíos que afirman que los que no son judíos también tienen que ser circuncidarlos (Palabra de Dios para Todos). El apóstol, probablemente, para evitar tener dificultades, procuró no tener más conflictos con los hermanos judaizantes quienes, más bien, eran falsos hermanos introducido a escondidas para espiar la libertad en Cristo de los creyentes (2:4), personas que habían llegado de Jerusalén. Eran los mismos o pertenecían al mismo grupo que había creado problemas en Antioquía tiempo atrás, también en el concilio y, al parecer, seguían insistiendo después de la resolución del mismo, en realidad no querían ceder debido a esa influencia que les habían concedido.
¿Pero temor a qué fue el que invadió a Pedro? No cabe duda que era el juicio o la desaprobación de los de la circuncisión; pero al procurar la aprobación de ellos obtendría la desaprobación de Dios; y viceversa, al buscar agradar a Dios y predicar y comportarse conforme al verdadero evangelio, se ganaría la desaprobación de los hombres (cp. 1:10).
En todo caso siempre va a tener la desaprobación de alguien. Es que o estamos en colusión con Dios, su Cristo y su palabra y, por lo tanto, estamos en colisión con el mundo, nuestra carne y satanás y sus falsas doctrinas. O estamos en colisión con Dios y su sana doctrina y en colusión con satanás y sus falsas doctrinas; o estamos en colusión con Dios y en colisión con el diablo, no hay término medio. Colusión y colisión riman, pero no es lo mismo y se oponen entre sí.
Probablemente pensó en que, así como lo cuestionaron los de la circuncisión después de entrar con los gentiles (11:2-3), así esta vez lo habrían de cuestionar también cuando volviese a Jerusalén. Y para evitarse todo esto cedía a la presión y mejor no se relaciona con los creyentes gentiles; o sacrificaba a sus connacionales los judaizantes o a sus hermanos en la fe de origen gentil. Y le era más fácil sacrificar a sus mismos hermanos que a los falsos hermanos introducidos a escondidas para espiar la libertad en Cristo de los creyentes. ¡Abrase visto!
El temor es estar esclavizado; sea el temor correcto qué nos haría siervos de Cristo; o el mal sano, que nos haría siervos de aquello a quien tememos. Entonces Pedro no tenía libertad, sino que lo tenían atrapado, esa libertad en Cristo ya no la estaba viviendo por el temor al qué dirán, por el temor al hombre, por ganar el favor de los hombres y no buscar el favor de Dios, como está escrito: Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gálatas 1:10).
Continuará, Dios mediante. Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
