CONTINUANDO EN SU MISION – Parte 1
CONTINUANDO EN SU MISION, PARTE 1
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, querido caminante, miembro de la iglesia Militante, que vamos a la Patria celestial. Sea bienvenido a este su rinconcito espiritual, hecho con amor, amor al buen Nombre de nuestro Señor y amor a usted.
Consideremos otro aspecto que la gracia de Dios logró en la vida de nuestro hermano José, el levita de Chipre, a quien los apóstoles llamaron Bernabé, que traducido es EL HIJO DE CONSOLACIÓN. Esta vez avanzamos a Hechos 15:35, en donde leemos la Palabra de Dios:
Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.
Bernabé y Pablo, como apóstoles a los gentiles, salieron para ir a publicar la disposición que en Jerusalén habían tomado juntamente con el claustro de los apóstoles. Quiero que resalte algo, no fue Pablo solo en Antioquia quien decidió sobre la controversia, no fue solo Pedro en Jerusalén, ni siquiera Pablo, Pedro y Jacobo solos, sino que «fueron a tratar esta cuestión», es decir, fueron a discutir sobre este debate con los demás apóstoles y ancianos que estaban en Jerusalén, en conjunto, Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto, declara Lucas. Por eso, con seguridad podemos afirmar que perseveramos «en la doctrina de los apóstoles», no en la barca de San Pedro» o de Andrés u otro apóstol, sino «en la doctrina de los apóstoles» «en el fundamento de los apóstoles y profetas» (Hechos 2:42; Efesios 2:20).
Y la Iglesia en Jerusalén decidieron enviar a dos varones con ellos, a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos (v. 22). Con la expresión «varones principales», que usan para designar a estos siervos, nos da a entender que eran hermanos con autoridad e influencia en la iglesia, hombres de liderazgo. Y con la expresión «entre sus hermanos», nos sugiere que su liderazgo no era impuesto, no era por pertenecer a las familias ricas de la comunidad, o cosas políticas, ¡no había nepotismo dentro en la iglesia de ese entonces, como no debe haberlo el día de hoy! Por cierto, la culpable de introducir el nepotismo en la iglesia fue el catolicismo romano, de hecho, a ella se debe el término nepotismo, la enciclopedia en línea «Concepto», dice al respecto, abro cita: «El término nepotismo proviene de la palabra italiana nepote, que a su vez del vocablo en latín nepos, que se traduce como «sobrino» o «nieto». Se popularizó durante finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento, ya que existía la tendencia entre los papas de la iglesia católica asignar los altos cargos eclesiásticos (especialmente los de cardenales) a sus parientes. Además, otorgaban diversos títulos y tierras a los descendientes de las familias nobles, pues estas eran influyentes en la curia romana» fin de la cita.
Pero estos eran hermanos reconocidos entre los hermanos, en el versículo 32 leemos que eran profetas.
Ahora, ¿por qué los enviaron junto con los apóstoles? Para que se dé buen testimonio y para ser testigos de todo lo actuado en Jerusalén, no se olvide que las Escrituras establecen que por boca de dos o tres testigos se decidirá el asunto (Deuteronomio 19:15), en Jerusalén hubieron muchos presentes, pero bastaban estos dos ante los hermanos gentiles, pero era necesario que sean testigos fieles, pues El testigo verdadero no mentirá; más el testigo falso hablará mentiras (Proverbios 14:5), por eso escogieron a unos «varones principales entre los hermanos».
O sea que no solamente llevaban la carta, sino que se hicieron acompañar de dos testigos para dar fe de la legitimidad de todo lo actuado, para autenticar el mensaje, para evitar malos entendidos y disputas y fortalecer, animar, consolar y confirmar a los hermanos «con abundancia de palabras».
En el versículo 33 leemos que «pasaron algún tiempo allí», no se nos especifica el tiempo, pudo haber sido de semanas o algunos meses, si lo comparamos con el inicio del segundo viaje misionero de Pablo que está en el contexto del mismo capitulo.
La expresión «fueron despedidos en paz por los hermanos», no significa solamente gesticular con el mano acompañado de alguna palabra como adiós que les vaya bien, a ver cuándo vienen otra vez. Implica que se organizaron para dar una despedida con gratitud, armonía, bendiciones, deseándoles bienestar en su regreso a casa. En Hechos 21:5-6 vemos todo un protocolo amoroso, no frío, de una despedida a un hermano en Cristo que vino a nosotros y debe irse; y en Tito 3:13 dice Pablo: encamínales con solicitud, de modo que nada les falte. El término griego para encamínales es propémpo, que significa «enviar adelante, escoltar, o ayudar para el viaje» (Strong), también es «proveer lo necesario para un viaje» (Tuggy). Este trato debe ser como es digno de su servicio a Dios (3 Juan 1:6) 1 dice que los despidieron «Para enviarlos a quienes los habían enviado», obviamente se refiere a Silas y a Judas regresando a Jerusalén quienes los enviaron para acompañar a los apóstoles, y no a Pablo y Bernabé que fueron enviados a Jerusalén por la iglesia de Antioquía para ponerse de acuerdo con todos los apóstoles.
Note algo interesante, no leemos que Pablo y Bernabé hayan ministrando en Antioquía en tanto que Silas y Judas estuvieron ahí (v. 32) y cuando se fueron, al menos Judas, entonces retomaron el ministerio. O sea que la práctica nuestra de dar la palabra a ministros de buen testimonio que nos visitan está aquí, no es invención de alguien, porque es parte de la cortesía entre ministros y de la asamblea, de tal manera que al haber un visitante y un local corre al púlpito evidencia una falta de comunicación y falta de enseñanza entre los locales o falta de armonía con el visitante. Es obvio que la iglesia local se reserva el otorgar el púlpito a quienes anden «desordenadamente» (cp. 2 Tesalonicenses 3:6-7).
El versículo 34 es significativo porque está introduciendo a Silas en su papel que más adelante habría de desempeñar como compañero de Pablo, al punto de ser de influencia, no solamente en la asamblea en Jerusalén sino de todas las iglesias locales y, me atrevo a afirmar, la iglesia hasta hoy.
Y, llegamos a nuestro versículo de hoy, Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. Vea el ministerio completo que tenían estos varones de Dios, resalte, por favor, que predicaban y enseñaban, y esto con muchos otros. Pero abordaremos esto en una próxima oportunidad cuando el Señor nos conceda meditar en Su palabra, por el momento que el Señor bendiga su palabra en nuestros corazones.
Amén, y amén.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
