DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA – Parte 7

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DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, 7
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

Bendiciones queridos caminantes, hijos de Adán que se han hecho como forasteros en la tierra, y como caminantes que se retiran solo para pasar la noche en este mundo, por cuanto que gozan del privilegio de haber sido hechos hijos de Dios al haber recibido al Señor Jesús y haber creído en Su nombre. Les doy la bienvenida a este su rinconcito teologico, en donde meditamos la bendita y santa palabra de Dios. Para el efecto le invito a que volvamos a leer en Hechos 15:5. La Biblia dice asi:

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Averiguemos brevemente quiénes son estos que habían creído y que se levantaron como contraparte de los apóstoles, queriendo pervertir el evangelio; conocerlos no tanto en su persona sino su trasfondo teológico. Antes de analizarlos brevemente, permítame señalar que todos tenemos un pasado, nadie puede negar su antes y después de Cristo, pero una vez venidos a Cristo, somos eso, somos de Cristo, nos identificamos con Cristo, somos cristos pequeños, somos cristianos y esa identidad va a prevalecer sobre nuestra antigua identidad a tal punto de que llegará un momento de que quedará desplazada esa antigua identidad. Pablo hizo referencia a su otrora corriente teológica, pero para resaltar lo insuficiente que fue ante la suficiencia de Cristo, y hasta señaló su pedriguí religioso en el judaismo, pero no como algo que aun lo identificaba, sino como que era ganancia, como lo más valioso y sublime pero que ahora es estimado como pérdida, como menos que nada, «por amor de Cristo». En Hechos 6:7 leemos que «muchos de los sacerdotes obedecían a la fe», pero no vemos que se les siga relacionando más con su antigua vida religiosa, de ahí en adelante eran cristianos.

Pero de estos, nos parecen indicar las palabras del texto que aún se identificaban con el fariseismo y no lo quisieron abandonar. Veamos algo de ellos entonces y entendamos la influencia que llegaron a tener en la iglesia de Jerusalén. Me he apoyado en Wikipedia y en el World History Enciclopedia en línea y, sobre todo, en la Sagrada Biblia, para presentarles este resumen:

Su surgimiento:

Los fariseos fueron una de las principales sectas o grupo religioso con tendencias políticas dentro del judaísmo en la época denominada del Segundo Templo (aproximadamente del siglo II a.C. al siglo I d.C. Específicamente el año 70). Es interesante saber esto porque la época en que surgieron fue en pleno momento de la helenización de los judíos, es decir, cuando los judíos corrían peligro de adquirir las costumbres y corrientes filosóficas del pensamiento griego. Cuando se necesitaba que, tanto los que fueron llevados al exilio como los que se quedaron en la tierra prometida, aprendieran la lección de que fue su idolatría, infidelidad y apostasía, la que los llevó a esa disciplina; era la época crucial en que debían de volverse al Señor. Fue tal el peligro de su decadencia que, durante esa época, en la tierra prometida, sus propios hijos ya no hablaban el hebreo, un ejemplo de esto lo podemos ver en lo que denunció Nehemias, según leemos en Nehemías 13:24 y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo y se fue agravando más la situación; ahora imagínese, los hijos de los judíos que se quedaron entre los pueblos, los de la diaspora. O sea que surgieron en el llamado tiempo íntertestamentario.

Su nombre:

El nombre fariseo en griego es farisaíos que a su vez es una transliteración del hebreo Perushim que significa «los separados» o «los apartados», indica, por su nombre, que sus adeptos se consideraban promotores de una separación del mundo y sus tendencias. Se dice que se llamaban a sí mismos los «compañeros» o los «santos». Buscando referencias cruzadas, encontré a un grupo llamado los Hasidim o los «piadosos» y se dice que fueron los precursores de los fariseos, los hasidim fueron quienes apoyaron activamente a los primeros macabeos en su lucha contra los seléucidas. Quiero aclarar, no meramente como fariseos, sino que los hasidim o los pios, ayudaron a los macabeos y una vez los macabeos ganaron la revuelta, les dieron la espalda a estos y fue como se empezaron a llamar fariseos. Se dice que el sumo sacerdote Juan Hircano empezó a favorecer a los contrarios de los fariseos, los saduceos, por un desacuerdo cuando un fariseo, Eleazar, le sugirió públicamente que renunciara a su cargo como sumo sacerdote porque su madre había sido una cautiva y que eso lo hacía impuro para el cargo. Además, muchos otros gobernantes judíos comenzaron a apoyar el helenismo, entonces este grupo de judíos ortodoxos empezó a oponerse a su propio gobierno.

Su persecución y aceptación:

El resultado de su oposición a los gobernantes fue una sangrienta persecución contra estos religiosos celosos y la muerte de muchos de ellos, como en toda persecución, normalmente los más notables. Pero sucedió algo, fue bien claro que empezaron a tener influencia sobre el pueblo a pesar de la adversidad. Cuando Palestina cayó bajo el dominio romano (63 a.C.), los fariseos retuvieron su posición como partido político influyente y como abanderados de la ortodoxia. Herodes el Grande, al subir al poder (40-4 a.C.), fue lo suficientemente prudente como para no perseguirlos, porque sabía que tenían gran influencia sobre el pueblo, aunque su número de miembros era de unos 6.000, aproximadamente, que en realidad sería una cantidad pequeña y, por lo tanto, fácil de exterminar.

Sus Fariseos más famosos:

Entre estos podemos mencionar a dos que no aparecen en las Escrituras, como Hillel y Shammai, tal vez los maestros más grandes de todos los tiempos, pero hay más. Se dice que Hillel era abuelo y maestro de Gamaliel; este otro fariseo, Gamaliel, «era doctor de la ley, venerado de todo el pueblo» (Hechos 4:34), fue el que defendió a los apóstoles ante el sanedrin con su famosa consigna: Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; más si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios (vrs. 38-39); y este, a su vez, fue maestro de otro fariseo famoso quien llegó a hacer alusión de su vida como fariseo: Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible (Filipenses 3:4-6), este es el, otrora, Saulo de Tarso «instruido a los pies de Gamaliel» (Hechos 22:3), que militando en ese grupo religioso y político llegó a ser «fariseo de fariseos» y «fariseo, hijo de fariseos» (Filipenses 3:5; Hechos 23:6). Aunque no se especifica que haya sido un rabino cómo tal, en o de las Escrituras, pero su conocimiento, formación y autoridad en las enseñanzas de Moisés indican que tenía un nivel de instrucción alto como el de un rabino. ¿Qué decir de Nicodemo y de Simón? (Juan 3:1; Lucas 7:36), otros fariseos mencionados en la Biblia.

Al parecer fueron el grupo religioso que más doctores en la ley aportó al mundo intelectual teológico de Israel en su tiempo.

Su rol en el mundo religioso:

El Sanedrin estaba compuesto por 71 miembros, que a su vez se componía por sacerdotes, eruditos y ancianos; estos podían ser, ya sea fariseos, saduceos, y, aun, herodianos, o simpatizantes de Herodes que no eran una secta judía sino solo un grupo con intereses políticos qué favorecía a Herodes como rey en Israel.

Debido a que fueron el grupo que proveyeron los mayores dirigentes religiosos entre los judíos ortodoxo por eso ejerció más influencia sobre la vida religiosa de su nación, en comparación de lo saduceos, herodianos y aun los escenios y Zelotes, pese a que los saduceos, por pertenecer a la aristocracia judía, tenían también influencia en este grupo colegiado; los elotes y escenios ni figuraban.

Su criterio en cuanto al canon bíblico y su visión de este mundo y otras doctrinas:

En cuanto al canon bíblico, es obvio que nos referimos al Antiguo Testamento; y al mundo, a la acepción de la corriente de pensamiento y acción que nos alejan de todo lo santo.

Los fariseos aceptaban la división del Antiguo Testamento así:

1. La ley de Moisés;
2. Los profetas; y,
3. Los salmos.

Es como el canon que reconoció el Señor Jesús en Lucas 24:44; entre tanto que sus contertulios religiosos, los saduceos, aceptaban solamente el Pentateuco.

Como su nombre mismo lo indica, eran separados, entonces creían que estaban en el mundo por necesidad, no eran del mundo y rechazaban ser parte de él, si nos damos cuenta que esto también concuerda con la enseñanza del Señor Jesús en cuanto a su misión (Juan 8:23; 9:5) y lo que pensaba Él de sus discípulos (Juan 15:19). Fariseísmo, en significado, es igual a separatismo, enfatizando así la separación del mundo y su contaminación.

Los fariseos creían en los ángeles y en el mundo sobrenatural, en tanto que los saduceos no lo creían, y esa fue la estrategia de Pablo cuando vio que quienes lo juzgaba en el concilio eran de ambos bandos, empezó a hablar de la resurrección y, dice Lucas, Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas (Hechos 23:8).

De manera entonces, que podemos concluir en que mientras que los fariseos vivían separados del mundo y esperaban salir de él, los saduceos no esperaban ningún otro mundo. Por lo tanto, los ojos de los fariseos estaban fijos en la vida futura, pero los de los saduceos en esta vida, ya que no tenían esperanza de otra, con razón estos últimos estaban dispuestos a cooperar con los romanos y los herodianos y hasta asociarse con ellos para participar en el gobierno, hasta estaban dispuestos a voltear a ver para otro lado cuando los romanos cometían injusticias, Herodes cometía su depravación, levantaba imágenes idolátricas en el templo y más.

Los fariseos eran principalmente de la clase media; los saduceos constituían el partido de la rica aristocracia. El pueblo común no pertenecía a ninguna de las dos sectas, pero favorecía a los fariseos. En su celo por un estricto cumplimiento en la observancia de las leyes de Moisés y las tradiciones de los ancianos, entonces se fueron al extremo de imponer pesadas cargas a los demás que, siendo sinceros, ni ellos mismos las podía cumplir, dando énfasis a lo externo y llegaron a pasar por alto la disposición del corazón que era de mayor importancia. En esto no se diferencian en nada a los saduceos, pues vemos que eso fue lo que el Señor les reprochó, entre otras cosas, a ambos espetándoles a que era necesario hacer esto «sin dejar de hacer aquello» (Mateo 23:4, 23).

La mayoría de los «escribas» o «doctores de la ley» —diríamos hoy, los teólogos, los estudiantes y profesionales de la ley de Moisés— eran fariseos y como tales, su ocupación principal era interpretar y aplicar la ley, a cada mínimo detalle y circunstancia de la vida, a tal punto que exageraron. Su influencia llegó a ser tal que ayudaron a conformar «la tradición de los ancianos» (Mateo 15:2) y el pueblo, por enseñanza de ellos, llegó a poner sus interpretaciones como autoridad a la par de la Biblia a esa tradición. Escuché en un sermón la siguiente anécdota, que los judíos, en el día de la expiación, cuando el sumo sacerdote salía del templo y lo veían pasar por las calles, los judíos se le quedaba viendo con la debida reverencia; pero cuando pasaba un fariseo, lo volteaban a ver a él. Sea cierta o no la anécdota, nos ilustra a que punto llegaron a tener influencia en el pueblo y cómo los veía este.

Aunque en muchos sentidos las enseñanzas del Señor Jesús se parecen a las de los fariseos más que a las de los saduceos, pero nuestro Maestro tuvo enérgicas discusiones con los fariseos durante todo su ministerio por causa de su rigurosa adhesión a la tradición, tildándolos de hipócritas (Marcos 7:1-13), lo mismo que hizo Juan, aunque debemos de reconocer que no solamente a ellos nuestro Señor los espetó sino que también junto con los escribas y saduceos; también les recriminó el énfasis en los actos externos con la exclusión de la sinceridad del corazón (Mateo 23:1-33); haciendo énfasis el Señor en que el hombre bueno, si es bueno, sacará las cosas buenas de su corazón (Mayeon12:34-37).

O sea que lo que empezó bien —separados en el interior para obedecer los mandamientos del Señor que se evidencian en su modo de vivir— se pervirtio al darle énfasis solamente a lo exterior. Note que el Señor Jesús no deja ambas cosas fuera, que es necesario tener la piedad interior como la exterior, ejemplo de ello lo vemos en Mateo 23:23: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Fue precisamente esta rigurosa manifestación exterior como indicando su piedad pero con el descuido total de la piedad interior, y así permitir el legalismo que además de ser cargas pesadas para los fieles (Mateon23:4); era para cubrir los propios pecados de estos enseñadores, como dijo Pablo, en Romanos 2:21 Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?; lo cual, insisto, hizo a que el Señor los llagara a llamar hipócritas y sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia (Mateo 23:27).

Por cierto, es en este término, hipócrita, en el que pensamos cuando oímos el nombre fariseo, es más, muchos lo utilizan para denostar a uno queriéndole decir que externamente es uno e internamente es otro. He pensado siempre, cómo es que un título hermoso, por nuestra conducta mala, lo podemos rebajar a una referencia negativa.

Se supondría que, por ser los representantes de la alta teología de su tiempo, ellos serian quienes recibieran al Señor Jesús cuando se manifestó al mundo, pero fueron ellos los que lo acusaron de echar fuera demonios por el poder del príncipe de los demonios (Mateo 9:34; 12:24). Fueron ellos los que se molestaron por su enseñanza con respecto a la inutilidad de la tradición (15:1-12); los que tomaron el liderazgo en su arresto, condenación y crucifixión (Mateo 27:62; Marcos 3:6; Juan 11:47-57; 18:3). Fueron ellos quienes cometieron el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo y por lo cual no serían perdonados nunca, que es el énfasis de la expresión usada por el Señor «ni en este siglo ni en el venidero» (Mateo 12:31-32), en esta era y ninguna otra, denotando que es una imposibilidad, que es un pecado qué nunca será perdonado. Pero no son todos los fariseos per se los que no tendrían perdón, solamente aquellos que lo cometieron, Nicodemo, Saulo de Tarso y michos fariseos más se convirtieron verdaderamente al Señor.
Continuará, Dios mediante.

¿Caminamos caminante?

Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

Adaptación de audio y publicación por: Palabras de vida eterna
Le invitamos a compartir esta publicación desde Palabras de Vida Eterna G, T, punto o r g

El Señor les bendiga

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