DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA

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DEFENDIENDO LA SANA DOCTRINA, 1
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN

Bendiciones del Señor, queridos caminantes. Consideremos otro aspecto más en la vida de nuestro hermano Bernabé y lo que la gracia de Dios hizo en su vida. Avancemos a Hechos 15:2 en donde leemos la Palabra de Dios:

Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.

Finaliza el capítulo 14 con que Pablo y Bernabé vuelven a la iglesia en Antioquia, con el agregado: Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos. La Biblia de Jerusalén traduce: “no poco tiempo”, sería entonces un tiempo considerable, bastante tiempo sin especificar cuánto, que pudo haber sido varios meses y hasta unos dos años.

Ahora, ¿por qué a Antioquía y no a Jerusalén? Pablo cuando se convirtió se quedó un tiempo perseverando en Damasco, de hecho ahí empezó su ministerio (9:19, 20), luego lo vemos en Arabia y volvió a Damasco (Gálatas 1:18), y después en Jerusalén entrevistándose con los apóstoles es cuando Bernabé lo presenta a ellos (9:26-27), luego lo envían a Tarso porque los judíos procuraban matarle (v. 29-30), estando en Tarso, hasta ahí lo fue a buscar Bernabé para que le ayudara en el ministerio en la recién iniciada obra en Antioquia y es ahí donde los vemos ministrando, junto con otros compañeros suyos (13:1) y desde ahí los enviaron al primer viaje misionero. Era natural, entonces, que Pablo se sintiera más atraído a Antioquía. Durante ese tiempo considerable los dos misioneros en su iglesia local, indudablemente, siguieron atrayendo a muchos conversos gentiles, además de los que habían ganado antes, animando y fortaleciendo a los discípulos, como solían hacerlo en cada iglesia plantada, como está escrito: confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios (14:22).

En nuestro pasaje leemos que Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos. Aquí vemos la primer división de la iglesia. La expresión «no pequeña» significa que fue fuerte la discusión que tuvieron con unos que habían llegado a Antioquía provenientes de Judea y que iban enseñando. Pero no fue un simple desacuerdo, el cruce de diferentes opiniones sino un debate intenso, acalorado en algún momento por ser significativo y crucial para la iglesia, a tal punto que se decidió en la iglesia local que Pablo y Bernabé subiesen a Jerusalén y tratar el asunto junto con los apóstoles y ancianos. No fueron para preguntar a Pedro sobre qué dictaminaba él mediante una bula papal dictada ex cátedra, nada de eso se hayan en las Escrituras, ni tan siquiera fueron a preguntar a todos los apóstoles sino a «tratar esta cuestión», dice el texto, con los apóstoles y ancianos y tener un consenso, al fin y al cabo, de ahí, de esa sede habían salido estos predicadores.

Nuestro dúo dinámico peleó por la libertad que tenemos los creyentes en Cristo; sí, y no solamente por los creyentes de su época sino por los creyentes de todos los tiempos.

Dice que fue una discusión, en griego es stásis se usa para el acto de estar de pie, por analogía se entiende como posición. Y para contender es suzétesis que es preguntar mutuamente indica que ambos debatientes tenían sus posturas y las defendían, las argumentaban cada uno, es interesante señalar que no implica violencia sino definir una postura y estar fijo en ella, pero la expresión discusión sí nos denota el calor que surge al debatir.

El tema era Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos (v. 1). Entonces no era un tema cualquiera, era de carácter soteriológico. Qué me importa si uno quiere comer cerdo o no, si se hace un asado de conejo (que rumia, pero no tiene pezuña hendida), o no; pero que, bajo el nuevo pacto, indique como una enseñanza que, sea que favorezca el comer o no, me da el carácter de salvado o no salvado; o cualquier otro tema, la circuncisión, guardar algún día especifico, o incluso mortificar la carne para ser salvo o no. Esto y más es añadirle obras a la salvación. Aunque ciertamente todo salvado debe vivir en santidad y procurar la santificación progresiva, como evidencia de su santificación posicional en Cristo, entiéndase su justificación por la fe, su salvación (Cp. 1 Co. 1:2,30). A los que niegan las buenas obras de los creyentes se les llama antinomianos, que es llevar a un extremo no sano la doctrina de la Justificación por la fe, los creyentes no son antinomianos, si hacen buenas obras (léase, por ejemplo, Gálatas 2:10).

Estos que habían salido para enseñar a los hermanos gentiles son los que se llegó a conocer como «los judaizantes». Identifiquemos a tres tipos de judaizantes a lo largo de la historia de la iglesia.

1. En el cristianismo primitivo. Estos eran cristianos que continuaban practicando o adoptando costumbres y rituales del judaísmo. Mayoritariamente de la secta de los fariseos que habían creído (Hechos 15:5). Estos insistían en que los nuevos creyentes en Cristo de origen gentil debían seguir las leyes y tradiciones judías, como la circuncisión o las leyes dietéticas, pero para ser salvos (v. 1). De estos trata este capítulo 15 que dio lugar a lo que se conoce como el concilio de Jerusalén, cuyo asunto era discutir si los gentiles debían seguir la ley mosaica.

2. Se usó ese término, judaizante, durante la inquisición española y portuguesa. El término se usaba para describir a los conversos judíos al catolicismo, muchas veces bajo coacción; y, escasas veces, por convicción, pero que seguían practicando secretamente el judaísmo. La Inquisición perseguía y castigaba a estos judaizantes, acusándolos de herejía, aunque esa persecución no se limitó solamente a los judíos sino a protestantes, musulmanes y todo aquel que no profese la doctrina católica romana; y, hoy en día.

3. En un sentido general, es usado para referirse a cualquier persona o grupo que intenta incorporar prácticas o creencias del judaísmo dentro de la iglesia, lo más socorrido, guardar el sábado o imponer en sus fieles normas dietéticas del judaísmo. Algunos no con carácter soteriológico, lo cual los hace aceptables, en comparación con quienes le atribuyen carácter soteriológico, los cuales se han salido de la regla de fe, cayendo a ser considerados una secta.

En este nuestro pasaje, quienes se colocaron al frente de batalla fue nuestro dúo dinámico, Pablo y Bernabé, ellos se encontraban en el centro de la contienda, dando defensa a la fe. Cito nuevamente la predicación de estos falsos maestros: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos (v. 1). Predicar esto es añadir obra alguna a la suficiencia de la obra de Cristo para la salvación.

He escrito que son falsos maestros. No podemos andar etiquetando gratuitamente a cualquiera sin fundamento alguno el mote de falso maestro, a no ser que rectifiquen, porque puede haber una afirmación rápida de alguien dicha desde la ignorancia o por ser un neófito; pero si persisten en sus ideas y las enseñan así, no pueden ser considerados sino como falsos maestros. Entonces sí, y sin temor a equivocarme, confirmo que eran falsos maestros, por dos razones sencillas, a saber.

1. Estaban contrariando la fe que se ha predicado en el evangelio en los, para esa época, diecisiete años aproximadamente desde que nació la iglesia de Jesucristo en el Pentecostés (considerando que este concilio se celebró entre el años 49 o 50); la predicación había sido la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús sin obra alguna, es decir, que ninguna obra acompañó a la fe en ese momento de ser justificado, —es la razón por la que hablamos de la Sola Fide—, por ejemplo, en Hechos 2:38 el apóstol Pedro predicó del arrepentimiento ante Dios y señala el bautismo como una señal de su identificación con el Cristo ante sus conancionales judíos, a quien los mismos líderes judíos había pedido y buscado que sea crucificado, cincuenta días recién; y en 4:12 señala: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, no incluyó el bautismo aunque es obvio que debían evidenciar su salvación identificándose con el Señor, y eso es lo que se había predicado para la salvación de los judíos; y en Hechos 10:43 se acentúa la predicación de la palabra, la fe en Cristo, el perdón de pecados y, la experiencia posterior, recibir el Espíritu Santo; fe sin necesidad de las obras para ser declarados justos. Leemos que «los fieles de la circuncisión», es decir, creyentes judíos que habían aceptado al Señor para su salvación, estaban presentes y se maravillaron de que los gentiles habían recibido el Espíritu Santo igual que ellos. En los argumentos de Pedro en este concilio afirma la experiencia en Hechos 10 y dice: Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos (15:11), es por medio de la fe, es por la gracia de Dios que tenemos la salvación ya que, escribe Pablo, por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá (Gálatas 3:11); y, ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20).

Entonces, notamos que, aunque muchas doctrinas para la Iglesia estaban en formación, la Sola Fide y Sola Gratia ya se predicaba; Y, la otra razón,
2. Al predicar lo que no era la predicación cristiana, por lo tanto, se habían disociado de la iglesia, y ni su mensaje y ni su ministerio contaban con la aprobación de los apóstoles y de la iglesia en Jerusalén, no por ser la sede central, sino porque ahí se encontraba el claustro de apóstoles puesto que, leemos que todos los creyentes, perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42); entonces, estos predicaban lo que Pablo llegó a denominar, un evangelio diferente, otro evangelio o el evangelio de Cristo que querían pervertir y que, por lo tanto, se encontraban bajo el anatema de Dios (Gálatas 1:6-9).

Ellos apartándose de la ortodoxia de la iglesia, se apartan de la iglesia o la iglesia no los respalda. Leamos esto en la carta que redactaron para comunicar la decisión, enviándosela a las iglesias de la gentilidad, especialmente a las establecidas en Antioquía, en Siria y en Cilicia, leemos: Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley (v. 24); y también, Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros (1 Juan 2:19), es más, apartarse del mensaje evangélico es evidencia de conducta anticristiana, es ser un anticristo (v. 18).

Entonces, Pablo y Bernabé estaban predicando la justificación en Cristo por medio de la fe para tener paz con Dios, es decir, sea quitado el pecado que provoca la enemistad con Dios y así restaurar la comunión con Dios y gozar la amistad con Dios (Cp. Isaías 59:2; 65:7 con Romanos 5:1), y ese mensaje no era diferente al mensaje que proclamaban los apóstoles, dice Pablo más tarde, Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión, por eso en Jerusalén les dan la diestra en señal de compañerismo (Gálatas 2:7, léase hasta versículo 10). La frase dar la diestra se refiere a un gesto simbólico, nosotros hoy en día diríamos «dar un apretón de manos» o también «siéntese a la par mía». Dar la diestra o «tender la mano» (Biblia de Jerusalén) o «estrechar la mano» (Palabra de Dios para Todos), era un acto que simbolizaba acuerdo, aceptación y asociación, «como sus colegas» (Nueva Traducción Viviente). Pablo ha narrado su experiencia como predicador del evangelio, junto con Bernabé, y después de presentar su ministerio y el evangelio que predicaban entre los gentiles, los líderes de la iglesia en Jerusalén, a saber, Jacobo, Cefas (Pedro) y Juan, reconocieron la gracia que Dios les había dado. Al darles la diestra a Pablo y Bernabé, estaban expresando su apoyo y aprobación, estableciendo una relación de igualdad y cooperación en la misión evangelizadora, aunque sus enfoques fueran hacia diferentes grupos, a saber, Pablo y Bernabé hacia los gentiles y ellos hacia los judíos. Este acto, entonces, de dar la diestra no solo era un saludo, sino un símbolo de alianza y compañerismo en la fe y en la misión compartida, insisto, aunque a diferentes grupos.

Abro un entre paréntesis para afirmar que, si sí hubiese habido un papa desde el primer siglo en la iglesia con jurisdicción universal, a la usanza de las pretensiones megalómanas del papa católico romano papista, es más factible que hubiese sido el apóstol Pablo o Bernabé y no Pedro, por la misión a donde fueron enviados, declarado por Dios y testificado en las Escrituras. Cierro mi entre paréntesis.

Y estos paladines del evangelio habían proclamado la salvación por medio de la fe en Cristo, la justificación recibida gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24), así como la recibieron ellos, así la predicaban a otros y así estaban dispuestos a defenderla, y no podían quedarse callados ahora que están perturbando la fe de los hermanos (Gálatas 1:7; 5:12).

Tristemente a estos judaizantes no se les pudo sacar de la iglesia, sus ideas continuaron y siguieron perturbando la fe de muchos, como hasta hoy, y quienes van a la cabeza de dichos grupos sectarios son el catolicismo romano papista, con su salvación de cooperación humana, seguidos de todas aquellas sectas con pretensiones judaicas que quieren revivir los ritos que fueron sombra de lo que habría de venir (Colosenses 2:16-17; Hebreos 8:4-5; 10:1; 1 Pedro 1:10-12); pero qué bien que Pablo y Bernabé no se quedaron callados, porque se hubiese perdido la pureza del evangelio, de hecho, eso es lo que entendió Pablo y fue la razón por la que no accedió a los judaizantes y al presentar defensa de la sana doctrina en este aspecto, según leemos en Gálatas 2:5 a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.

Bendito sea el Señor, por su salvación tan grande que nos ha dado en Cristo Jesús, Señor nuestro, y también porque siempre levanta a varones suyos que defienden Su mensaje y están dispuestos hasta a dar sus vidas por la pureza del Evangelio, a quienes haríamos bien en imitar, entre otros, a este dúo dinámico, Pablo y el hijo de consolación.

Continuará, Dios mediante.

¿Caminamos caminante?

Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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