TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA – Parte 7
*TENIENDO LOS PIES SOBRE LA TIERRA*
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor queridos caminantes, les doy a la bienvenida a este su pequeño rinconcito bíblico para meditar en la Palabra de Dios. Avancemos a Hechos 14:18, en donde leemos:
Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio
A la predicación siempre hay resultados, los hay inmediatos y otros que son tardíos al evento, los cuales pueden ser negativos o positivos. Aquí vemos de ambos, aunque lo primero que salta a la vista es el resultado inmediato negativo; pero si hay resultados positivos posteriores, se lo aseguro.
En este pasaje vemos la naturaleza obstinada del hombre. En el entendido de no ceder a su error, aunque se le den argumentos de su error. La obstinación es «la actitud de mantenerse firme en una idea, opinión o decisión, sin considerar argumentos o razones en contra. Puede ser vista como una cualidad positiva cuando implica determinación y perseverancia, pero también como un defecto cuando lleva a la terquedad o a la negativa de aceptar cambios o correcciones» (Diccionario en línea). La definición citada nos presenta un aspecto positivo de la palabra cuando implica determinación y perseverancia» y un aspecto negativo, «cuando lleva a la terquedad o a la negativa de aceptar cambios o correcciones». Todas las menciones en la Biblia de la palabra obstinación y sus derivados, siempre se usa en el aspecto negativo, de necedad, de terquedad. Y sí, así es el corazón del hombre en relación a su pecado.
Dice Pablo en nuestro texto que «difícilmente», o que «les fue muy difícil convencer a la gente de no ofrecerles sacrificios» (Traducción en Lenguaje Actual), o también a «duras penas», o «con dificultad» lograron impedir su cometido que, sincera pero erradamente, tenían en el corazón hacer.
No se olvide que el idolatra es sincero, que está convencido en su corazón que lo que hace es correcto, no obstante que en las Escrituras es presentada como algo insensato ¿Por qué cree usted que no se avergüenzan de sus prácticas idólatras y hasta lo celebran con gran orgullo y satisfacción? Usted y yo, querido hermano, ya libertados de la esclavitud del pecado, lo vemos nauseabundo, al menos en una mínima forma de cómo Dios lo ve; pero ellos no, y seguirán sinceramente errados, perdidos y condenados, a no ser que una luz superior los ilumine, la luz de Jesús.
Jeremías 10 es un buen capitulo para tratar un claro contraste entre los dioses falsos y el Dios verdadero. Vea que las gentes les temen (v. 2), esta palabra nos da la idea de «derribar sea por violencia o por confusión o temor», o sea que si es un temor religioso. Pero dice que sus costumbres «son vanidad» (v. 3) y es una referencia a las imágenes de sus dioses, ellos adoran lo que representan a sus dioses o, siendo más bíblicos, adoran lo que representan a los demonios que están detrás de cada ídolo (cp. Deuteronomio 32:17; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20). Dice que ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder (v. 5), es lo que Pablo dijo que un ídolo nada es en el mundo (1 Corintios 8:5); es decir, no tienen ningún poder en el mundo material respecto a cambiar los perfectos designios de Dios; claro que son engañadores, claro que son los principales sofistas, claro que buscan cambiar y hasta anular la palabra de Dios y en algún momento pueden atacar a la obra de Dios, hasta que pareciera que la van a destruir, pero no, no pueden hacer nada, ni castigar muchos menos salvar a nadie.
Como me he declarado oportunista, quiero aprovechar en advertir respecto a algo aquí, practicado por congregaciones neopentecoatales. Es por esto un absurdo aquellas canciones cristianas (muy entre comillas cristianas), tan triunfalistas y emocionalistas, que mantienen acomodados a los incautos que gritan a todo pulmón sus letras: «diablo te arrebato mi bendición» o similares. Personalmente, no tengo nada que arrebatarle a satanás ni a sus demonios, he sido bendecido por el Padre, con toda bendición espiritual, en los lugares celestiales, en la Persona bendita de mi Dios y Salvador, mi Señor Jesucristo (Efesios 1:3).
Y también hay una advertencia a una práctica católica romana papista mariana. El creyente en Cristo, el temeroso del Dios verdadero, no debe asustarse porque, le advierten los romanistas, que «si no reza el rosario» o tantas veces, a la virgen del Carmen u otro demonio, con nombres cristianos, no lo va a abogar en el juicio, para que salga del purgatorio u otra fantasía, que más parece un sortilegio que predicación del evangelio, es verdaderamente otro evangelio y quien lo cree y predique se coloca bajo el anatema de Dios (Gálatas 1:6-9). No les tema porque los ídolos no tienen poder, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. Su seguridad, caro creyente está en Cristo y Él no le va a fallar nunca.
Vea a dónde los conducen los demonios, todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño (v. 8). De enfatuar, la Biblia Yaveh dice: «ser (hacerse) brutal, encenderse»; y remacha la idea con el término «entontecerse». Sin el ánimo de ser duros a propósito, sino claros con las Escrituras, pero los adoradores de ídolos son presentados y tomados por Dios como duros de corazón, fatuos, “estúpidos y necios” (Biblia de Jerusalén, y compare, además, Salmo 115:8; Jonás 2:8), y habla de que su enseñanza es vanidad, es decir, no pueden impartir conocimiento, solo embrutecen a sus adoradores, como dice el versículo 14: Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella.
Había dicho que los idólatras no avergüenzan de su idolatría por la insensatez, por estar enfatuados y entontecidos, pero aquí el texto dice que «se avergüenza de su ídolo». Aprovecho en ampliar, que en el momento de su adoración no se avergüenzan y muchos siguen en su torpeza (léase este versículo en la versión Biblia de Jerusalén), en tanto que el profeta señala que su vergüenza es por la mentira, que no puede responder, que lo mantiene en condenación, es decir, se avergüenza, aunque no usa el término en tiempo futuro, al resultado final, como está escrito en el versículo 15: Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán, y ahí si está en tiempo futuro y es el contexto del versículo 14.
Al volver a nuestro pasaje de Hechos. Evidentemente, la gente estaba decidida a ofrecer sacrificio y rendir culto y nada los habría de detener, solamente los verdaderos cristianos; y, aunque sea a duras penas, estos verdaderos cristianos lo lograron. De ahí, algunos siguieron siendo idólatras, adoradores de Júpiter y Mercurio; y algunos otros, no cabe duda, se apartaron de “estas cosas inútiles» (Nueva Traducción Viviente) para servir al Dios vivo (Cp. v. 15 y 1 Tesalonicenses 1:9). Si, es cierto, no leemos que hubieron convertidos pero leemos en el versículo 20 que le rodearon los discípulos, y en todo caso, la promesa del Señor es que Él hará prosperar Su palabra, según leemos en Isaías 55:10-11: Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
No nos olvidemos que Loida, Enunice y Timoteo era de ahí, de Listra (léase 2 Timoteo 1:5; Hechos 16:1), es probable que ahí se hayan convertido al cristianismo estos judíos de origen. De manera que podríamos deducir que ahí también se estableció una asamblea.
Pero vemos otro aspecto del corazón del hombre, vemos su naturaleza cambiante. Esto lo atenderemos en otra entrega a donde quedamos todos invitados. Por el momento, quedémonos aquí y que el Señor bendiga sus palabras.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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