ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: UN LIDERAZGO COSMOPOLITA
ENSEÑANDO EN LA ASAMBLEA: UN LIDERAZGO COSMOPOLITA
Continuación de la serie: EL HIJO DE CONSOLACIÓN
Bendiciones del Señor, queridos caminantes, verdaderos peregrinos hacia la Patria Celestial. Avancemos en la vida de nuestro hermano José, el levita, a quien los apóstoles pusieron de sobrenombre Bernabé que traducido es «Hijo de consolación», y para ello consideremos en Hechos 13:1, en donde leemos las santas palabras de Dios:
“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.”
Vemos cosas interesantes a primera vista aquí en este pasaje, a saber,
1. Vemos que Bernabé llegó a Antioquía para quedarse, igualmente Saulo.
2. Vemos en Antioquia una iglesia formalmente organizada
3. Vemos que no era un organismo acéfalo.
4. Vemos que la forma correcta para referirnos a una iglesia local es la iglesia o asamblea «en»; y,
5. Vemos que no era un sistema uní pastoral, sino un colegio de líderes docentes.
El desarrollo y formación de la iglesia fue indudablemente el trabajo del Señor, si bien se ha ido desarrollando de manera paulatina hasta el cristianismo que tenemos hoy, pero ha sido en medio de situaciones difíciles y nada lo ha detenido, al contrario, esas mismas vicisitudes la han impulsado. Pablo dijo en Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados y aquí, al tratar el desarrollo y crecimiento de la iglesia, también obra para bien, conforme a la promesa y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Mateo 16:18), o como reconoció Gamaliel, doctor de la ley, Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; más si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios (Hechos 5:38-39).
Veamos el desarrollo de la iglesia hasta aquí en Antioquía. Vemos que el desacuerdo de los creyentes judíos griegos contra los creyentes hebreos, registrado en 6:1, llevó a los apóstoles a la necesidad de que el pueblo eligiera a siete varones, los cuales son llamados como los primeros diáconos y entre ellos sobresalieron en su ministerio Felipe y Esteban, cada uno de los siete diáconos se desarrolló en su ministerio, pero estos dos son mencionados sobre sus demás compañeros; Felipe como evangelista, este desarrolló más su ministerio en Samaria y, su converso más famoso es el ministro de Candace (8:4-40); al parecer sus hijas también fueron bendecidas con el ministerio de profecía (22:8-9); también se desarrolló en el bautismo. El otro fue Esteban, este nuestro hermano se desarrolló en la apologética, contra quien se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia y disputaban con Esteban, Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba (6:9-10). Entonces decidieron caer al único recurso que siempre han tenido los opositores del evangelio, la calumnia y luego, cayeron más bajo aun, hasta dictaminar su muerte. Entonces, al carecer de recurso argumentativos recurrieron a la violencia en palabras y en acciones, en donde Saulo de Tarso jugó un papel importante, hasta que se encontró con el Señor Jesucristo. Pero luego de la muerte de Esteban se encarnizó aun más la persecución y esto obró para bien porque fueron dispersados ¿pero que de bueno le puedo sacar a una persecución al punto de dispersarnos de nuestra demás familia y tierra? Es que con la dispersión se llevaron su fe, que era lo único que no les podían quitar, y esta la compartían con los demás, al principio evangelizaban solamente a los demás judíos, pero luego hubieron unos que se salieron del molde en que los hombres ya se habían acomodado, pero que la voluntad de Dios era al contrario, entonces comenzaron a evangelizar a los gentiles también, y fue así como se empezaron a suscitar diferentes movimientos de los discípulos en diferentes lugares y Antioquía no fue la excepción y crecieron tanto que se llevó a convertir en una sede muy importante.
En Hechos vemos a dos iglesias que sobresalen, al principio Jerusalén y, después, Antioquía. Al relatar a ambas iglesias, vemos una buena organización de la iglesia local en el primer siglo, esta de Antioquía estaba dirigida por profetas y maestros y en Jerusalén, vemos que habían apóstoles, ancianos y evangelistas; esa misma organización que señaló Pablo después para el crecimiento de la iglesia, como está escrito, Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros (Efesios 4:11); de estos ministerios (algunos señalan que son cuatro y otros que son cinco, independientemente de su postura), todos son con el propósito específico, dice Pablo, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (vrs. 12-13); si, la palabra «hasta» «indica el límite final de la trayectoria en el espacio y el tiempo» (Diccionario de la Real Academia Española); quiero decir que estos ministerios los tendríamos para nuestra edificación, crecimiento y perfeccionamiento siempre, hasta que lleguemos a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios. Algunos interpretan la frase «hasta que todos lleguemos unidad de la fe» como que se refiere a la llegada del canon bíblico, interpretando así que ya no hay más apóstoles; y, otros, como que se refiere al día de la glorificación y aplican que aún existen apóstoles el día de hoy. Independiente de la postura que escogemos para aplicar la frase «la unidad de la fe», es indudable que aun contamos con el ministerio de los apóstoles, e igualmente es evidente que ya no tenemos hombres que ostentan dicho título y ministerio.
El Señor señaló que los ministerios que echarían el fundamento fueron los apóstoles y profetas, con razón llamados dones fundacionales (Efesios 2:20; 3:5); y los que abrían de aplicar el fundamento serían los evangelistas, pastores y maestros. La iglesia reconoce hasta hoy en día la autoridad de los apóstoles a través de sus escritos, pues la iglesia de hoy, como la del primer siglo, sigue perseverando en la doctrina de los apóstoles, como está escrito Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42); y reconocemos, obedecemos e imitamos a nuestros evangelistas, pastores y maestros, como está escrito Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros (1 Tesalonicenses 5:12-13; Cp. 1 Corintios 16:16; 1 Timoteo 5:17; Hebreos 13:7,17).
Ahora bien, no cabe duda que en la iglesia de Jerusalén habían profetas y maestros y no solamente apóstoles, ancianos y evangelistas; como en Antioquia que reconocían a los apóstoles y tenían ancianos y evangelistas.
He ahí la famosa división de la iglesia docente y la Iglesia oyente. Si buen es cierto que el Nuevo Testamento reconoce el sacerdocio de todos los creyentes, como una verdad que indica que todos los creyentes tenemos acceso directo a Dios, sin que necesitemos la presencia de otro humano para interceder, pero no excluye el servicio ministerial, pastoral o presbiterial.
Ahora bien, Lucas tuvo acceso al claustro de ministros en Antioquia, específicamente al listado de profetas y maestros y nos lo comparte, a saber,
1. Bernabé. Repito lo ya resaltado con anterioridad, una vez más en el texto aparece de primero en la lista que claramente es un reconocimiento de su liderazgo; es probable que sea una deferencia por ser el más viejo en ser creyente y/o en su servicio, el más conocido de parte de las asambleas y apóstoles o una deferencia por haber sido el enviado apostólico a aquella ciudad y quien inició con la formación de la asamblea ahí.
2. Simón el que se llamaba Niger. Por el nombre Simón se identifica su origen judío, Simón es la forma helenizada de Simeón, que significa «oír, escuchar, el que se hace escuchar» o, la forma hebrea Simeón «Dios oye». Pero por el nombre adoptado, de origen latín, Niger, se podría identificar con su color de piel, negro; probablemente un color trigueño o lo que conocemos como un afro o uno de piel negra.
La expresión «El que se llamaba», nos da la idea de que había varios con el nombre Simón pero a quien se refiere Lucas, el maestro o profeta que servía en la iglesia que estaba en Antioquía, es al que se llama Niger. También sugiere que tanto él se hacía llamar así y como que los demás lo llamaban así, comparece como traduce la versión Dios Habla Hoy, «Simón (al que también llamaban el Negro)».
Algunos sugieren que puede referirse a algún judío originario de alguna región del África, ya sea madre judía y Padre africano o viceversa.
3. Lucio de Cirene. La ciudad de Cirene es una ciudad al norte, «en la región de África» (Hechos 2:10). Cirene está muy relacionada con los inicios del cristianismo, en el sentido de que Simón, a quien los soldados romanos obligaron a ayudar a llevar la cruz de Cristo, era de ahí (Mateo 27:32); habían judíos y prosélitos procedentes de esa ciudad cuando descendió el Espíritu Santo, en donde se habla de «las regiones de África, mas allá de Cirene» (2:10); tenían una sinagoga en Jerusalén, probablemente eran judíos no esclavos sino libertos, a juzgar por el nombre de su sinagoga «de los libertos», estos se opusieron a la predicación del evangelio por medio de Esteban (Hechos 6:9), de manera indirecta escucharon el evangelio ahí; y los creyentes originarios de esa ciudad se convirtieron en misioneros sin llamarse misioneros, pues en 11:20 leemos: Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
Debido a que no tenemos mayor información ni de este hermano Lucio, ni de Simón de Cirene, ni de nadie de los que están relacionados como vecinos de esta ciudad, entonces solamente podemos hacer conjeturas al respecto, de manera que, es posible que este Lucio escuchó la historia de la ejecución en la boca de su compatriota Simón, o que sus compatriotas que estuvieron en Hechos 2:10 le compartieron el evangeljo cuando volvieron a su ciudad, o él mismo estuvo ahí y ahí se convirtió; también es probable que haya sido uno de los que se opuso a Esteban o, si no era uno de ellos, los escuchó pero como no podían resistir a la sabiduría de Esteban, este se convirtió ahí; dentro de las posibilidades también están que iba junto con los que descendieron a predicar a los gentiles, en fin hay muchas posibilidades, lo que es cierto es que formaba parte del equipo de ministros en la iglesia de Antioquía y, por su labor, el Señor se encargará de recompensar en el Tribunal de Cristo.
Se dice que en esa ciudad había una famosa escuela de medicina y a considerar el nombre Lucio que fácilmente se puede usar como un sinónimo de Lucas, entonces algunos afirman que este Lucio sea mismo Lucas, el autor del evangelio que lleva su nombre y de Hechos; es probable, pero no hay fundamento para esto, así es que queda más bien en una conjetura.
4. Manaén. Su nombre significa consolador. La forma hebrea es Manahem, tampoco se sabe mayor cosa de él, a no ser por el dato que se menciona de él, creyente en Cristo, profeta, maestro de la iglesia en Antioquía, y amigo de la infancia de Herodes el tetrarca. Es probable que también hubiese muchos Manaén ahí en la iglesia y por eso se debe diferenciar con que era el Manaén que se había criado junto con Herodes el tetrarca. Probablemente amigo de la infancia o de los llamados «hermano de leche»; es decir, que la madre de Manaén haya sido la nodriza de Herodes el tetrarca y por eso esa relación con ellos. Pero tal parece que la amistad y cercanía con Herodes se mantuvo porque era identificado con esa anécdota que parecer ser era muy popular. Es interesante que uno muy allegado al impío Herodes el tetrarca haya sido cristiano; y,
5. Saulo. Del griego Sáulos que significa “pedido a Dios», «prestado a Dios», «anhelo». Es el equivalente griego de Saúl. Si, este Saulo es el mismo que llegamos a conocer como el apóstol Pablo (Hechos 13:9). El nombre Pablo, del griego Páulos, que significa «pequeño».
La razón del cambio de su nombre de Saulo a Pablo, se dan tres razones, a saber,
1) Algunos sugieren que fue en honor a Sergio Paulo, su primer rey convertido (Hechos 13:7-12). Aunque antes de que se informe de que Sergio Paulo creyó a la doctrina del Señor, se nos informa que Saulo es el mismo Pablo.
2) Se ha ofrecido también que, como otros judíos, tenía más de un nombre (por ejemplo léase Hechos 1:23;13:1; Colosenses 4:11); así, su nombre hebreo sería Saulo; su nombre reco-romano, Páulos o Pablo. Es muy probable que usase su nombre hebreo en su hogar y en su comunidad y en relación con los gentiles, usase el latino.
3) Y, una postura no descabellada, por su tamaño. Pablo significa pequeño. Casi no tenemos una descripción detallada del aspecto físico de este insigne siervo de Cristo, sino unas leves referencias. Dice que su presencia era «débil» (2 Corintios 10:10), algunos afirman que pudo haber sido encorvado debido a los azotes y haya adquirido una postura arqueada en sus piernas (2 Corintios 11:24-25), debido a la postura con la qué constantemente era colocado para azotarlo o por las mazmorras en donde continuamente estaba, y otros afirman que posiblemente era calvo, mucha de esta debilidad fue por sus padecimientos como cristiano (Compárese 1 Corintios 2:3-4; 2 Corintios 12:7-12; Gálatas 4:13-14).
Igualmente, con los anteriores, no sabemos exactamente la razón por la que usó el nombre Saulo, al inicio de su ministerio, y Pablo, a partir de Hechos 13 y hasta el final del mismo.
Al volver a Hechos 13:1, tenemos aquí a varones en diversidad, a los cuales Dios levantó para la edificación de la iglesia; habían tanto judíos como gentiles, morenos o negros y probablemente blancos, esclavos y libres y, muy probablemente, a unos pequeños de estatura, una descripción de lo que es la Iglesia del Señor, conformada por personas provenientes de diversos contextos culturales, pero que nos une una sola experiencia, la salvación en Cristo Jesús, Señor nuestro (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). William MacDonald en su comentario sobre Hechos 13:1, escribió: «Estos cinco hombres ilustran que la iglesia primitiva estaba integrada y que era daltónica por lo que se refiere al color de la piel de los hombres. «Se había introducido una nueva vara de medir: no se trata de quién eres, sino de quién.»». Exacto, no se trata de quién eres tú, sino a quien le perteneces y sirves tu.
Continuará, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.
