¡QUÉ DILEMA!

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¡QUÉ DILEMA!
Continuación de nuestra serie: UN RUEGO POR AMOR

Bendiciones queridos caminantes hacia la Patria Celestial, en el Nombre que es sobre todo nombre, el Nombre del Señor Jesucristo, le doy la bienvenida a una meditación mas en torno a la epístola a Filemon.

La epístola básicamente se centra en tres personajes identificados claramente, a saber, el apóstol Pablo, el mediador; Onesimo, el transgresor; y, Filemon el ofendido. Ya los consideramos anteriormentente, pero es preciso señalar algo sumamente interesante respecto a estos dos últimos. Qué dilema en que se encontraban, de verdad.

Onesimo se había metido en serios problemas con su amo. Era esclavo, afectó a los intereses materiales de su amo y se había convertido en fugitivo. En la ley que Dios dió a los israelitas se nota la tendencia abolicionista de tal práctica y, de hecho, el criterio de la iglesia es el mismo. En ese respecto leemos en Deuteronomio 23:15 No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo. O sea que si huía el esclavo y entraba a refugiarse con alguien, este no debía entregarlo a su amo. El problema era que Onesimo y Filemon no vivían en Israel y ni eran israelitas, eran romanos y se regian por las leyes del imperio.

La sociedad romana era esencialmente esclavista, tanto en su estructura económica como social en donde el esclavo era el último escalón de la sociedad.

La fuente de obtener esclavos era, sí, los capturados en guerra, o las recompensas de guerras para que un pueblo no salga en batalla contra otro, pero el mayor número de esclavos los producía la misma sociedad romana, por ejemplo, el amo podía buscar al esclavo más fuerte, grande y sano que tuviese y buscaba a una esclava con similares características y los juntaba para que le produjeran esclavos; puede ser duro mi ejemplo, pero eso hacen muchas personas hoy en día pero con los animales, tienen un perro con buen pedigrí y buscan una perra de iguales caracteristicas los cruzan decimos, y sus perritos, ¿a quien le pertenecen? Al dueño de los perros, o sea que muchos literalmente tenían una producción de esclavos pues los cruzaban y a sus hijos o crias eran para vender o garantizarse más esclavos para su servicio. Otra forma de obtener esclavos era que personas se vendían como esclavos y de niños abandonados por sus padres, que sucedía muy frecuentemente. Se dice que había una columna lactaria en sus templos en donde las mujeres por superstición, por indigencia o simplemente padres que no querían reconocer a sus hijos los depositaban ahí, los exponían, era una ley que se conocía como ius exponendi, que consistía en el derecho de los padres a aceptar o no al recién nacido en la familia, entonces los abandonaban para que alguien los adoptara. Pero esto difícilmente ocurría así, normalmente se los llevaban, si eran hombres para convertirlos en esclavos; y si eran mujeres, en prostitutas. Se llamaba columna lactaria pues era como una especie de humanidad pues iban mujeres a amamantarlos.

Cuando una eaclava tenía un hijo, este era de su amo y quienes estaban responsabilizados para aceptarlo en su familia, pero no para ser hijo (que podían suceder, pero era raro el caso) quien lo alimentaría, pero si lo mataba no había problema, no era mal visto, no era juzgado, tenía todo el derecho.

A los esclavos por un lado se les reconocía como humanos pero al mismo tiempo eran llamados res, que significa cosa o bien, es decir, eran considerados un bien que formaba parte del patrimonio del pater familia o sea que era valuado como dinero y susceptible a la venta. El alojamiento y la comida era muy inferior a la de los miembros de la familia. Carecían de personalidad jurídica, incluso en su muerte no tenían derecho de una lápida sepulcral y por eso a muchos sus amos mostrando su carácter «caritativo», en el día de su muerte los dejaban libres para que así sí tuvieran una lápida sepulcral, jejeje, de verdad qué ironía.

Se dice que a los esclavos se les podía poner una placa en donde se podía leer: «Retenme para que no me escape, y devuélveme a mi dueño» y se anotaba el nombre del dueňo y la dirección. Y esto me recuerda que estamos viendo la vida de Onesimo. Nos sabemos si llevaba tal placa pero si que era fugitivo.

Como podrá darse cuenta no tenían derechos y cualquiera los podía caputar si se fugaban y entregarlo a su amo. Era ilegal el encubrirlos y quien lo hiciese no podía alegar ignorancia en su defensa. Al ser recapturado podía ser maltratado y ejecutado según las leyes romanas. Si bien le iba había de ser azotado y encadenado, nada más. O ejecutado. Se dice que podía solicitar asilo al acogerse a la estatua del emperador, pero no era una ley y que muchos estaban en contra, se dice que Séneca lo consideraba ilegal.

El asunto es que a Onesimo le esperaba solamente el maltrato o la ejecución pública, sabemos que terminó bien la historia, a no ser porque medió Pablo por él.

Por su lado Filemon. A él le asistía la ley para castigar a su esclavo y no sería mal visto si hace valer su derecho. Sus demás compañeros pudientes de la región habrían de esperar que lo azotase o ejecutase, para sentar un presedente, para disuadir a otros eslavos a la revuelta. Si no actuaba Filemon facilmente podía ser acusado de traicionar al Estado romano y permitir las revueltas de esclavos. O sea que Filemon no podía perdonar, se tenía que cumplir la justicia, sabemos que terminó la historia bien a no ser porque medió Pablo.

Algo así sucedió con la historia de la salvación. Sobre nosotros pesaba una sola sentencia: ¡condenación! Teníamos una sola calidad: ¡culpables! Y no habíamos hecho nada por cambiar esa situación de culpables y de condenación. Dice que eramos aborrecedores de Dios (Romanos 1:30); aborrecedores de lo bueno (2 Timoteo 3:3); y eramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demas (Efesios 2:3). Y, por su lado, Dios que no nos podía perdonar. Tenía que hacer cumplir Su justicia, Su santidad había sido violentada, y requería un juicio y un castigo. Por su santidad es que Dios reacciona contra el pecado; por su justicia es que castiga el pecado; por su amor es que le ha dado una oportunidad al pecador; por su misericordia ha provisto una oferta de salvación; por su gracia es que es gratuito; y por su loganimidad es que se ha extendido hasta el día de hoy esa oferta. Nuestra historia terminó bien a no ser porque medió nuestro Señor Jesucristo, como está escrito: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:23-26) y: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2:5-6).

Dice Pablo que Dios puso, Dios colocó al Señor Jesucristo como propiciación por nuestros pecados. El Hijo apaciguó la ira que pasaba sobre nosotros soportándola por nosotros y eso lo hace nuestro mediador ante el Padre.

¡Oh qué Salvador es mi Cristo Jesús!
_¡Oh qué Salvador es aquí! _
Él salva al más malo de su iniquidad, y vida eterna le da(1).
De verdad, todos somos Onesimo.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.


(1) Letra del himno en inglés Fanny Jane Crosby; música: Wiliam James Kirkpratrick

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