¿QUÉ PARTE DE MANTENERSE EN ESE ESTADO NO SE ENTENDIO?

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EL TEMOR POR LA DUDA: ¿QUÉ PARTE DE MANTENERSE EN ESE ESTADO NO SE ENTENDIO?
Continuación de nuestra serie: HOMBRES DE POCA FE

     Le invito a que abramos nuestras Escrituras, en Mateo 14:30, para recibir la Palabra de Dios para nosotros:

«Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!»

     El versículo 29 termina diciéndonos que Pedro empezó a caminar sobre las aguas, «para ir a Jesús», «pero» —inicia nuestro pasaje— hay un cambio abrupto de su mirada, tanto del objetivo como de su firmeza, y que, por lo tanto, marcó el curso de la historia, ese cambio de mirada redireccionó al apóstol Pedro. Finalizabamos nuestra meditación anterior afirmando que Pedro no necesitaba ni nada y ni a nadie más, era él, su fe, su Señor; pero, también reconocíamos, sí necesitaba una actitud más y es mantenerse en ese estado, no debía de cambiar de dirección, de mirada.

     «Al ver el fuerte viento», o sea que ya no es el Señor Jesús el centro de su atención, ni su objetivo, ni su meta, ahora es el viento. Cuando su mirada estaba puesta en el Señor, no tenía tiempo para pensar en otra cosa y es cuando no tuvo miedo de los elementos de la naturaleza, ni las olas encrespadas, ni los vientos contrarios, ni lo debil de la embarcación, ni lo frágil del agua para andar; pero al ver el fuerte viento, es cuando Pedro ve su realidad, reconoce que él es débil (Salmo 39:4); que dónde caminaba, el agua, es débil, y fue como se desvaneció su fe, y al frágil barca estaba lejos de él.

     ¿Hacia donde volteó a ver Pedro? Algunos dicen que Pedro miró a sus compañeros, de ser así, se comparó con ellos sobre que ellos se quedaron en la barca y no se atrevieron a tener esa hazaña y, si es así, probablemente se preguntó de cómo estarían reaccionando ante su nueva habilidad, o sea que tuvo orgullo. De ser así, de volver la mirada a sus compañeros, perdió de vista a Jesús, y cuando volvió a buscar al Señor con la mirada, simplemente no lo halló, vio vientos contrarios y un turbulento mar, que amenazaba con tragarlo y que estaría complacido en cumplir ese su cometido. Pedro sin el Señor estaba perdido, solo segundos faltarían para hundirse.

     Es conjetura de que volteó a ver a sus compañeros, pero es probable, el asunto es que vio los vientos contrarios, al voltear a ver los fuertes vientos, dudo y ante la duda, flaqueó hasta sentirse hundirse pues no pudo sostenerse. Él, Pedro, no pudo sostenerse por sí mismo, debió de entender que su fortaleza para mantenerse firme es el Señor y no su propia fuerza. Y entonces el miedo lo invadió.

     ¿Conoce a un pescador que no sepa nadar? Pues este, con toda la experiencia en su oficio de toda la vida, sabía nadar, sabía cómo tratar situaciones así, pero ni aún él podía mantenerse controlado, leemos que «Comenzando a hundirse», con ocasión de esta tormenta, cuando concluyó que no tenía nada firme bajo sus pies, que estaba lejos de la frágil barca que también peligraba, que las olas seguirán atentando contra él —¿olas mas fuertes que antes o no había tenido tiempo de pensar que cuando tenía la mirada en el Salvador también eran tan fuertes los vientos como ahora, solo que ni se fijó y ni pensó en ello, por tener la mirada en el lugar correcto?— pero ahora correr a la barca le era imposible, como imposible era andar sobre las aguas sin mirar e ir a Jesús; solo nadar, pero ahora sería inútil intentar nadar hacia allá a la barca que estaba lejos; entonces, no tenía a dónde ir, solo tenía a Quien seguía ahí, Quien tenía adelante, es que Él no cambió de posición, de propósitos ni de poder.

     Entonces clamo al Salvador: «¡Señor, sálvame!». Entre todos sus errores es lo mejor que pudo hacer que, de todos modos, no tenía nada más que hacer, o clama al Señor o perecer. O se refugia en el Señor o se hunde. Pedro entendió muy bien esta lección, justo al siguiente día de este suceso, ya en tierra firme, luego de un sermón y todos sintieron dura esta palabra y decían : «¿quien la puede oír?» (Juan 6:60), leemos que Pedro vuelve a tomar el liderazgo y reconoció: «Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68). Pedro entendió, a nadie más podemos acudir, no necesitamos a nada ni a nadie más que al Salvador, pero si necesitamos otra actitud, mantenernos ahí.

     Salvador, a ti yo acudo, Príncipe de amor; solo en ti hay paz y vida para el pecador. Cristo, Cristo, tierno Salvador, mi humilde ruego escucha: ¡Sálvame, Señor! (Fanny [o Frances] Jane Crosby).

     Continuará, Dios mediante.

     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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