EL AFAN Y LA ANSIEDAD: PRIORIDADES, PARTE 1
EL AFAN Y LA ANSIEDAD: PRIORIDADES, PARTE 1
continuación de nuestra serie: HOMBRES DE POCA FE
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, esta vez en San Mateo 6:33, leemos la Palabra de Dios, en el Nombre del Señor Jesucristo:
«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas»
«Buscad primeramente», sentencia nuestro Amante Salvador. La palabra buscar es tener en la mira algo específico, de ahí que en un mal sentido se usa para atentar contra la vida de alguien, dice que viendo «David que Saúl había salido en busca de su vida» (1 Samuel 23:15); y también de ahí que, por hebraísmo, se usa para adorar a Dios, como Isaías 55:6 «Buscad a Jehová mientras puede ser hallado»; y este nuestro pasaje buscar el Reino de Dios, que denota, esmero, interés, por entrar primeramente y luego trabajar en favor del reino. Dice el Señor también que es de manera primaria. Que es número uno en tiempo, lugar y orden de importancia. Antes que hacer otra cosa, está el Reino de Dios y su justicia.
¿Qué es el Reino de Dios? Simplemente es el gobierno de Dios, la economía de Dios. Dios siempre ha gobernado en todo y es el soberano sobre todo y esto simplemente por ser el Creador de todo, por ejemplo, en el caso de la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan, dicen las Escrituras, «Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos» (Salmo 24:1). Ahora bien, tenemos que ser específicos en mencionar algunas economías de Dios, como el reino milenial, el reino eterno que son una manera específica de gobernar de Dios, y ahora hay un reino, una economía de Dios que es proclamada atraves (…) «de la iglesia, a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor» (Efesios 3:10-11), ese es el reino al que debe buscar primeramente y, luego de estar en él, servir en él. Es el que trajo el Señor Jesucristo y se goza en él y se proclama con el evangelio a todo hombre para que se arrepienta (Marcos 1:15); para que pueda entrar a él y disfrutar de él es necesario nacer de nuevo, el Señor se lo dijo a Nicodemo, como está escrito: «Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3) y tambien el versículo 5: «Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios». Tanto el ver como entrar pueden ser equivalente, pero también guarda una diferencia en el sentido que se entra, en el sentido de pertenecer; y se ve, denotando experiencia personal, del disfrute de las bendiciones que provee el mismo. A este reino se refirió el apóstol Pablo en Romanos 14:17 «porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo».
Cuando el Señor enseñó a orar: «Venga tu reino» (Mateo 6:10), el Señor nos enfatiza, no tanto del reino de la gracia, proclamado en esta dispensacion de la iglesia, sino al reino milenial y/o al eternal, pero para el cual este reino de la gracia prepara el camino y con el cual culmina (Mateo 25:31). De tal manera que es necio pedir que ya sea establecido el reino milenial y el reino eternal, si todavía estamos fuera de esta economía del Señor, fuera de la salvación. Si viene el Señor a establecer su reino y nosotros nos encontramos fuera del reino solamente juicio recibiríamos y no salvación (Mateo 25:32-46).
Las Escrituras son bien claras en indicar que el Reino le pertenece al Señor, se nos promete de que los reinos de este mundo finalmente llegarán a ser el reino del Señor (1 Crónicas 29:11-13; Salmo 110:1; Mateo 21:13) y el Nuevo Testamento, específicamente, proclama muy claramente que es el Reino de nuestro Señor Jesucristo (Hechos 2:34-36; Apocalipaiss 11:15). No hay contradicción alguna porque quién es soberano sobre todo es el Eterno, pero, repito, tiene diferentes economías de operar a lo largo de la historia; hoy es en la dispensación de la iglesia, es en la gracia; y próximamente en el milenial y luego el eternal.
Todo esto nos motiva a los creyentes a vivir vidas piadosas y a esforzarnos hasta el sacrificio para proclamar las buenas nuevas del reino (Hechos 20:24; 2 Timoteo 4:6-8). Lo que impera en la mente y en el corazón de todos los creyentes, los cristianos nacidos de nuevo, de todos los tiempos, debe ser la “esperanza bienaventurada y la manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13) y es lo que debe gobernar nuestras vidas para tener vidas piadosas.
Continuara, Dios mediante.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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