EL SEISMO DEL SEÑOR
EL SEISMO DEL SEÑOR
Continuación de nuestra serie: PAZ EN LA TORMENTA
Le invito a que abramos nuestras Escrituras, está vez en
Mateo 27:51-54, leemos la Palabra de Dios:
«Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»
Dejamos por un momento al mar de Galilea y nos ubicamos en el Golgota, de una tormenta en medio de la cual el Señor dormía plácidamente, a un lugar lleno de sangre, su propia sangre. De la proa del barco a la horrorosa, vergonzosa y cuenta cruz del calvario.
Ahí sucedieron muchas cosas interesantes que al leerlas siempre nos deja estupefactos cada vez más. Entre otras cosas, el Maestro murió y cuando murió, declara Mateo que el velo del templo se rasgo de arriba abajo y ¡LA TIERRA TEMBLÓ! pero no fue un temblor común y corriente, fue fuerte porque provocó que las rocas se partieran. La palabra griega que Mateo utiliza para describir que la tierra tembló es seío que es agitar, mecer, vibrar propiamente de lado a lado o de adelante para atras. Pero no fue un simple temblor, una agitación, en el versículo 54 dice que fue un terremoto. Veamos lo que nos dice el diccionario de palabras hebreas y griegas respecto a qué palabra usa Mateo para terremoto y si, si es la misma palabra que usó para describir la experiencia que pasaron en el mar de Galilea, seísmos es la palabra. Un sismo, un terremoto muy fuerte a tal apunto que provocó que las rocas se partieran y se abriesen los sepulcros. Lo de la resurrección de los muertos no fue por el terremoto, pero vemos lo tremendamente fuerte de este suceso.
La misma tierra resintió la muerte de su Creador, el Santo de los santos se estaba entregando, se le quitaba la vida al Mesías, más no por sí, declaró el profeta (Daniel 9:24, 26).
Cuando el Maestro se entregó por todos nosotros, hubieron dos reacciones, según nuestro pasaje, tanto del cielo como de la tierra, del ámbito realigioso y en la naturaleza, según leemos Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron (v.51).
El velo del templo, es decir, la cortina que separaba el lugar santo del santísimo (Cp. Éxodo 26:31-33; 2 Crónicas 3:14). Unicamente el sumo sacerdote podía entrar en el lugar santísimo, y eso, sólo una vez en el año y no sin sangre (Hebreos 9:7), aunque era sangre ajena (v.25) pero debía entrar con sangre pues sin derramamiento de sangre no se hace remisión (v.22). Pero el bendito Salvador, entregándose como el Cordero que Dios se proveyó, como está escrito: Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos (Génesis 22:8), derramaba su sangre —que es su vida— para remisión de nuestros pecados y, como nuestro Sumo Sacerdote, luego entró al Lugar Santísimo celestial con su propia sangre, pues leemos ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14).
Ahora bien, al desgarrarse el velo quedó expuesto el lugar que había sido hasta ese momento sacrosanto, que había sido impenetrable, sin acceso. Este velo representa su carne (Hebreos 10:20) desgarrado por nosotros para abrir el camino a Dios que vive en luz inaccesible (1 Timoteo 6:16). Así el cielo gritaba que la terminación del servicio simbólico había llegado, que lo que el Cordero de Dios había gritado, entre otras cosas: Consumado es (Cp. Juan 19:28,30) si había sido así, se había consumado, es que el símbolo se había encontrado con la realidad simbolizada; que era el punto exacto del cumplimiento entre la sombra y la realidad, fue la frontera del paso del antiguo pacto al nuevo. Quiero decir, ellos estaban viendo, viviendo y ejecutando el cumplimiento de la profecía. Esto ocurrió a la hora del sacrificio vespertino que regularmente celebraba el sacerdote, cuando este estaba a punto de degollar el cordero del holocausto diario. Leemos que fue como a la hora novena (Mateo 27:46), según el cómputo judío, y el nuestro cómo a las tres de la tarde.
Todo esto nos da a entender que, mediante su sacrificio, estaba dejando libre el acceso al Padre, como está escrito: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura (Hebreos 10:10-22).
Señala el evangelista que fue De arriba abajo. Esto indica que no lo hicieron manos humanas, que todo es iniciativa de Dios, que fue el plan de Dios, según leemos a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella (Hechos 2:23-24), es que, si Dios no busca al hombre, el hombre no busca a Dios; si Dios no ama al hombre primero, el hombre no hubiese aprendido a amar a Dios.
Y la otra reacción fue la de la tierra expresado en el terremoto, un sismo de tal magnitud que las rocas se partieron, era un seismo, pero que abarcó a toda la constelación, Lucas nos informa que, también sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad (Lucas 23:45), aunque la oscuridad se dió desde la hora sexta.
Ante tales portentos, los improperios de los sacerdotes que lanzaban al Señor que estaba crucificado, el de los mismos ladrones y, sobre todo, el carácter del Señor Jesús y sus respuestas, respuestas que denotaban dependencia al Padre —en tus manos encomiendo mi espiritu—; la interseción del Señor a favor ellos por el perdón de sus pecados —perdónalos porque no saben lo que hacen—; que con su sacrificio terminó con todas las demandas de Dios respecto del pecado, satisfaciendo la justicia de Dios —consumado es—; no cabe duda que fue la predicación del evangelio tamabien, una escena que representaba el gran odio del hombre fue el escenario para la predicación más grande de amor y esos mensaje hicieron que el centurión y otros más que estaban ahí custodiando al Señor, confesasen al Señor como el Hijo de Dios, como está escrito El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios (Mateo 27:54).
Hay un mensaje contundente para usted, caro amigo pecador, usted que está sin Cristo aún, el evangelio se le está predicando y Dios quiera que reconozca que todo este sacrificio fue en su favor, que el Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, que es el Mesías prometido, que le confiese como su Señor a fin de ser salvo. En la escena del calvario hubieron muchos salvos y los hemos habido muchos en todo este tiempo, entre usted también a la salvación.
Caro hermano en Cristo, celebre a su Señor, levante la mirada al cielo en agradecimiento por tan alto favor y busque agradarle siempre que se la mejor forma de agradecerle.
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón

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