LA LENGUA MURMURADORA, PARTE 2

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LA LENGUA MURMURADORA, PARTE 2
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     Le invito a abrir —o a encender—nuestras Escrituras, y así exponernos ante Los juicios del Señor que son Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado (Salmo 19:10). Lo volvemos a hacer en Judas 1:16. Dice la Palabra de Dios:

«Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.»

     En nuestra entrega anterior adelantamos a algunos elementos de este pecado a fin de poder definirlo y concepualizarlo, y notamos que es uno que habla bajito, de actuar sigiloso para no ser reconocido como murmurador, chismoso y problemático, siempre lo hace a espaldas de otro y en detrimento; y también vimos los peligros de tener a un murmurador entre un grupo.

     En nuestro texto leemos de estos, ¿quiénes son estos? El versículo 15 es bastante repetitivo para describirnos quienes son, cito: para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él (v.15) y luego estos son. Son los impíos, que hacen obras impias y que han hecho impiamente, o sea que su carácter, motivación y obras son impias. Entonces, si son descritos como impíos, que hacen obras impias y que su motivación es impiamente, ¿Qué son? Obviamente son unos impíos.

     En Jeremías 20:10-11 leemos: Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada. Vemos otras características de estos murmuradores, provocan temor por todas partes, porque por ser lengua larga—a decir coloquialmente —quien no va a temer a que lo metan en problemas, ya se cuida uno muy bien de lo que va a decir porque, de seguro, lo tergiversan, lo conponen, le añaden, hasta hiperbolizan o exageran, pues son denunciadores, son vengativos, engañadores, provocadores para que otros claudiquen. Pero no prosperarán, tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada. En Gálatas 5:20 notamos que las enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones son pecados propios de la carne, o sea, es lo que produce la carne y no el Espíritu, es propio de una vida que anda en la carne y no propio de uno que anda en el Espíritu o un creyente. En Romanos 1:30 dice que los hombres sin Cristo son murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, entre otros muchos pecados. En Juan 6:41-43 vemos que los que murmuraron contra el Señor Jesús son los judíos que no creían en el Señor Jesús. En Lucas 15:2 son los fariseos y escribas, no está demás recordar que eran los representantes religiosos y enemigos del Señor Jesús, de entre cuyos miembros, muchos de ellos, presionaron para que fuese crucificado despues.

     Pero los discípulos no nos escapamos de este pecado, según leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles 6:1: En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. Esto nos denota una inconformidad, pero los apóstoles intervinieron porque había una causa de esa murmuración y, por así decirlo, fue una causa justa, se proveyó para esa necesidad. No hay nada que justifique la murmuración impía, en detrimento de la reputación de alguien, pero muchas veces deviene de cosas que hacen falta y deben ser solucionadas.

     Pero el apóstol Pablo exhorta a todos los creyentes en contra de la murmuración impía, la que se hace como queja, a espaldas de otros y en el detrimento de su reputación, según leemos, Haced todo sin murmuraciones y contiendas (Filipenses 2:14) y el apostol Pedro también al decir: Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones ( 1 Pedro 4:9); es decir, si van a hacer algo háganlo de buena gana, como para el Señor, y no quejándose, no hablando mal de los demás, ni por contender con otros. De Pedro también aprendemos que la murmuración que yo pueda hacer contra otro, la voy a vencer siendo amable, tomando actitudes de bendición para otros —hospedando, por ejemplo— la palabra hospedar es una sinecdoque, es decir, no es solamente el acto de abrirle las puertas de nuestro hogar a alguien, sino que es una palabra en singular para describir un conjunto de acciones que vamos a tomar como proveerle a alguien los medios para una estancia placentera en dicho lugar, por eso le resumía que puedo y debo vencer la murmuración —el deseo de hacerle daño en su reputación a otro— con actos amables —como el ser hospedador de él, por ejemplo—.

     Y en 1 Corintios 10:10 se nos manda: Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

    Esto es fácil de entender, si es propio de los impíos ¿Por qué los creyentes debemos cuidarnos de no estar dentro de este pecado? ¿Por qué se nos manda a no tener murmuración? Porque hemos sido salvados pero no hemos sido glorificados aún. Y esa es la batalla nuestra, la batalla entre la carne y el Espíritu. Todo es asunto de a quién le vamos a obedecer y solamente nos entregaremos con complacencia o llevando cautivo a aquello que sean nuestra naturaleza, al Espíritu en el caso de nosotros los creyentes. De tal manera que si alguien es sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1) y esta es la murmuración, el chisme u otro pecado de la lengua y no le duele y sigue igual hasta ser repetitivo ese pecado en usted y sigue sin arrepentimiento, es bueno que piense bien si en realidad es creyente o no; si ha nacido de nuevo o no; porque del creyente, espera el Señor y Él no merece menos de nosotros, que se reproduzca en él las manifestaciones del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23) y si el creyente es sorprendido en alguna falta, espera el Señor que al ser redarguido, que se arrepienta de su pecado. Es que, al creyente el pecado es una realidad que lo atosiga y no algo que lo entretiene, de manera que no es cierto, en el creyente, aquel dicho que dice que el chisme no le gusta, pero lo entretiene.

     Le repito mi dicho mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar, que de hecho así será.

     Continuará Dios mediante

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón. 

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