LA LENGUA SOBREUTILIZADA, PARTE 3

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LA LENGUA SOBREUTILIZADA, PARTE 3
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     Volvemos a abrir nuestras Escrituras para presentarnos ante los Testimonios de Dios a efecto de exponernos ante Él y nos juzgue, la abrimos esta vez en Proverbios 25:8, en donde leemos la Palabra de Dios para nosotros:

«No entres apresuradamente en pleito, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado.»

     Ya nos pusimos de acuerdo que este pecado lo comete la lengua que dice demasiado, que descubre lo que no debe descubrir y esto a través del chisme que, generalmente, hace  que perpetue el pecado, porque haciendo esto se hace más difícil la solución del mismo. Ya consideramos el punto de la solución de conflictos, la entrega anterior sobre el problema del que descubre el secreto, y le ofrecí un tercero que no es de poca importancia, sino que es imperativo que lo atendamos, es necesario para nuestra paz, seguridad y el buen testimonio, a saber,

     ¿Qué debemos de hacer en el presente estado de cosas?

    Las consecuencias de descubrir el secreto e ir regando el problema por todos lados, son muy vergonzosas, traen desastres a la obra, a mi testimonio y evidencia mi estado espiritual que se evidencia en mi alitosis espiritual (V. 11). No está en discusión si es salvó o no, el Señor lo sabe y usted también; si si es salvó, tema porque el Señor lo va a traer a cuentas y disciplinarlo y Él sabe cómo; y si no lo es, tiemble, porque el Señor lo traerá a cuentas. El orden, el apóstol Pedro lo deja bien claro al decirnos que es necesario que el juicio empiece por la casa de Dios y luego con el impío y el pecador, en el momento que Él ya determinó (1 Pedro 4:17).

     El problema de quien padece de alitosis —hediondez de la boca— es que él no lo siente pero los demás sí; él no lo sufre pero quienes le rodean si sufren, y mucho, por el olor fétido que expele por su boca debido a su mal estomacal; según él, él está bien y no le importa ni se preocupa por el daño que está causando, pero lo causa y es desagradable estar delante de él y nadie puede departir tranquilamente con él en una tertulia amena sin sentir el asco que causa. Si, así es un chismoso, así es uno que anda poniendo en mal a los demás y pleiteando con todos. No es agradable, solo uno igual de alitoso espiritual que él, lo va a soportar pues son tal para cual, o ni entre ellos mismos se soportan su alitosis del alma.  

     Lo mejor que podemos hacer es seguir el consejo del versículo 8 y evitar los problemas desde un principio, le cito nuevamente y si nos lo podemos aprender y, mejor aún, vivirlo, haremos bien, No entres apresuradamente en pleito, no sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado. Atienda muy bien a mi siguiente principio: la mejor medida prudente es el peligro que se evita, y en este caso es el pleito.

    El texto dice: no entres apresuradamente en pleito, o alocadamente. Es una advertencia en contra de la nefasta actitud a pleitear, a pensar muy bien las cosas antes de actuar o hablar en contra de alguien. No significa que no va a defender un derecho, pero si es loable cuando cede sus derechos en pro de la paz y la armonía en la asamblea, con el firme equilibrio de que no es una constante de abuso. Lea lo que Pablo nos dice en 1 Corintios 6:7-8: Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. Es necesario tener un equilibrio en esto, porque Pablo no está prohibiendo acudir a un tribunal en cualquier asunto, sean civiles o por estar coartada su libertad, por ejemplo, como algunos mal interpretan desde el versiculo 1, en dónde los ancianos prohíben a sus feligreses acudir a un juzgado, me enteré de un caso de violación sexual, en dónde estaba bien identificado el violentador, pero sus ancianos prohibieron a los padres y a la muchacha que pusieran la denuncia, lo malo de estás malas interpretaciones y este caso en particular, es que se corre el peligro de que siga haciéndolo con otras mujeres más.

     Pablo se centra, más bien, en asuntos que pueden y deben ser resueltos de manera personal entre ambos litigantes o en la asamblea. La comisión de un delito debe ser ventilado en un juicio por la autoridad competente. Si Pablo estuviese mandando que, por ningún motivo podría un cristiano apelar a un tribunal terrenal, él mismo violento esa norma pues apeló al César (Hechos 25:11), que era el máximo tribunal del imperio romano, como escribe un autor desconocido: _»el emperador era la corte final de apelación de todos los tribunales subordinados en todo el imperio»_, y en Hechos 22:25-29 Pablo apela a la legalidad y cómo las leyes civiles lo protegían como un ciudadano romano.

     Más bien Pablo lo hace en el sentido que estamos tratando, que en aras de la paz, la armonía y el buen testimonio, en todo momento y a toda costar evitar las peleas, preferir sufrir el agravio o perdonar y, en ningún momento y desde ningún punto de vista cometer el agravio; mejor, como dice nuestro Maestro, al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa (Mateo 5:40); repito, con el equilibrio sano de que no es el abuso y manipulación la constante.

     El asunto es no entre en pleito con su compañero, es su compañero de milicia, es su compañero que puede velar por usted, que cuando usted se caiga, él lo pueda y deba levantar; o cuando espiritualmente se esté enfriando, él lo va a calentar (Eclesiastés 4:10-11). Pero qué sucede si por mi mal carácter o por chismoso o pleitista u orgullo, o por «x» o «y» razón o sin razón alejo a todos de mi, simplemente no es grata mi compañía por mi mal genio, ¿Quien me levantará? Pero ay del solo! —exclama el Predicador.

     Además, evitese los pleitos y su testimonio se lo va a agradecer, se lo aseguro. Cuando dice apresuradamente, es decir, sin razonar la situación, pues se pueden dar dos razones, a saber, 1) que no tenga razón; y, 2) que la tenga. Pero está última no le garantiza necesariamente la victoria en un tribunal. Entonces, dice el Señor Jesús, ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Cuando deja el agravio en manos del Señor, él se encargará de dar la paga, cómo sigue diciendo Pablo en 1 Corintios 6:8-9: *Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?…*. Entonces, usted no se metió en pleito, el Señor se encargó y su testimonio sigue intacto. ¿Cuántos hermanos, y ministros aún, que tienen mal testimonio por esto? Ya no son confiables en el ministerio.

     Cuando decide no entrar a pleito, no responder a las agresiones, no solo su testimonio se lo va a agradecer, también su paz. Es que, ¡Qué delicioso es andar en paz! Vivir tan poco en esta tierra bendita de Dios y vivir mal, vivir en guerra, vivir pleiteando. Entiendo que, quien está en Cristo, la mejor vida está por venir, pero esta vida es plataforma de cómo vamos a vivir en la eternidad. Una vida de injusto aquí, demuestra una vida de condenación allá, excluido del Reino de Dios; una vida como justos aquí que, entre otras evidencias, de amor al prójimo, de velar por la paz y armonía entre hermanos, será una vida en el Reino de Dios, en los cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (2 Pedro 3:13). De tal manera que si es injusto aquí no espere vivir en un lugar en donde mora la justicia, en dónde gobierna el Sol de Justicia, quien es llamado El Justo y sus habitantes llamados los justos. ¡De verdad, es delicioso vivir en paz y armonía!  

     Aproveche y obedezca la invitación del Señor a mirar la armonía entre hermanos y vigile por su cumplimiento, como está escrito: ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía, y termina el salmo, Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna (Salmo 133:1,3); y exhorte a los demás a ello, como está escrito: Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24). ¡Estas son las palabras dulces que debe de decir siempre, porque se las va a tragar! Y, mas vale que diga palabras dulces no se que se las tenga que tragar, No sea que no sepas qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado (Proverbios 25:8), esto aquí, porque en el juicio sí va a tener que tragarse las palabras amargas, de rencor, de irá, de animadversion que profirió contra su compañero, como está escrito: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36-37).

     ¿Caminamos caminante?
      Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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