LA LENGUA MALDICIENTE

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LA LENGUA MALDICIENTE
Continuación de nuestra serie: LOS PECADOS DE LA LENGUA

     En la continuación de nuestra temática, le invito a que abramos nuestras Escrituras en 1 Corintios 5:11, en donde leemos la Palabra de Dios para nosotros:

«Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis.»

     Dentro del listado de pecados que enumera Pablo y que no deben de tener parte entre la comunidad de creyentes, ni muchos menos que tendrán parte en el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-10) están pecados que involucra la conducta, es obvio en inician con el deseo; pero dentro de estos está uno que es de palabra y es el maldiciente.

      Os escribí. Expresión que está tiempo pasado, consideran algunos que probablemente por una carta anterior que Pablo envío y que está desaparecida (v.9, cp. 2 Corintios 10:9-20 las cartas, en plural), comparece también como traduce la Nueva Biblia Viva y otras «en mi carta anterior les supliqué que no se juntaron con gente inmoral»; y otros afirman U, “os escribo” que puede entenderse así también. Sea como sea, sabemos que Pablo tenía la costumbre de escribir a las iglesias y el Espíritu Santo conservó para nosotros estas dos a los Corintios.

    El asunto que se nos enseña es que los creyentes deben mantenerse enteramente separados de cualquier persona que afirma que es cristiana pero es culpable, entre otras cosas, de ser maldiciente. Con el tal ni aún comais, no cabe duda que es parte de su disciplina en una forma de decir no tiene comunión o es separado de la misma por ser culpable, esto por una situación bien práctica o entendible No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33).

     La palabra griega para maldiciente viene del vocablo loidoros que es pillo, canalla o maldiciente. Tiene una base que es loidós que es hacer travesura. Este es uno que tiene por costumbre maldecir o hablar mal de los demás (Diccionario en línea Oxford Lenguaje). Es quien desea el mal a los demás normalmente para que sean condenados por los demás.

     La Biblia de las Américas traduce la palabra como difamador. La Nueva Traducción viviente como el que insulta. Palabra de Dios para Todos como el que insulta a los demás. Reina Valera Contemporánea como insolente. Y la Biblia de Jerusalén como un ultrajador.

     Ya tenemos una idea de qué encierra o quién es un maldiciente. Es uno que habla mal de otros para que los demás lo condenen o uno que no habla correctamente de otros o delante de los otros, así como Dios ha mandado que hablemos, por lo menos, la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29), es el que maltrata o vitupera a otros.

     Entonces un maldiciente es uno que obra conforme a su naturaleza no regenerada, según leemos en Salmo 109:17: Amó la maldición, y ésta le sobrevino; y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. El salmista está describiendo a un hombre impío que no solamente no tuvo misericordia de su prójimo sino que amó la maldición, su deleite estaba en ella y por eso le sobrevino la maldición y de su vida la maldición misma se alejó. O sea que la maldición viene como el resultado que con su conducta el impio dicta sobre su propia vida.

     Ahora bien, los creyentes pueden caer en la maledicencia, que no es justificación, ni promoción a la misma, ni mucho menos un acomodamiento a la maledicencia, porque, por su naturaleza caída, es salvado pero no glorificado aún, puede caer pero no va a permanecer ahí, no va a ser ese su estilo de vida, sino que, como todo nacido de nuevo ama el hacer justicia (1 Juan 2:29). Pero el cristiano que cae al usar un lenguaje injurioso, debe ser puesto en disciplina (1 Corintios 5:9-13). La clave para entender esto es si es un estilo de vida, si es de una ocasión o si siempre actúa de esa forma.

     La tendencia natural de insultar al que insulta, vituperar al que vitupera, maltratar al que maltrata, ser despiadados con el malo, es algo directamente producto de la carne y totalmente opuesto al espíritu de Cristo, de quien leemos en las Escrituras: Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente (1 Pedro 2:21-23), definitivamente no es la manifestación del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23);  o sea que el creyente busca imitar a su Señor y por eso se somete al Espíritu Santo, por lo tanto debemos apartar toda palabra maldiciente de nuestra boca, y es necesario que controlemos y nos disciplinemos en nuestras palabras (Cp. Efesios 4:31; Santiago 3:10; 4:11). De hecho, el dominio propio es evidencia que el Espíritu Santo nos controla, el descontrol en nuestra vida y, entre ella, nuestras palabras, es evidencia que es la carne quien nos controla (Gálatas 5:19-21).

     Por eso, _»Mas vale que diga palabras dulces, no sea que se las tenga que tragar»_, no se olvide de esa mi sentencia.

     ¿Caminamos caminante?
     Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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