Buenso ciudadanos

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LA HERENCIA DE UN PADRE PIADOSO: BUENOS CIUDADANOS
Continuacion de nuestra serie: SAETAS EN MANOS DE VALIENTES

Como ciudadano entendemos, en términos prácticos, a una persona que ha nacido o que vive en una ciudad. Los cristianos tenemos doble ciudadanía, es decir, adoptamos una sin dejar la que ya teníamos de nacimiento. Es decir, en mi caso, soy 100% Chapín, hecho en Guatemala, pero Jesucristo es mi Señor y, por lo tanto, tengo la ciudadanía celestial, como está escrito: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (Filipenses 3:20). Esta ciudadanía se obtiene simplemente con nacer en una ciudad —como los gentiles en comparación a los israelitas, Efesios 2:12— o, según era tan cotizada la vida en esa ciudad comprándola por grandes sumas —como los magistrados respecto a su ciudadanía romana— pero Pablo dice: Yo de nacimiento (Hechos 22:28). En cambio la celestial es tan solamente recibiendo al Señor Jesucristo como Salvador y Señor, Pablo mismo nos dice que Él es el rey de esos ciudadanos. En este respecto es necesario instruir también a nuestros hijos. Leamos las Sagradas Escrituras:

«Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey».

(1 Pedro 2:17)

El apóstol nos presenta a cuatro grupos con los que nos relacionamos mientras dure nuestro peregrinar, a saber:

  1. Todos. No importa quien sea, ni el cargo que ostente, si tiene autoridad civil o no, o autoridad religiosa o no, todos deben ser objeto de nuestra honra. De respeto, de amor, de que se le considere de peso, de valía, objeto de nuestro bien. Claro que en cuando a dar beneficios debe empezar con lo primero, obviamente, proveer para los suyos (1 Timoteo 5:8); a la familia de la fe (Galatas 6:10); Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. Pero todos deben ser objeto de nuestra honra. Todo ciudadano terrenal o conciudadano muestro. El vecino, el locatario, el marchante, el profesor, incluso el ateo, el católico, el mormón, respételo. ¿Y los hermanos? Mayormente.
  2. Amad a los hermanos. Claro que si, o como dice Pablo: mayormente. La palabra Amad (al igual que los otros imperativos de honrar y temer, puede traducirse como seguid amando, con la idea de continuidad). O sea que la iglesia tiene una obligación benefactora con todos los hombres, empezando con la predicación del evangelio y otras obras más en su misión evangelizadora, pero en primer lugar con sus miembros. No es posible servir a otros teniendo en desorden la casa.
  3. Temed a Dios. Esto sobre todas las cosas. El es nuestra autoridad quien nos manda a hacer lo otro, es nuestro modelo de moralidad, es quien ha fijado las reglas y se ha reservado para sí mismo las prerrogativas de como debemos de vivir, simplemente por ser el Hacedor (Salmo 24:1:2), y en el caso de los salvados, por ser nuestro Salvador.
  4. Honrad al rey. ¿Al tirano? ¿Al que estuvo persiguiendo a la iglesia? ¿Acaso no lo supo el apóstol Pedro que hace tan tremenda aseveración? En 1 Pedro 2:18 dice respecto de los siervos con los amos: Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. Entonces no es en torno a si son autoridades buenas o no, sino por el cargo que ostentan, son representantes del Estado, son autoridad y el Señor desea el buen orden de la sociedad y por eso pone a la autoridad.

El ser un buen ciudadano no es solamente si su selección juega y portar la camisola por las calles, ser el hincha más gritón y bullicioso que haya y hasta pelea y llora si pierde, y se emborracha sea que gane o pierda, no, eso es ser tonto, nada que ver. Un buen ciudadano es aquel que quiere que su país sea el mejor, por eso él se esfuerza en ser mejor. En los tiempos antiguos, las personas tenían tanto orgullo por pertenecer a una ciudad estado, que querían que su ciudad estado sea la mejor del imperio romano que ellos mismos se ofrecían a ser servidores públicos ad honorem, de por ahí viene la expresión, persona que ocupaba un cargo de manera honoraria, literalmente significa «para honor» y se empleaba para referirse a «un cargo o un ocupación meramente honorífico», pero tiene el sentido también de sin retribución, por solo la honra. De tal manera que ellos mismos ponían de sus bienes con tal de servir y mejorar a su ciudad Estado, Pablo toma esa idea en 2 Corintios 12:15, al decir: gastaré de lo mío.

Un buen ciudadano era entonces aquel funcionario que en el ejercicio de sus funciones públicas, no sólo no cobraba, sino que ofrece de sus mismos bienes para mejorar su ciudad y mucho menos, no se enriquecía tomando de manera ilegal de las arcas del estado.

También un buen ciudadano es aquel que paga sus impuestos, aunque no ser un funcionario, según leemos en Romanos 13:7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra; es una que se somete a las autoridades (Romanos 13:1-7). Entonces, un buen ciudadano, no atenta contra sus mismos conciudadanos, busca el orden público, busca servir y aún gastar de lo suyo, paga sus impuestos, no hurta y menos roba. Y es bueno instruir a nuestros hijos en cuanto a esto, pero el ejemplo es la mejor dirección, no se olvide. Sea usted un buen ciudadano, mientras dure su peregrinar, que su país se lo agradecerá; sus hijos lo imitarán; y su Dios lo bendecirá.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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