Un sabio cuida muy bien su aliento, no padece de halitosis

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UN SABIO CUIDA MUY BIEN SU ALIENTO, NO PADECE DE HALITOSIS
Continuación de nuestra serie: COMO SABIOS Y NO COMO NECIOS

El Salomón usa el símil de una manzana de oro con figuras de plata para describir las palabras dichas como conviene (Proverbios 25:11); o sea que son de alto valor (oro y plata) las palabras de los sabios, dichas como deben decirse. De manera que la halitosis de la que se cuida todo sabio es de su estado espiritual. Leamos sobre la siguiente actitud de todo sabio, que es, a saber, lo que sale de su boca.

«hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo».

(Efesios 5:19-20)

En una lectura sencilla del texto, en su estructura, se nota la diferencia entre los pasajes que forman su contexto anterior inmediato; el apóstol ha usado verbos imperativos como mirad (v. 15), no seáis (v. 17), sed (v. 18), incluso los posteriores como sometemos, estén, amad, no provoqueis, obedeced, haced, vestíos, etcétera. Verbos que tienen la forma de un mandato; en cambio este nuestro pasaje de hoy es, más bien, una consecuencia de lo que ha dicho. Sería una primer consecuencia de la llenura del Espíritu. Y tiene que ver con todo lo que sale de la boca del sabio, tiene que ver con su aliento, si es fétido o agradable, si es como olor a manzana – a decir de Salomón- o como manzana pero podrida junto con toda bazofia, entonces, tiene que ver con sus palabras.

El Señor Jesucristo dijo: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:34-37 Cp. Lucas 6:45). Y, también: Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es el. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo (Proverbios 23:7). Vemos que la lengua indica mucho de nuestro estado interno, sea en el ambito material o espiritual, notamos que los médicos cuando atienden a un paciente, le examinan los ojos, le toman la temperatura y, entre otras cosas, le revisan la lengua y a partir de ahí pueden irse dirigiendo a algún posible mal interno. Así son nuestras palabras, descubren lo que hay en el corazón. El corazón malo hablará cosas malas, Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mateo 15:19), en este caso será un aliento peor que un borracho a la mañana siguiente, después que ha participado la noche anterior en una bacal comiendo comida chatarra y emborrachandose; pero, por el contrario, el corazón saneado con la sangre del Cordero hablará cosas buenas, pues será una palabra sazonada con gracia, como se nos está mandado: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno y: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29).

Pero ¿cómo es el corazón de un sabio? -por corazón entiéndase los pensamientos, sentimientos, voluntad y, aún, la conciencia del hombre-. Declaran las Escrituras que se conoce en lo que el habla, canta y actúa. Por lo menos lo vemos en tres áreas, a saber:

• Sus platicas informales. hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales.
• Su conducta en el culto público. cantando y alabando al Señor en vuestros corazones
• Su actitud cotidiana ante el Señor. dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Y todas estas tienen que ver con sus palabras y estas respaldadas por sus acciones. Pero el creyente que es negociante – dirá alguien-necesita hablar de su producto que vende, el no se va a poner a recitarle a su cliente el salmo 91 mientras realiza su venta; es cierto, debemos ser prácticos, pero no es ese el sentido, es decir, todo lo que dice y hace debe estár regulado por la palabra de Dios, por ejemplo y a propósito de ese mi ejemplo de aquel sabio que es negociante, toda su platica y su negocio debe estar regulado por Efesios 4:28

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad, entre otros pasajes. Lo que quiero decir es que toda la escritura va a regular sus palabras y sus acciones. Y esa es una forma de alabanza al Señor también. También puede tener el sentido de que su vida de adorador debe reflejarse en su trato a los demás. Y así mismo en su conducta en el culto, ante los ministros, ante sus consiervos, ante su familia, etcétera. Y de la misma manera, su actitud ante el Señor debe ser en todo tiempo y ante toda circunstancia. Esto se remacha pues Pablo nos dice: en vuestros corazones, que desde su interior.

O sea que un sabio consume biblia, habla biblia y hasta transpira biblia.

¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.


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