Algo curioso, la palabra Calvario no aparece en la Biblia
Algo curioso, la palabra Calvario no aparece en la Biblia
Entonces, ¿Por qué usamos la palabra Calvario, si no aparece en la Biblia? Tanto en nuestras predicaciones como en nuestro himnario usamos dicha palabra y aún en nuestras conversaciones seglares. Solemos decir en las predicaciones «su sacrificio en la cruenta, dolorosa y vergonzosa cruz del Calvario» o «en el Calvario». Y también cantamos: «En el monte Calvario había una cruz» o «la cruz del Calvario hoy puedo yo ver»; o: «al Calvario en Espíritu vinimos oh Señor»; también: «allá en el Calvario donde Jesús murió en una cruz pesada su sangre derramó». En la actualidad la palabra «Calvario» la utilizamos metafóricamente para hablar de aquellas circunstancias adversas de grandes penalidades que puede pasar alguien. «esto es un Calvario para mi» o «estoy en un Calvario» o «esto es es mi Calvario» para referirse a alguien o algo que nos causa gran dolor y pesar.
Se dice que, etimológicamente dicha palabra, proviene de un vocablo latín que es calvarium que literalmente significa «conjunto o acumulación de calaveras», esto por el lugar en donde se abandonaban los cuerpos insepultos de los condenados; en el uso que le damos, se refiere al lugar en donde fue muerto el Señor Jesús. Se dice que los Padres de la iglesia en sus homilías y escritos, siempre sustituían la palabra Gólgota por Calvario, para calcar esta; y así fue como se generalizó su uso.
Los cuatro evangelistas están de acuerdo en que el Señor fue llevado y crucificado en «el lugar de la Calavera» (Mateo 27:33; Marcos 15:22; Lucas: 23:33; Juan: 19:17). Es Marcos quien nos informa que es una traducción y es Juan quien nos dice que su nombre en hebreo es Golgota. Se dice que Golgota literalmente significa cráneo.
Su ubicación, según las Escrituras, es no lejos de las murallas de Jerusalén, pero fuera del recinto de la ciudad (Juan: 19:17, 20; Mateo 27:33; Marcos 15:22; Hebreos 13:12). Leemos también por los evangelistas que, en el mismo lugar había un jardín privado y un sepulcro en que estuvo tendido el cuerpo de nuestro amante Salvador, Cristo Jesús, hasta su resurrección (Juan 19:41-42).
No está mal utilizar la expresión «Monte Calvario», porque es altamente entendible para nosotros y los inconverso que se refiere al lugar que escogieron para crucificar al Señor Jesucristo, no se pierde el sentido del mensaje, aunque bíblicamente es apropiado decir el Gólgota o el lugar de la calavera.
En cuanto a la ubicación de lo que llaman: «la iglesia del Santo Sepulcro», los expertos no se ponen de acuerdo y hay muchas dudas que las verdaderas localidades del Calvario y del sepulcro sean las que ocupan la misma, este es un vasto edificio hecho al norte del monte Sión, dentro de la ciudad moderna, construido en el sitio que se fijó en el año 335 d.C. por la emperatriz Elena, la madre de Constantino, siendo concubina de Constantino I Cloro; cuentan los historiadores que durante una peregrinación que hizo a Israel encontró la ‘Vera Cruz de Cristo’ y atendiendo a un pretendido milagro, se dice que encontraron tres cruces y tres enfermos se acercan a ellas, uno tocó una cruz y no pasó nada, otro se acercó a otra cruz y tampoco pasó nada y un tercero se acercó a la otra cruz que faltaba de tocar y se sanó; muchos dudan de esta historia. La localización del Calvario, que parece corresponder mejor a la descripción de los textos bíblicos, es la del llamado «Calvario Gordon», lo de Gordon es por Charles Gordon, un general británico que la descubrió a finales del siglo XIX. La gran mayoría de los estudiosos protestantes se adhieren a esta localización geográfica, ya que aclara los textos bíblicos, y además por el hecho de que la basílica que la madre de Constantino levantó fue edificada sobre las ruinas de un templo pagano.
Sea que la hayan encontrado o no, sea que una de las dos ubicaciones es la correcta o ninguna, sea verdad el milagro de Elena de Constantinopla o no, es irrelevante, nada cambia que en el Gólgota se cambió la historia de la humanidad, que bien se dice antes de Cristo y después de Cristo, pero más que afectar las fechas, ahí se llevó a cabo la batalla más grande y se logró la victoria más grande, la escena más sangrienta que se ha podido ver, en donde se podía percibir el odio de los hombres hacia su Dios y Creador, pero en la escena se percibía el gran amor de Dios a los hombres; en donde se humilló el Grande despojándose a si mismo, para hacer crecer al pecador que creyese en él. La cruz de Cristo, así como evidencia la depravación del hombre, a tal punto que el Hijo de Dios debió sacrificarse por los pecadores; también nos evoca su gran amor, su santidad, su justicia, su misericordia.
El apóstol Pablo dijo: Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:14-15). O sea que si él entregó todo por mi, justo es que entregué mi todo por él, como escribió E. E. Van D de Edwards en su famoso himno Clavado en Cruz:
«No puedo más me entrego hoy,
sin más tardar a ti me doy».
¿Caminamos caminante?
Suyo en Cristo Jesús, su hermano y amigo, Erick Solís Girón.

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